Iglesia Católica cuestiona desigualdad y llama a justicia social
Santo Domingo.– En un ambiente de recogimiento propio del Viernes Santo, el tradicional Sermón de las Siete Palabras volvió a convertirse en un espacio de denuncia y reflexión crítica sobre la realidad dominicana. Desde la Catedral Primada de América, sacerdotes y religiosas alzaron la voz frente a lo que describieron como profundas desigualdades sociales, injusticias estructurales y una preocupante desconexión entre el poder y las necesidades del pueblo.

La ceremonia, celebrada este viernes 3 de abril de 2026, reunió a cientos de fieles que escucharon con atención las meditaciones de las siete frases pronunciadas por Jesucristo en la cruz. Sin embargo, más allá del simbolismo religioso, el mensaje estuvo claramente anclado en la realidad cotidiana del país.
El padre Francisco Benito Alvarado abrió las reflexiones con la Primera Palabra: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Su intervención giró en torno al perdón, pero no eludió una de las problemáticas más sensibles: la violencia de género. Habló de familias marcadas por el dolor y cuestionó la falta de respuestas eficaces ante una problemática que sigue cobrando vidas.
Por su parte, el padre Mario de la Cruz Campusano asumió dos momentos clave del sermón: la Segunda y la Sexta Palabra. En ambas intervenciones insistió en la necesidad de una conciencia social más activa. Sus palabras apuntaron directamente a la desigualdad salarial y a la exclusión de amplios sectores que, según dijo, permanecen al margen del desarrollo económico.
La jornada estuvo encabezada por monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, arzobispo coadjutor de Santo Domingo, quien cerró el acto con un llamado a la equidad y a la responsabilidad colectiva. Su mensaje subrayó el sacrificio silencioso de los más pobres y la urgencia de construir una sociedad más justa.
Las tres religiosas que participaron en la lectura aportaron una mirada complementaria, enfocada en la protección del medio ambiente, el rol de la mujer y la justicia social. Sus intervenciones reforzaron una de las líneas más contundentes del sermón: la crítica al modelo de desarrollo que, según señalaron, prioriza intereses económicos por encima del bienestar humano y ecológico.
Uno de los temas más sensibles fue la crisis ambiental. Los expositores cuestionaron el concepto de “minería responsable” y advirtieron sobre el impacto de la explotación de recursos naturales. Denunciaron la contaminación de ríos y la degradación de ecosistemas, señalando a grandes empresas como actores clave en este deterioro.
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También hubo espacio para interpelar directamente a las autoridades y al sector empresarial. El mensaje fue claro: la construcción de una sociedad más equitativa no puede seguir postergándose. Se criticaron políticas públicas que, a juicio de los religiosos, favorecen a grupos reducidos mientras amplían la brecha social.
A lo largo del sermón, la palabra “justicia” se repitió como un eje transversal. No solo como reclamo, sino como horizonte posible. En medio de diagnósticos duros, también se habló de esperanza: una esperanza que, según los expositores, debe traducirse en acciones concretas y compromiso ético.
Fiel a su estructura tradicional, el Sermón de las Siete Palabras mantuvo su formato litúrgico, pero volvió a demostrar que, más allá del rito, sigue siendo un espejo crítico de la sociedad dominicana. En esta ocasión, el mensaje no dejó espacio para la indiferencia.








