
Desde la cocina familiar en Bolivia hasta el corazón de París, el chef Ricardo Flores ha construido una trayectoria marcada por la fusión cultural, la herencia familiar y la búsqueda de una identidad gastronómica propia. Hoy dirige Patio Opéra, un restaurante donde combina técnica, producto e historia personal en una cocina con influencias internacionales. En entrevista con Escala en París, habla de sus inspiraciones, su recorrido y su visión de la gastronomía contemporánea.
Ricardo Flores descubrió su vocación entre los aromas y sabores del restaurante de su abuela en Bolivia, donde trabajaban también su madre y sus tías. Ese primer contacto con la cocina familiar sentó las bases de una carrera que luego se expandiría en Barcelona, donde se empapó de la gastronomía mediterránea y española, integrando esas influencias a su estilo único.
Su pasión por la cocina no se detiene allí: la gastronomía asiática, especialmente la nikkei, se convirtió en otro eje de su propuesta gastronómica, reflejando su curiosidad constante y la importancia de los momentos compartidos con su madre.
Hoy, en París, su cocina es un reflejo de viajes, experiencias y raíces, donde platos como su reinterpretación de la paella muestran la mezcla de sabores latino-mediterráneos con matices asiáticos.
A pesar de su éxito internacional, Flores mantiene un vínculo fuerte con Bolivia y América Latina, viajando con frecuencia para mantenerse conectado con su origen y explorar nuevas tendencias culinarias, convencido de que la identidad y la innovación pueden coexistir en cada plato.
Un programa coordinado por Florencia Valdés, realizado por Souheil Khedir y Alexandre Cayuela.










