
Automatización acelerada redefine empleo, ingresos y sostenibilidad de sistemas sociales tradicionales
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) no solo está transformando la economía global, sino que comienza a erosionar silenciosamente los pilares sobre los que descansan los sistemas de seguridad social. El economista Arismendi Díaz Santana advierte que este fenómeno actuará como un factor disruptivo capaz de eliminar más empleos de los que crea, reduciendo las bases de financiamiento y obligando a replantear la solidaridad colectiva.
En su análisis, enviado a DiarioDigitalRD titulado “EL JAQUE A LA SEGURIDAD SOCIAL DE LA IA ” el experto en seguridad social describe este proceso como una navaja de doble filo: por un lado, la IA incrementa la productividad de forma exponencial; por otro, condena a amplios sectores laborales a la obsolescencia, sin garantías claras de reinserción.
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Impacto laboral redefine bases del sistema
Indica que las cifras reflejan una preocupación creciente mostrada por encuestas internacionales. Los estudios señalan que cerca del 40% de los trabajadores considera que su empleo desaparecerá en menos de una década, sustituido por automatización y algoritmos inteligentes.
La realidad, explica, es que este escenario no distingue generaciones: mientras los trabajadores mayores enfrentan dificultades de adaptación tecnológica, los jóvenes perciben un futuro incierto en un mercado cada vez más competitivo y excluyente.
Este fenómeno impacta directamente la lógica de los sistemas previsionales. Tradicionalmente, estos dependen de una masa amplia de trabajadores activos que financian, mediante cotizaciones, las prestaciones sociales. Sin embargo, la reducción de empleos formales y la precarización laboral amenazan con estrechar la base contributiva, debilitando el equilibrio financiero.
A esto se suma una transformación demográfica que ya venía presionando el sistema: poblaciones más envejecidas y menos trabajadores activos. La IA intensifica esta tendencia, acelerando una crisis estructural que exige respuestas urgentes.
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Desigualdad creciente tensiona modelos de protección
Históricamente, los avances tecnológicos han tendido a concentrar la riqueza en determinados sectores. La inteligencia artificial no parece ser la excepción. Su desarrollo favorece la acumulación en empresas y actores con capacidad tecnológica, mientras amplía lo que algunos economistas denominan el “ejército industrial de reserva”: una masa creciente de trabajadores desplazados.
Este desequilibrio plantea interrogantes cruciales: ¿cómo sostener sistemas de salud cada vez más costosos? ¿De qué manera financiar pensiones en un contexto de menor empleo formal? ¿Qué ocurrirá con millones de personas que quedarán fuera del circuito productivo tradicional?
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Renta básica universal
Ante este panorama, el economista refirió que emerge con fuerza en el debate la implementacion de la renta básica universal (RBU). Sus defensores la consideran un nuevo derecho ciudadano en la era digital, capaz de garantizar un ingreso mínimo frente a la disrupción tecnológica. Proponen financiarla mediante reformas fiscales progresivas, impuestos ambientales y gravámenes a la automatización.
Sin embargo, los detractores advierten que su implementación implicaría altos costos fiscales, posibles presiones inflacionarias y riesgos de desincentivar el trabajo. El debate, lejos de ser técnico, se posiciona como una decisión profundamente política sobre el modelo de sociedad que se desea construir.
En este contexto, sostiene, lo único claro es que la inteligencia artificial obligará a repensar los sistemas de seguridad social desde sus cimientos.
La sostenibilidad futura dependerá de nuevos esquemas de financiación, mayor inclusión y una redefinición del concepto de trabajo. El desafío apenas comienza, y sus respuestas aún están en construcción indica.








