¿Qué significa el histórico encuentro entre el papa León XIV y la arzobispa de Canterbury?

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El encuentro, impensado años atrás, transmite un fuerte mensaje. El papa León XIV, líder de una Iglesia católica que reserva el sacerdocio para los hombres, sentado a la par de Sarah Mullally, la primera mujer designada al frente de la Iglesia anglicana, compartiendo juntos un momento de oración en la Capilla Urbano VIII del Palacio Apostólico.

Esa imagen, de las pocas que han trascendido de la reunión a puerta cerrada, es la que sobresale en la histórica visita de cuatro días de la arzobispa de Canterbury al Vaticano, una «peregrinación» a Roma –tal como ella la describió– apenas un mes después de su nombramiento y en su primera salida desde que ostenta el cargo.

Sesenta años después del primer encuentro entre un papa y un arzobispo de Canterbury desde la ruptura entre las dos Iglesias cristianas en 1534 –Juan XXIII recibió a Geoffrey Fisher el 24 de marzo de 1966–, León XIV y Mullally llamaron a «trabajar juntos» pese a reconocer las «diferencias» entre ambas confesiones.

Los anglicanos –una fe que hoy profesan unos 100 millones de personas en 165 países– se separaron de Roma en 1534, cuando al rey inglés Enrique VIII se le denegó la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón.

El papa León XIV comparte un momento de oración con la arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, en el Vaticano, el 27 de abril de 2026.
El papa León XIV comparte un momento de oración con la arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, en el Vaticano, el 27 de abril de 2026. © Vatican Media / Handout vía Reuters

Pese a que en 1966, tras casi cinco siglos, ambas ramas del cristianismo iniciaron un diálogo teológico formal hacia la reconciliación, todavía existen obstáculos que, de momento, parecen insorteables. Sin embargo, especialistas consideran que gestos como la reunión de este lunes 27 de abril contribuyen a acercar posiciones.

De acuerdo con el comunicado oficial, León XIV citó al difunto papa Francisco, quien en su momento dijo a los primados anglicanos: «Sería un escándalo si, debido a nuestras divisiones, no cumpliéramos con nuestra vocación común de dar a conocer a Cristo».

«Por mi parte, añado que también sería un escándalo si no siguiéramos trabajando para superar nuestras diferencias, por muy irreconciliables que parezcan», afirmó.

De su lado, Mullally llamó a «trabajar juntos por el bien común, construyendo siempre puentes, nunca muros» y remarcó que «en el mundo actual, estamos llamados a vivir y predicar el Evangelio con renovada claridad».

«Ante la violencia inhumana, la profunda división y los rápidos cambios sociales, debemos seguir contando una historia más esperanzadora», subrayó.

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Un acercamiento pese a las diferencias sobre el rol de la mujer

El principal obstáculo entre ambas ramas del cristianismo es la decisión de la Iglesia de Inglaterra de permitir la ordenación femenina, que la ha llevado a tener las primeras sacerdotes en 1994, su primera obispa en 2015 y, ahora, a Mullally como la primera mujer en liderar a los anglicanos.

León XIV dio cuenta de ello al señalar que si bien «se ha avanzado mucho en algunos temas históricamente divisivos, en las últimas décadas han surgido nuevos problemas que dificultan discernir el camino hacia la comunión plena».

Para George Gross, experto en teología y monarquía del King’s College de Londres, la reunión del lunes fue histórica porque «si retrocediéramos varios siglos, sería impensable». «El hecho de que el papa esté dispuesto a reunirse demuestra, en sí mismo, la diferencia».

Algo similar expresó en su cuenta de YouTube el experto en teología, Tim Wilson, quien destacó que «la líder de una iglesia que ordena mujeres se sienta junto al líder de una iglesia que no lo hace», una imagen que «es la discusión teológica hecha realidad».

En diálogo con periodistas luego del encuentro con el papa, Mullally lo describió como «un momento de gran calidez, aliento y esperanza».

The Archbishop of Canterbury Dame Sarah Mullally poses for a photo.
La arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, posa para una foto después de una peregrinación de 140 kilómetros desde Londres hasta la catedral de Canterbury, en Inglaterra, el 22 de marzo de 2026. © Gareth Fuller / AP

«Creo que ambos reconocemos que, independientemente de que yo sea mujer, este es un momento significativo, ya que nuestras iglesias han recorrido juntas un camino para profundizar nuestra amistad», enfatizó.

No obstante, reconoció: «No puedo ignorar el hecho de que mi nombramiento como mujer ha significado algo para la gente y eso me ha brindado la oportunidad de ser escuchada, quizás de una manera diferente».

En un artículo publicado en la plataforma británica Religion Media Centre, la periodista y comentarista Catherine Pepinster consideró que «hay mujeres católicas que ven la ordenación femenina anglicana como un modelo a seguir, pero aún parece muy improbable».

«Una comisión vaticana sobre diaconisas presentó su informe al papa León XIV en 2025 y descartó su ordenación. Sin embargo, el papa no descartó un debate posterior y afirmó estar abierto a aumentar el papel de la mujer en el liderazgo eclesiástico. Esto sugiere involucrarlas más en la gestión de los departamentos del Vaticano, en lugar de en la ordenación sacerdotal», concluyó.

Si bien esa opción es lejana, León XIV sigue los pasos del papa Francisco, quien profundizó el reconocimiento a las mujeres sacerdotes de otras confesiones. En 2015, se reunió con la arzobispa Antje Jackelén, la primera mujer en dirigir la Iglesia Luterana de Suecia. Y en 2024, invitó a la obispa anglicana Jo Bailey Wells a una reunión privada con sus cardenales asesores para debatir sobre el papel de la mujer en la Iglesia católica.

Un mensaje de unión ante las divisiones internas

No solo la ordenación de mujeres distancia a estas dos Iglesias. Los anglicanos no reconocen la autoridad del papa –para ellos, su máximo representante es el rey de Inglaterra, en este caso Carlos III, quien en octubre protagonizó una histórica visita y rezo con León XIV en el Vaticano– ni los dogmas de la Virgen María, mientras que sus religiosos no asumen el celibato.

Otro asunto que sigue siendo objeto de debate es la posibilidad de que se brinde la comunión compartida entre ambas Iglesias. Esto «tendría un impacto significativo en las parejas donde uno de los miembros es anglicano y el otro católico, y sería un fuerte símbolo de comunión», afirma Pepinster.

«Sin embargo, persisten las discusiones teológicas sobre si la eucaristía es un acto de conmemoración o la presencia real de Cristo en el mundo, tras la consagración, como enseña la Iglesia Católica», añade.

Pero más allá de que las enseñanzas católica y anglicana están alineadas en la mayoría de los temas importantes, a León XIV y Mullally les unen desafíos similares de cara al liderazgo de sus Iglesias, desafiados por las ramas más conservadores dentro de sus organizaciones.

En el caso particular de la arzobispa de Canterbury, mientras su nombramiento fue mayormente celebrado en Inglaterra y otros países occidentales como una ruptura del ‘techo de cristal’ para las mujeres en la Iglesia, en las congregaciones más grandes y de mayor crecimiento en África, fue duramente cuestionado.

Muchas de ellas pertenecen a un grupo conservador llamado Conferencia Global del Futuro Anglicano (Gafcon), que ha amenazado con romper definitivamente con el liderazgo anglicano, una declaración que fue respaldada por la Iglesia anglicana de Norteamérica, una rama conservadora escindida de las iglesias episcopales más liberales de Estados Unidos y Canadá.

En ese sentido, no sorprende que el siguiente viaje de Mullally vaya a ser al continente africano, de donde acaba de regresar el papa. La líder anglicana visitará Camerún y Ghana en julio próximo.

«Su peregrinación a África estuvo llena de vida y alegría. Nos recordó que, a pesar de nuestros sufrimientos, la gente anhela una vida plena, y muchísimas personas trabajan cada día por esta visión del bien común», le dijo la arzobispa de Canterbury a León XIV.

Para Tim Wilson, la visita de Mullally a Roma antes de viajar a esos países «es, por supuesto, deliberada» porque «fortalece su legitimidad global» y «estar junto al papa le confiere una autoridad simbólica».

Coincide Catherine Pepinster, quien señala que «si bien algunos anglicanos en Gran Bretaña (y muchos más en África) se oponen a que sea arzobispa por el simple hecho de ser mujer, ella está al lado del papa, posiblemente el líder espiritual más importante del mundo».

Wilson agrega que tanto la Iglesia católica como la anglicana «se enfrentan a presiones similares o idénticas: la secularización en Europa, la disminución de la asistencia, el deterioro de la autoridad moral por escándalos de abusos, la división interna entre facciones conservadoras y progresistas y las cuestiones relativas a la sexualidad, la autoridad y la doctrina».

«En este contexto, la unidad ya no es solo una aspiración teológica, sino una necesidad estratégica», sentencia.

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Una posición moral común tras las críticas de Trump

El contexto global no escapa a este histórico encuentro. El cara a cara entre León XIV y la arzobispa de Canterbury se produce en medio del revuelo por las recientes críticas del presidente estadounidense, Donald Trump, hacia el líder de la Iglesia católica por su oposición a la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán.

Precisamente, Sarah Mullally había emitido un comunicado días atrás en solidaridad con León XIV, destacando «su valiente llamado al reino de la paz», ante la realidad de que «los costos de la guerra son incalculables».

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Esas ideas volvieron a sobrevolar este lunes. El papa subrayó que los cristianos deben ser «mensajeros de su paz», porque Jesús «siempre respondió a la violencia y la agresión de forma desarmada, invitándonos a hacer lo mismo».

Por su lado, Mullally le remarcó al sumo pontífice: «Usted ha hablado con gran elocuencia sobre las numerosas injusticias que azotan nuestro mundo hoy en día» y le agradeció por sus recientes posicionamientos porque «el mundo necesitaba este mensaje en este momento».

Según George Gross, la visita «es una reafirmación de la unidad» que intentan proyectar ambas iglesias, especialmente al afrontar los conflictos globales.

Del mismo modo, Tim Wilson considera que «esta alineación señala una postura moral compartida sobre el conflicto global y la paz» y «sitúa a ambos líderes dentro de un discurso ético más amplio que trasciende las divisiones confesionales».

Aunque reconoce que «la visita no augura una unidad inminente» y que «eso sería poco realista», el experto en teología sostiene que «logra tres cosas concretas»: «Primero, refuerza una identidad histórica compartida con raíces en la iglesia primitiva. Segundo, demuestra que el diálogo continúa a pesar de los serios desacuerdos. Tercero, proyecta una voz moral unificada en un contexto global fragmentado».

Con Reuters, AP, EFE y medios

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