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Mano de obra haitiana en Punta Cana (OPINION)

Mano de obra haitiana en Punta Cana (OPINION)
  • Publishedfebrero 8, 2026

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El autor es asesor inmobiliario

Punta Cana no se ha levantado solo con inversiones, planos y maquinaria. Detrás de cada edificio, cada hotel, cada residencial y cada proyecto turístico que hoy admiramos, hay miles de manos que han trabajado día tras día bajo el sol, el polvo y la presión de los cronogramas. Comprender cómo funciona esa fuerza laboral, quiénes la integran, cómo ha evolucionado en los últimos años y qué retos enfrenta hoy el sector construcción, es fundamental para entender el verdadero rostro del desarrollo en esta región.

Durante los últimos cuatro o cinco años, Punta Cana ha vivido uno de los ciclos de construcción más intensos del país. Hoteles, apartamentos turísticos, villas, plazas comerciales, proyectos de renta corta e infraestructuras han transformado el paisaje a un ritmo acelerado. Ese crecimiento ha sido posible gracias a la combinación de inversión privada, demanda internacional, confianza en el destino y, sobre todo, disponibilidad de mano de obra.

En ese proceso, la participación de trabajadores haitianos ha sido una realidad constante, especialmente en las etapas más exigentes de la obra: movimiento de tierra, estructura, bloques, pañete y vaciados. En muchas construcciones, esa mano de obra representa una parte muy significativa del personal durante las fases iniciales.

Esto no ocurre por casualidad.

La realidad es que muchos dominicanos no se sienten atraídos por esos trabajos debido a su dureza física, a las condiciones climáticas y al nivel de exigencia. Ante esa situación, el sector ha recurrido históricamente a trabajadores extranjeros, principalmente haitianos, dispuestos a asumir esas tareas.

Gracias a ello, numerosos proyectos han podido avanzar, cumplir cronogramas y mantenerse dentro de presupuestos razonables. Sin esa fuerza laboral, gran parte del desarrollo inmobiliario del Este habría sido más lento, más costoso y, en algunos casos, inviable.

Ese es uno de los principales efectos positivos.

La mano de obra haitiana ha contribuido directamente al crecimiento de Punta Cana como destino turístico e inmobiliario. Ha permitido entregas oportunas, costos competitivos y continuidad en la ejecución de obras. También ha facilitado el desarrollo de pequeños y medianos proyectos que, sin ese soporte, difícilmente se habrían materializado.

Pero esta realidad tiene una segunda cara que no puede ignorarse.

Una parte importante de esta fuerza laboral opera en condiciones de informalidad. Muchos trabajadores no cuentan con contratos formales, seguridad social ni estabilidad. Esto los hace vulnerables y, al mismo tiempo, debilita la institucionalidad del sector.

Además, se ha creado una dependencia estructural.

Hoy, cualquier alteración significativa en la disponibilidad de esta mano de obra se traduce en retrasos, aumento de costos y conflictos operativos. Y es precisamente aquí donde entran en juego las políticas migratorias y los operativos de control.

En los últimos años, el fortalecimiento de la aplicación de las leyes migratorias y las redadas para detener a trabajadores indocumentados ha tenido un impacto directo en el sector construcción, especialmente en Punta Cana.

Cuando se intensifican estos operativos, muchas obras experimentan reducciones repentinas de personal, ausentismo masivo, retrasos en vaciados, paralización de brigadas completas y reprogramaciones forzadas. Esto afecta cronogramas, contratos y costos financieros.

No se trata de cuestionar la necesidad de aplicar la ley. Todo país soberano tiene el derecho y el deber de regular su frontera y su mercado laboral.

El problema surge cuando esa aplicación no va acompañada de mecanismos ordenados de regularización, permisos temporales de trabajo y coordinación con los sectores productivos.

En ausencia de esos mecanismos, se crea un efecto de incertidumbre permanente.

Muchos trabajadores viven con temor constante, los empleadores pierden estabilidad operativa y los proyectos se vuelven más vulnerables. En algunos casos, las obras continúan, pero con menor productividad y mayor presión sobre el personal restante.

Otro efecto negativo es la presión sobre los salarios y las condiciones laborales. La abundancia de mano de obra informal, combinada con la inseguridad migratoria, distorsiona el mercado y favorece prácticas irregulares. Esto afecta tanto a haitianos como a dominicanos.

Porque el problema no es el origen del trabajador.
El problema es la informalidad y la falta de orden.

En cuanto al trabajador dominicano, su presencia sigue siendo mayoritaria en el sector, pero se concentra principalmente en áreas técnicas, supervisión, terminaciones, electricidad, plomería, transporte y administración de obras. Muchos han optado por alejarse de los trabajos más pesados, buscando mayor estabilidad o mejores oportunidades.

Ese vacío ha sido llenado por la mano de obra extranjera.

En los últimos años, el sector ha atravesado diferentes etapas: recuperación postpandemia, expansión, prudencia financiera y desaceleración. En todos esos escenarios, la presencia haitiana se mantuvo como un componente esencial.

Esto confirma que no se trata de un fenómeno temporal, sino estructural.

La verdadera pregunta, entonces, no es si esta mano de obra debe existir. Ya existe. Ya es parte del sistema productivo.

La pregunta es: ¿cómo la organizamos?

República Dominicana necesita avanzar hacia un modelo donde:

  • Existan programas de regularización laboral
  • Se emitan permisos de trabajo funcionales
  • Se fortalezcan los controles formales
  • Se garantice seguridad social
  • Se promueva la capacitación
  • Se dignifique el empleo en construcción

Al mismo tiempo, es necesario incentivar a más dominicanos a integrarse al sector con mejores condiciones, estabilidad y proyección profesional.

La construcción no puede seguir siendo vista como un empleo sin futuro. Es una industria estratégica para el desarrollo nacional.

En Punta Cana, esto es aún más evidente.

Cada apartamento, cada villa, cada hotel y cada plaza representa inversión, turismo, empleo y reputación país. Pero también representa responsabilidad.

Responsabilidad con los trabajadores. Responsabilidad con los inversionistas. Responsabilidad con el desarrollo sostenible.

El crecimiento no puede construirse sobre improvisación.

Debe construirse sobre orden, legalidad y visión.

La mano de obra haitiana ha sido, y sigue siendo, una pieza clave del desarrollo inmobiliario del Este. Negarlo es desconocer la realidad. Pero convertir esa realidad en un sistema formal, humano y eficiente es el gran reto pendiente.

Si logramos ese equilibrio, el sector seguirá creciendo con solidez.

Si no, seguiremos avanzando… pero sobre terreno inestable. Y en bienes raíces, todos sabemos lo que ocurre cuando se construye sobre bases débiles.

jpm-am 

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