
Hace 80 años, una hambruna impuesta por el poder soviético condenó a más de 150.000 personas en Moldavia a una muerte lenta y evitable. Durante décadas enterrada en el silencio oficial, hoy nuevas voces e investigaciones desentierran una verdad incómoda: no fue una tragedia natural, sino una estrategia deliberada que dejó una cicatriz profunda en la memoria del país.
Entre 1946 y 1947, la hambruna soviética causó la muerte de alrededor del 10% de la población moldava de entonces. Este desastre fue largamente silenciado y posteriormente se atribuyó a la sequía y las secuelas de la guerra.
Sin embargo, hoy el trabajo de los investigadores y testimonios de sobrevivientes demuestran que fue un hecho deliberado: las autoridades soviéticas saquearon sistemáticamente las reservas de cereales de los hogares moldavos, dejando a los campesinos sin medios de subsistencia. El objetivo era reponer las reservas del Estado, reconstruir la economía después de la guerra y respaldar los partidos comunistas en toda Europa.
En un país aún dividido entre su legado soviético y sus aspiraciones europeas, el trabajo de memoria se ha convertido en un asunto crucial.
En este contexto, en Boleto de Vuelta de France 24, hablamos con la escritora e investigadora Larisa Turea, quien ha documentado esta tragedia desde los años 80, en una época cuando aún estaba prohibido mencionar la palabra «hambruna».
Turea ha reunido los testimonios de más de 200 sobrevivientes, quienes hoy en día son cada vez más escasos. Entre ellos, Nina Dandara, quien tenía cinco años cuando ocurrió la hambruna y nos comparte sus recuerdos de ese tiempo.
Mantener viva la memoria
Para honrar la memoria de las víctimas y evitar que caigan en el olvido, Ignat Kazmalî erigió un memorial en Gagaouzia, en el sur del país, una de las regiones más afectadas.
Además, ha dedicado gran parte de su vida a la creación de un museo dedicado a la historia de su aldea, donde más de 600 habitantes, incluidos miembros de su familia, murieron durante la hambruna.
Este trabajo de memoria también se expresa en la capital, Chisináu, a través de una creación teatral inspirada en el libro de Larisa Turea. Desde hace dos años, el espectáculo «1946» se presenta regularmente con entradas agotadas y genera intensas emociones, lo que demuestra el profundo deseo de los moldavos de conocer mejor su historia.

Hace 80 años, una hambruna impuesta por el poder soviético condenó a más de 150.000 personas en Moldavia a una muerte lenta y evitable. Durante décadas enterrada en el silencio oficial, hoy nuevas voces e investigaciones desentierran una verdad incómoda: no fue una tragedia natural, sino una estrategia deliberada que dejó una cicatriz profunda en la memoria del país.
Entre 1946 y 1947, la hambruna soviética causó la muerte de alrededor del 10% de la población moldava de entonces. Este desastre fue largamente silenciado y posteriormente se atribuyó a la sequía y las secuelas de la guerra.
Sin embargo, hoy el trabajo de los investigadores y testimonios de sobrevivientes demuestran que fue un hecho deliberado: las autoridades soviéticas saquearon sistemáticamente las reservas de cereales de los hogares moldavos, dejando a los campesinos sin medios de subsistencia. El objetivo era reponer las reservas del Estado, reconstruir la economía después de la guerra y respaldar los partidos comunistas en toda Europa.
En un país aún dividido entre su legado soviético y sus aspiraciones europeas, el trabajo de memoria se ha convertido en un asunto crucial.
En este contexto, en Boleto de Vuelta de France 24, hablamos con la escritora e investigadora Larisa Turea, quien ha documentado esta tragedia desde los años 80, en una época cuando aún estaba prohibido mencionar la palabra «hambruna».
Turea ha reunido los testimonios de más de 200 sobrevivientes, quienes hoy en día son cada vez más escasos. Entre ellos, Nina Dandara, quien tenía cinco años cuando ocurrió la hambruna y nos comparte sus recuerdos de ese tiempo.
Mantener viva la memoria
Para honrar la memoria de las víctimas y evitar que caigan en el olvido, Ignat Kazmalî erigió un memorial en Gagaouzia, en el sur del país, una de las regiones más afectadas.
Además, ha dedicado gran parte de su vida a la creación de un museo dedicado a la historia de su aldea, donde más de 600 habitantes, incluidos miembros de su familia, murieron durante la hambruna.
Este trabajo de memoria también se expresa en la capital, Chisináu, a través de una creación teatral inspirada en el libro de Larisa Turea. Desde hace dos años, el espectáculo «1946» se presenta regularmente con entradas agotadas y genera intensas emociones, lo que demuestra el profundo deseo de los moldavos de conocer mejor su historia.






