Apenas estamos entendiendo el papel de la soledad en el deterioro mental de los adultos mayores

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Los neurocientíficos saben que hay una relación entre la soledad y el deterioro cognitivo en los adultos mayores, aunque todavía resulta difícil entender la magnitud exacta de ese vínculo. Un nuevo estudio longitudinal aporta evidencia de que una parte de las personas que se sienten solas termina por presentar más afectaciones de memoria (sin que esto signifique que su cerebro envejece más rápido).

El reporte, publicado en Aging & Mental Health, muestra que los adultos mayores con altos niveles de soledad obtuvieron puntajes más bajos en las pruebas de recuerdo inmediato y diferido. Aun así, la velocidad con la que su memoria disminuyó a lo largo de seis años fue prácticamente idéntica a la de quienes no se sentían solos.

“El estudio sugiere que la soledad puede desempeñar un papel más destacado en el estado inicial de la memoria que en su declive progresivo. También subraya la importancia de abordar la soledad como un factor importante en el contexto de rendimiento cognitivo en adultos mayores”, contó en un comunicado el autor principal, Luis Carlos Venegas Sanabria, de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario.


Un abuelo jugando con su nieto.

Por años los médicos han recomendado divertirse con amigos de forma espontánea para reducir el envejecimiento del cerebro. Un nuevo estudio respalda esta práctica de alegría social.


Estudio de miles de personas solas, por seis años

El equipo analizó datos del Survey of Health, Ageing and Retirement in Europe (SHARE), una de las bases longitudinales más robustas para estudiar el envejecimiento. Durante seis años, los investigadores siguieron a 10,217 adultos de entre 65 y 94 años, provenientes de 12 países europeos. Evaluaron su nivel de soledad y su desempeño en pruebas de memoria.

Los resultados muestran que la edad fue el factor más determinante en el nivel de memoria y en la velocidad de deterioro. A partir de los 75 años, los puntajes comenzaron a caer con mayor rapidez. Después de los 85 el declive se volvió más pronunciado. La depresión y enfermedades crónicas como la diabetes también redujeron el puntaje inicial. La soledad, aunque influyó en el punto de partida, no aceleró la pendiente del deterioro cognitivo.

El estudio también encontró que la actividad física se asoció con mejores puntajes iniciales de memoria. Las personas que realizaban actividad física moderada o vigorosa al menos una vez al mes recordaron más palabras en las pruebas de recuerdo inmediato y diferido. Este efecto no modificó la velocidad del deterioro, pero sí elevó el nivel de partida, lo que funciona como una especie de “colchón cognitivo”.

Aunque el estudio no explora las causas del vínculo entre soledad y cognición, investigaciones previas han propuesto mecanismos plausibles. La soledad suele relacionarse con menos interacción social, un factor que influye en el rendimiento cognitivo. También se asocia con mayor riesgo de depresión, que sí afecta de manera directa las pruebas de memoria. Además, las personas solitarias tienden a presentar más problemas de salud, como hipertensión o diabetes, que también influyen en la función cognitiva.

Para 2050, según proyecciones de Naciones Unidas, una de cada seis personas en el mundo tendrá más de 65 años. Las sociedades están entrando en una etapa en la que la vejez dejará de ser una excepción y se convertirá en la norma. La demencia, así como otras enfermedades neurodegenerativas que aparecen con la edad, serán un importante reto para las instituciones de salud.

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