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El día que Balaguer dio un «boche» a Carlos Andrés Pérez

El día que Balaguer dio un «boche» a Carlos Andrés Pérez
  • Publishedfebrero 16, 2026

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El autor es político y comentarista radial. Reside en Santo Domingo

A las 9:45 de la mañana del 16 de agosto de 1990, el silencio pesaba más que el calor.

Después de ganar las elecciones del 16 de mayo de ese año, el doctor Joaquín Balaguer llegó al Congreso Nacional para ser juramentado para un nuevo mandato. Lo hizo quince minutos antes de las diez, como marcaba su costumbre y su disciplina casi monástica.

Afuera del recinto congresual, la solemnidad de la fecha —Día de la Restauración— revestía el acto de juramentación de un aire histórico. Tres meses antes había sido reelecto presidente de la República. A las diez en punto debía comenzar la ceremonia.

Pero a las diez no comenzó nada. Balaguer fue conducido a una oficina contigua al salón de la Asamblea Nacional. Allí lo esperaban dos invitados de alto nivel: el presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, y el gobernador de Puerto Rico, Rafael Hernández Colón. Eran los únicos jefes de gobierno que estarían presentes en la ceremonia.

Lo que debía ser un protocolo impecable empezó a deshilacharse.

Impasse

En el Senado no lográbamos elegir el bufete directivo. El senador reformista por San Cristóbal, José Osvaldo Leger, aspiraba a presidir la Cámara Alta sin contar con el respaldo del doctor Balaguer ni del resto de los senadores reformistas.

El Senado lo integrábamos 30 senadores en total, 16 del PRSC, 12 del PLD y 2 del PRD. La votación se había empantanado, pues a cada conteo de votos el resultado quedaba empatado a 15, pues la candidatura de Leger era apoyada por las bancadas de oposición que sumaban 14 más el voto de Leger, lo cual impedía una decisión.

Joaquín Balaguer

Sin bufete directivo del Senado no podía instalarse formalmente la Asamblea Nacional, pues la costumbre imponía que el presidente del Senado, en su calidad de presidente de la Asamblea Nacional, tomara el juramento constitucional al presidente electo.

El responsable de comunicar la noticia del impasse fue Paris Goico, emblemático secretario del Senado y encargado de los detalles del acto. Entró a la oficina donde estaba Balaguer y los dos presidentes extranjeros  con el peso del protocolo roto en los hombros.

—No ha sido posible elegir al presidente del Senado —informó— pero acotó a seguidas que de acuerdo con la Constitución, el juramento podría tomarlo un notario público.

La frase cayó como un objeto metálico sobre el mármol.

La broma 

El ambiente se tensó. Nadie sonreía. Nadie respiraba con naturalidad. Entonces, buscando distender el momento, Carlos Andrés Pérez lanzó una broma:

—Yo soy notario público, presidente Balaguer. Lo puedo juramentar yo conforme a la Constitución dominicana.

El comentario pretendía alivianar la escena. Pero había memoria en esa habitación. Y la memoria en política nunca es ligera.

Doce años antes, en 1978, el propio Carlos Andrés Pérez había encabezado, como presidente de Venezuela en su primer mandato, la lista de mandatarios y figuras de la Internacional Socialista que presionaron públicamente para que se respetara el resultado electoral en República Dominicana.

En aquellos días, durante el conteo de votos en la Junta Central Electoral, el triunfo del candidato del PRD, Antonio Guzmán Fernández —respaldado por el liderazgo de José Francisco Peña Gómez— parecía amenazado por movimientos militares. La intervención internacional ayudó a contener la crisis y asegurar la transición de Balaguer a Guzmán.

Carlos Andrés Pérez

Balaguer nunca olvidó aquel episodio. Lo consideró una injerencia impropia entre gobiernos que mantenían relaciones cordiales. Para él, fue una afrenta diplomática.

Y ahora, doce años después, el protagonista de aquella presión internacional estaba allí, en la misma oficina de espera, ofreciéndose en tono jocoso para juramentarlo.

La respuesta fue inmediata, seca, quirúrgica.

—En vez de estar de gracioso, lo que a usted le corresponde es llamar a su amigo Peña Gómez para que respete la democracia y mande sus dos senadores a votar por la plancha del PRSC.

Luego de esa especie de «boche», no hubo risas entre los presentes, más bien sorpresa por tan cortante respuesta del mandatario.

A seguidas Balaguer tomó, de la mano del general Pérez Bello, su sombrero de copa negro con la serenidad de quien no levanta la voz para imponer autoridad. Se paró, dio media vuelta y salió rumbo al salón de Asamblea.

Mientras tanto, en el Senado, los números eran implacables. Los dos senadores del PRD —Ramón Alburquerque, de Monte Plata, y Adriano Parra, de Azua— se unieron a los doce del PLD y a Leger, y provocaron un empate frente al candidato reformista Ricardo Barceló, que encabezaba un bloque de quince. El bloqueo impedía elegir al presidente del Senado, y por tanto, a quien debía presidir la Asamblea Nacional.

La República estaba detenida por un empate.

La solución

Finalmente, la solución emergió desde otra toga, el doctor Néstor Contin Aybar, presidente de la Suprema Corte de Justicia, presente como invitado, fue quien tomó el juramento constitucional en el salón de la Asamblea Nacional.

A las diez de la mañana hubo ceremonia, y hubo historia. Aquella escena, casi privada, en una oficina del Senado, contenía algo más que una anécdota. Era el cruce de dos memorias políticas: la de 1978 y la de 1990. Era la diplomacia herida que encuentra su momento para pasar factura al agravio. Era el recordatorio de que en política nada se olvida, aunque a veces tarde años la respuesta adecuada.

Y ese 16 de agosto en una oficina lateral del Congreso, donde quien suscribe fue testigo presencial por su condición de senador electo, Balaguer abrió el archivo, y recordando el agravio de Carlos Andrés Pérez en 1978, pasó factura.

Nota: El Senado escogió finalmente, gracias a un acuerdo de sus miembros, al senador de Elías Piña, Florentino Carvajal Suero, como su presidente para ese año, pero dada la tardanza en hacerlo en el hemiciclo senatorial, este no pudo estar presente en el salón de la Asamblea en el momento de la juramentación del presidente Balaguer, que ya había sido tomada  por el magistrado Contín Aybar.

JPM

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