Los salmones en cocaína nadan mucho más lejos… y eso es un problema real

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La contaminación por cocaína puede afectar el comportamiento de los peces. Por ejemplo, puede alterar la forma en que el salmón del Atlántico (Salmo salar) se desplaza por su entorno, provocando que nade más lejos y se disperse en un área más amplia. Esto informa un estudio reciente coordinado por la Universidad Griffith, la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, la Sociedad Zoológica de Londres y el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal.

El estudio, publicado en Current Biology, proporciona evidencia de que los efectos de la contaminación por cocaína en el comportamiento de los peces se producen no solo en condiciones de laboratorio, sino también en su hábitat natural, donde los animales están expuestos a condiciones ambientales mucho más complejas.

La cocaína y sus metabolitos se han detectado con creciente frecuencia en ríos y lagos de todo el mundo, ingresando a los cursos de agua principalmente a través de los sistemas de tratamiento de aguas residuales. Si bien investigaciones previas han demostrado que la contaminación por cocaína puede afectar el comportamiento animal, esta evidencia se limitaba a condiciones de laboratorio. Un estudio de 2024 realizado por el Instituto Oswaldo Cruz en Brasil reveló que incluso los tiburones están expuestos a la cocaína, pero se sabe poco sobre sus efectos en animales en estado salvaje.

Qué dice el estudio

Para comprender mejor este fenómeno, los autores del nuevo estudio implantaron quirúrgicamente pequeños dispositivos que liberaban sustancias químicas lentamente en 105 salmones atlánticos juveniles del lago Vättern, en Suecia. Posteriormente, los peces se dividieron en tres grupos: un grupo de control, que no estuvo expuesto a ninguna sustancia; un grupo expuesto a cocaína; y un grupo expuesto a benzoilecgonina, el principal metabolito de la cocaína que se detecta habitualmente en las aguas residuales. Los investigadores también colocaron pequeñas etiquetas a los peces para poder monitorizar sus movimientos durante un periodo de dos meses. A partir de análisis posteriores, el equipo descubrió que, en comparación con el grupo de control, los peces expuestos a benzoilecgonina nadaron hasta 1.9 veces más lejos, dispersándose al final del experimento a unos 32 kilómetros del punto de liberación.

«La ubicación de los peces determina de qué se alimentan, qué los alimenta y cómo se estructuran las poblaciones. Si la contaminación está alterando estos patrones, tiene el potencial de afectar a los ecosistemas de maneras que apenas ahora empezamos a comprender», afirmó el coautor Marcus Michelangeli.

Peces.

Investigadores alemanes desarrollaron un filtro inspirado en las branquias de los peces capaz de capturar eficazmente las fibras microplásticas liberadas por las lavadoras, lo que podría convertirse en una herramienta clave para reducir las emisiones en los hogares.

El efecto más pronunciado

Además de demostrar cómo la contaminación por cocaína ha alterado la forma en que el salmón utiliza el espacio en un ecosistema natural, el nuevo estudio reveló que el efecto más pronunciado se observó no tanto en el grupo expuesto a la cocaína en sí, sino en el expuesto a su metabolito. Este resultado tiene implicaciones para el monitoreo, ya que los metabolitos suelen ser más comunes en los cursos de agua y las evaluaciones de riesgo actuales generalmente se centran en el compuesto principal, lo que podría pasar por alto importantes efectos biológicos.

«La idea de que la cocaína pueda afectar a los peces puede parecer sorprendente, pero la realidad es que la fauna silvestre ya está expuesta a una amplia gama de drogas sintéticas a diario», afirmó Michelangeli. El siguiente paso de los investigadores será determinar la magnitud de estos efectos, identificar las especies más vulnerables y comprobar si las alteraciones en el comportamiento se traducen en cambios en la supervivencia y la reproducción.

Artículo originalmente publicado en WIRED Italia. Adaptado por Alondra Flores.

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