Las plantas pueden “escuchar” la lluvia y les encanta

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Una reciente investigación revela una capacidad poco explorada en las plantas: el sonido natural de la lluvia puede acelerar la germinación de las semillas, incluso en ausencia de órganos auditivos. Esta es la primera vez que se demuestra de manera cuantitativa que la vegetación puede percibir vibraciones acústicas del entorno y responder con cambios fisiológicos medibles.

El estudio, publicado en Scientific Reports y dirigido por investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), encontró que semillas de arroz sumergidas en aguas poco profundas germinan más rápido cuando están expuestas al sonido real de gotas de lluvia. Cuando una gota impacta la superficie del agua, genera un pulso acústico intenso que viaja hacia el fondo del charco. Las semillas enterradas “detectan” estas vibraciones y salen antes de su estado latente, en comparación con semillas idénticas que no estuvieron expuestas al sonido.

Los investigadores midieron estas señales acústicas y descubrieron que los impactos de lluvia producen picos de presión de cientos de Pascales, niveles comparables a los que se registran cerca de un motor de avión. Esta energía es suficiente para mover físicamente a la semilla y, con ello, a los estatolitos, pequeñas partículas internas que funcionan como sensores de gravedad dentro de células especializadas. El equipo observó que las vibraciones desplazan estos estatolitos entre 30 y 600 nanómetros, un rango que coincide con los umbrales conocidos para activar respuestas gravitatorias en plantas.


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Cuando los estatolitos cambian de posición, la semilla interpreta que debe iniciar procesos de crecimiento. En las pruebas, las semillas expuestas a vibraciones más intensas mostraron aumentos de germinación de entre 24% y 37%, mientras que vibraciones moderadas generaron incrementos de 11% a 17%. En cambio, cuando el desplazamiento fue casi nulo, menos de 1 nanómetro, no se observó ningún efecto. En total, el estudio analizó más de 7,800 semillas en condiciones controladas.

El fenómeno también parece depender de la profundidad: las vibraciones de la lluvia solo aceleran la germinación cuando las semillas están a menos de 5 centímetros de la superficie, una zona que coincide con profundidades de siembra óptimas para la supervivencia de plántulas.

Aunque aún no se conoce por completo el propósito evolutivo de esta sensibilidad acústica, los autores sugieren que podría tratarse de un mecanismo adaptativo: la lluvia indica humedad disponible, suelo blando y condiciones favorables para emerger, señales críticas para una semilla que debe decidir cuándo germinar.

“Lo que este estudio dice es que las semillas pueden sentir el sonido de maneras que pueden ayudarlas a sobrevivir. La energía del sonido de la lluvia es suficiente para acelerar el crecimiento de una semilla”, explicó Nicholas Makris, profesor de ingeniería mecánica en el MIT y autor principal del trabajo, en un comunicado.

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