Derrocaron gobiernos, acapararon la atención de los medios de comunicación mundiales y se abrieron paso hasta el primer plano de la escena política en países de todo el Sur Global.
Pero seis meses después de que las manifestaciones masivas sacudieran Nepal, Madagascar y Marruecos, ¿cuántas de las reivindicaciones defendidas por estos manifestantes hiperconectados de la «Generación Z» se han cumplido?
FRANCE 24 analiza el historial de los movimientos juveniles que impulsan el cambio en sus países y revisa si han logrado situar sus reivindicaciones en la agenda política.
Esperanza de un cambio real en Nepal
Fue una historia de éxito de la Generación Z. Tras la espectacular caída del Gobierno de KP Sharma Oli, Balendra Shah, de 35 años, se convirtió la semana pasada en el primer ministro más joven de la historia del país himalayo.
Sudan Gurung, otra figura influyente del movimiento de protesta, también fue nombrado ministro del Interior.
El nuevo primer ministro de Nepal, conocido popularmente como «Balen», es un exalcalde de Katmandú y rapero experto en redes sociales que se introdujo en la política como una voz crítica contra la corrupción.
Se ganó un gran número de seguidores entre los jóvenes hartos del estancamiento institucional de larga data del país y de las élites políticas arraigadas.
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La primera medida de Balen como primer ministro fue actuar con base en un informe de una comisión que investigaba la sangrienta represión de las manifestaciones masivas del año pasado, en el que se pedía que se procesara a los responsables de la represión.
El ex primer ministro Oli ha sido puesto bajo custodia policial, al igual que el exministro del Interior del país.
Pero Balen mantiene al país en vilo con respecto a sus planes para reactivar la economía en declive, hacer que el Gobierno rinda más cuentas, combatir la corrupción y redistribuir la riqueza del país, unas reivindicaciones clave del movimiento de protesta que aupó al rapero al poder.
«No concede muchas entrevistas; en ese sentido, no inspira mucha confianza», afirmó Feyzi Ismail, profesor de política global y activismo en la Universidad Goldsmiths de Londres.
«Pero realmente necesita presentar un plan de acción muy claro sobre lo que va a hacer para abordar estas cuestiones de forma concreta, como la crisis de desempleo que empuja cada día a casi 2000 nepalíes a abandonar el país para trabajar en el extranjero», agregó Ismail.
El joven primer ministro asume el cargo en un momento difícil para el país. La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha disparado los precios de la energía y ha afectado a los ingresos de los trabajadores migrantes nepalíes que envían remesas desde Oriente Medio.
El agravamiento de la crisis climática también supone un grave desafío para este pequeño país del Himalaya, vulnerable como es a las inundaciones y los deslizamientos de tierra.
Derrotados en las urnas en Bangladesh
Los estudiantes que lograron derrocar al Gobierno de Sheikh Hasina en 2024 aportaron una auténtica sensación de renovación al panorama político durante las elecciones legislativas de febrero.
Transparencia Internacional Bangladesh informó de que el 28% de los candidatos tenía menos de 44 años. Pero fue el veterano Partido Nacionalista y su promesa de restaurar la estabilidad en todo el país el que obtuvo una victoria aplastante.
«Creo que el movimiento de la Generación Z, si se le puede llamar así, capturó un momento y parece reflejar algunas aspiraciones de los jóvenes», dijo Ismail. «No quieren el statu quo, y eso es importante, porque realmente reflejaba en gran medida lo que la gente pensaba y lo que estaba bullendo bajo la superficie de la sociedad. Pero eso es muy diferente de tener un compromiso real con la política y los programas políticos».
Aunque las reivindicaciones de los manifestantes marcaron en gran medida el curso del debate público, los partidos políticos liderados por miembros del movimiento juvenil tuvieron dificultades para convertir ese impulso en éxitos electorales.
«Los resultados de las elecciones de febrero de 2026 sugieren que, aunque las protestas transformaron la agenda política, los actores políticos establecidos conservaron ventajas estructurales en el ámbito electoral», escribió Imran Ahmed, investigador del Instituto de Estudios del Sur de Asia de la Universidad Nacional de Singapur.
«Los buenos resultados de un partido consolidado como el Partido Nacionalista de Bangladesh sugieren que existe confianza en los actores con experiencia organizativa y capacidad de gobierno», añadió el experto.
‘Gen Z 212’ bajo presión en Marruecos
Entre detenciones y acoso judicial, los activistas de la Generación Z de Marruecos se ven acosados por todos lados. Varias figuras clave del movimiento, surgido en septiembre del año pasado, así como personas que lo apoyan, han sido detenidas en las últimas semanas.
El 29 de marzo, el rapero marroquí Souhaib Qabli, de 20 años, fue condenado a ocho años de prisión y a una multa de 1.000 dirhams (2.725 dólares) por «desacato a una institución constitucional» y «difusión de información falsa».
En realidad, Qabli fue detenido por unas letras en las que denunciaba la corrupción entre la élite gobernante del país y criticaba la decisión de Rabat de normalizar las relaciones con Israel. Es el tercer rapero considerado cercano al movimiento de protesta que ha sido detenido desde que estallaron las manifestaciones.
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Un mes antes, Zineb Kharroubi, miembro del colectivo Gen Z 212 France, formado por miembros de la diáspora marroquí, fue detenida a su llegada a Marrakech por «incitación a cometer delitos en Internet».
«Hemos contabilizado más de 5.000 detenciones, y 2.000 personas siguen en prisión. Las familias tienen miedo de salir a la calle, porque hacerlo podría acarrear penas más severas para sus seres queridos», afirmó Hakim Sikouk, presidente de la sección de Rabat de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos.
«Las autoridades han tomado medidas realmente duras contra el movimiento. Hoy en día, se encuentra en estado de muerte clínica», explicó Sikouk.
El movimiento juvenil sigue esperando a que el Gobierno cumpla las promesas que hizo —luego de tres semanas de protestas callejeras— de aumentar el gasto social, crear nuevos centros médicos y renovar 90 hospitales.
El sector sanitario del país se convirtió en el foco de la ira pública en Marruecos, un país azotado por una desigualdad cada vez mayor.
En septiembre de 2025, la muerte de ocho mujeres que habían acudido a dar a luz al Hospital Hassan II de Agadir fue la chispa que desencadenó una oleada de furia en todo el país, llevando a miles de manifestantes a las calles.
Madagascar en vilo
En la isla más grande del océano Índico, la juventud de Madagascar se mantiene alerta. El nuevo Gobierno nombrado el 25 de marzo ha sido recibido con escepticismo por el movimiento de la Generación Z que allanó el camino para la destitución del presidente Andry Rajoelina en octubre.
No es difícil entender por qué: ninguna de las figuras del movimiento de protesta ha sido nombrada para el Gobierno, mientras que la mayoría de los ministros de la administración anterior siguen en sus puestos.
El líder interino del país, el coronel Michael Randrianirina, cuya unidad del ejército respaldó a los manifestantes, se ha comprometido a celebrar elecciones a finales de 2027 y es una figura muy respetada.
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Randrianirina ha hecho de la lucha contra la corrupción su lema desde que asumió el poder el año pasado, llegando incluso a someter a los ministros de su gabinete a pruebas obligatorias de polígrafo.
«Tiene una reputación de integridad que atrae a muchos. Dicho esto, no se trata de un respaldo ingenuo: todo el mundo se mantiene cauteloso, porque el mero hecho de nombrar a alguien con un programa anticorrupción para dirigir el Gobierno no garantiza que se vaya a aplicar una política anticorrupción», afirmó Ketakandriana Rafitoson, profesora de Ciencias Políticas, investigadora de la Universidad Católica de Madagascar y miembro de Transparencia Internacional.
«En Madagascar, mucha gente —incluidos los jóvenes— cuestiona hoy en día la propia noción de una ‘refundación’, porque aún estamos muy lejos de ella», resumió Rafitoson.
Según el Banco Mundial, Madagascar es uno de los países más pobres del mundo. A pesar de sus abundantes recursos naturales, tres cuartas partes de la población de la isla viven por debajo del umbral de la pobreza.
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Pero el movimiento juvenil no se ha quedado de brazos cruzados. Los activistas han creado una página web, publicado una carta y se han posicionado públicamente como observadores de la refundación del país para garantizar «un cambio profundo y sistemático frente a la corrupción con el fin de construir un Madagascar libre y soberano».
A pesar de estas ambiciones tan elevadas, el movimiento muestra poco interés en constituirse como un partido político independiente.
«A algunos de ellos se les han concedido cargos o se les ha nombrado asesores, pero sin que ello tenga ninguna influencia en el curso de los acontecimientos», afirmó Rafitoson. «Sin embargo, en general, eso no es lo que busca el movimiento. El objetivo es que se tengan en cuenta sus ideas y que tengan voz y voto, no que ocupen cargos políticos».
La juventud de Kenia pone la mirada en las elecciones presidenciales
Las calles de Kenia se han despejado, pero la Generación Z sigue en marcha. El movimiento lanzó recientemente una campaña para movilizar a los votantes jóvenes de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
Bajo el lema #NikoKadi (literalmente, ‘Tengo la tarjeta’, en referencia a estar inscrito en el censo electoral), la campaña en redes sociales comparte videos de jóvenes kenianos mostrando con orgullo sus tarjetas de inscripción en el censo electoral.
Algunas empresas también han ofrecido públicamente descuentos a las personas que se han inscrito en el censo electoral del país.
El movimiento se ha comprometido a combatir la abstención electoral, especialmente entre los jóvenes del país.
Kenia: protestas contra el Gobierno en el de Día de Saba Saba desataron el caos
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Solo el 65% de los 22,1 millones de votantes de Kenia acudió a las urnas en las elecciones generales de 2022, lo que supone un descenso con respecto al 78% registrado cinco años antes y refleja un creciente desencanto con la clase política del país.
En junio de 2024, estalló en este país del este de África una ola de protestas lideradas por la autoproclamada ‘Generación Z’, en respuesta a las subidas de impuestos anunciadas por el presidente William Ruto.
Los enfrentamientos que siguieron estuvieron marcados por saqueos, violencia y brutalidad policial, con al menos un centenar de muertos y decenas de desaparecidos.
«Queremos mejorar el sistema», afirmó Ademba Allans, activista de derechos civiles de 26 años y figura clave de la campaña. «Queremos destituir a todos los miembros del Gobierno».
«La apatía es uno de los principales obstáculos», añadió.
Adaptado de su versión original en francés








