Donald Trump y Friedrich Merz han vuelto a protagonizar un intercambio público. Enfrentados por la posición sobre Ucrania, por el gasto de los países europeos en defensa y por la negativa de los aliados de la OTAN a sumarse a la guerra contra Irán, ahora difieren también sobre las negociaciones de paz con la República Islámica.
Ninguno de los dos se ha ahorrado críticas en este último enfrentamiento, que se inició con unos pronunciamientos del canciller alemán el 27 de abril, durante una charla ante estudiantes en un centro escolar de Marsberg en Renania del Norte-Westfalia.
Merz se refirió a la forma en que, a su juicio, la parte iraní ha llevado el pulso de las negociaciones de paz.
«Los iraníes son obviamente muy hábiles negociando, o más bien, muy hábiles en no negociar, dejando que los estadounidenses viajen a Islamabad y luego se marchen de nuevo sin ningún resultado», comentó Merz.
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A continuación, añadió que «toda una nación está siendo humillada por el liderazgo iraní, especialmente por estos llamados Guardianes de la Revolución. Así que espero que esto termine lo antes posible».
Merz luego recordó que los países europeos no habían sido consultados antes del inicio de las hostilidades por parte de Israel y Estados Unidos el 28 de febrero, y que desde el principio dio a conocer a Trump sus reservas sobre la ofensiva.
«Si hubiera sabido que esto continuaría así durante cinco o seis semanas y empeoraría progresivamente, se lo habría dicho aún más enfáticamente», agregó el líder alemán, que comparó el manejo de este conflicto con el que se dio a otros como el de Irak y Afganistán, en los que, a su juicio, se vivió la misma falta de claridad.
«No veo una estrategia clara. En un conflicto no solo hay que entrar, sino que se tiene que entrar y hay que saber cómo salir. Lo que pasa cuando no se tiene en cuenta esto lo vimos en Afganistán, en Irak y ahora en Irán».
Finalmente, hizo énfasis en las consecuencias que ha traído para su país el cierre del estrecho de Ormuz y su consecuente impacto en el costo de la energía:
“Esto le está costando a Alemania mucho dinero, mucho dinero de los contribuyentes y mucha fortaleza económica”.
Poco después, el mismo día, durante una reunión de los grupos parlamentarios de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y la Unión Socialcristiana (CSU) de Baviera en Berlín, confesó sentirse “desilusionado” de la falta de compromiso con una solución.
«En lo que respecta a Irán, me siento desilusionado, y sencillamente porque Estados Unidos e Israel partían de la base de que el problema se resolvería en pocos días y hoy tenemos que constatar que no es así”, afirmó.
“No sabe de lo que habla”
Fiel a su estilo, el presidente estadounidense reaccionó este martes a las críticas de Merz tergiversando sus palabras y afirmando en una publicación en su red Truth Social que el canciller alemán está “de acuerdo” con que Irán tenga un arma nuclear.
“¡No sabe de lo que habla! Si Irán tuviera un arma nuclear, el mundo entero estaría secuestrado. Estoy haciendo algo con Irán, ahora mismo, que otras naciones, o presidentes, deberían haber hecho hace tiempo”, se quejó el magnate republicano.
Luego agregó que la posición de Merz era esclarecedora sobre la situación actual de Alemania:
“¡No es de extrañar que Alemania esté tan mal, tanto económicamente como en otros aspectos!”.
No respondió, sin embargo, a los señalamientos de fondo de Merz sobre la falta de estrategia de los aliados Estados Unidos e Israel en relación con el conflicto, ni sobre la forma en que la diplomacia iraní ha burlado los esfuerzos de Islamabad y Washington por un nuevo encuentro para abordar el fin de las hostilidades.
Cada vez más lejos
Los comentarios del lunes marcan un nuevo capítulo en la creciente distancia de Merz con respecto a Trump, que no ha hecho sino profundizarse en los últimos tiempos.
Ambos han diferido en relación con Ucrania, que sigue contando con el apoyo irrestricto del canciller alemán y los principales aliados europeos de la OTAN, mientras que Trump ha puesto creciente presión sobre el presidente Volodímir Zelenski para que acepte las condiciones de Moscú que marcarían el fin de la guerra.
También chocaron por el gasto en defensa de los europeos, que para Trump es reflejo del peso desproporcionado que la OTAN pone sobre el aporte estadounidense, sobre las pretensiones de Washington sobre Groenlandia y, más recientemente, por la negativa de los líderes de la Alianza Atlántica de sumarse a los esfuerzos por abrir el estrecho de Ormuz.
Trump ha asegurado en repetidas oportunidades que el cierre por parte de Irán de la importante vía marítima, por la que circula el 20% del petróleo mundial, no afecta a Estados Unidos, que es productor y recibe sus importaciones por rutas que no incluyen al estrecho, y que debería ser Europa la más comprometida con lograr la reapertura.
Sin embargo, Berlín, Londres, París y Roma han coincidido en su posición común de no dejarse “arrastrar a la guerra”, como lo definió el primer ministro británico, Keir Starmer, aunque en sus declaraciones del lunes, Merz ofreció, en nombre de Europa, “enviar dragaminas alemanes para limpiar el estrecho”.
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El alejamiento entre Merz y Trump ha tenido matices, porque el canciller alemán fue inicialmente una de las pocas voces dentro de la OTAN que respaldó las acciones estadounidenses en Irán, al afirmar durante la Guerra de los Doce Días, en 2025, que Washington le estaba haciendo el “trabajo sucio” a los europeos.
También encomió la labor de Trump en la búsqueda de un acuerdo de paz para Gaza y le dio su reconocimiento “por la iniciativa de paz, su compromiso y posición inequívoca en este conflicto, así como a los socios en Qatar, Egipto y Turquía por su mediación”, como indicó en un comunicado del Gobierno federal el 8 de diciembre de 2025.
Pero los tiempos de los acuerdos parecen haber terminado para Washington y Berlín, con intercambios retóricos cada vez más altisonantes y posiciones geopolíticas que aparentemente ya no incluyen su antigua amistad.
Con Reuters y EFE










