Cuando la atención está puesta en si Estados Unidos reanuda o no sus ataques a gran escala en Irán, Donald Trump decidió reavivar otro tipo de conflicto: su guerra comercial con la Unión Europea.
Este viernes 1 de mayo, el presidente estadounidense anunció que incrementará hasta un 25% los aranceles a los automóviles y camiones europeos, una acción que justifica por el supuesto incumplimiento del pacto comercial, que fijaba las tarifas en un 15%.
Aunque no detalló de qué manera considera que la UE no respetó lo firmado, el mandatario insinuó que las tasas más altas empujarían a los fabricantes europeos a acelerar el traslado de sus producciones a Estados Unidos porque, si lo hacen, no estarán sujetos a las penalidades.
«Tenemos un acuerdo comercial con la Unión Europea. No lo estaban cumpliendo. Así que subí los aranceles a los automóviles y camiones al 25%, lo que representa miles de millones de dólares que ingresan a Estados Unidos, y los obliga a acelerar considerablemente la mudanza de la producción de sus fábricas», aseguró a reporteros en la Casa Blanca.
Las acusaciones de Trump fueron rechazadas de plano por el Grupo de los Veintisiete. En un comunicado, la Comisión Europea aseguró que el bloque «está implementando sus compromisos» en línea «con la práctica legislativa estándar» y «manteniendo a la administración estadounidense plenamente informada en todo momento».
«Seguimos plenamente comprometidos con una relación transatlántica previsible y mutuamente beneficiosa. En caso de que Estados Unidos adopte medidas incompatibles con la Declaración Conjunta, mantendremos abiertas todas nuestras opciones para proteger los intereses de la UE», advirtió la Comisión, que también reclamó «claridad sobre los compromisos» de Washington.
En el pacto –anunciado en una Declaración Conjunta el 21 de agosto de 2025 y conocido como Acuerdo de Turnberry, por el nombre del campo de golf de Trump en Escocia–, la Unión Europea aceptaba un arancel del 15% para la mayoría de productos europeos, a cambio de que Estados Unidos exporte la mayoría de los suyos al 0%.
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Sin embargo, en febrero pasado, la Corte Suprema de Estados Unidos invalidó gran parte de los aranceles impuestos por Trump, considerando que no tenía la autoridad legal para hacerlo. Frente a esto, el republicano apeló a vías legales alternativas para imponer un nuevo arancel global del 10%, que en teoría debe ser ratificado por el Congreso en julio.
La lenta implementación del acuerdo irrita a Trump
Sin explayarse en sus motivos, Trump acusó a la Unión Europea de no respetar el acuerdo comercial «como es habitual».
Kelly Ann Shaw, una de las principales asesoras comerciales del republicano en su primer mandato y ahora socia del bufete Akin Gump Strauss Hauer & Feld, afirmó a Reuters que el lento avance en la implementación del pacto por parte de la Unión Europea llevó a una ruptura inevitable.
Y es que los Estados miembros aún deben ratificar el texto, después de que el Parlamento Europeo haya pedido una serie de salvaguardas que permitan suspender el acuerdo si Trump avanza con nuevos aranceles al bloque comunitario o si amenaza su integridad territorial, como ocurrió en enero cuando manifestó su deseo de tomar el control de la isla de Groenlandia.
Pese a estas trabas, el Ejecutivo y el Legislativo europeos tienen previsto completar la implementación del acuerdo en junio próximo.
De todos modos, Shaw subrayó que «Estados Unidos implementó efectivamente el Acuerdo de Turnberry en agosto, y casi un año después, todavía no hemos visto que la UE reduzca ni un solo arancel».
Pero en diálogo con Reuters, Bernd Lange, jefe del comité de Comercio Internacional del Parlamento Europeo, tachó el comportamiento de Trump de «inaceptable».
«Esta última medida demuestra la poca fiabilidad de Estados Unidos. Ya hemos presenciado estos ataques arbitrarios por parte de EE. UU. en el caso de Groenlandia; esta no es la manera de tratar a socios cercanos. Ahora solo podemos responder con la máxima claridad y firmeza, haciendo uso de la solidez de nuestra posición», remarcó.
Un golpe más a una economía castigada
El anuncio de Trump tomó desprevenidos a los representantes de la industria automotriz, que llaman a evitar una escalada mayor en el enfrentamiento comercial.
La presidenta de la Asociación Alemana de la Industria Automotriz (VDA), Hildegard Müller, urgió a Washington y Bruselas a entablar conversaciones rápidas y a honrar los acuerdos existentes, a la vez que advirtió que las tarifas adicionales causarán costos enormes que posiblemente impactarán también en los consumidores estadounidenses.
Por su parte, Jennifer Safavian, directora ejecutiva de Autos Drive America –que representa las operaciones estadounidenses de los fabricantes extranjeros de automóviles–, señaló que los nuevos gravámenes «amenazarían el progreso que ya se ha logrado para abrir los mercados de la UE y hacer crecer la industria automovilística estadounidense».
Tras conocerse el anuncio, las acciones de Ford Motor cayeron hasta un 2,4% en la Bolsa de Nueva York, mientras que Stellantis registró un descenso de hasta un 3,3% y General Motors se hundió un 1,5%.
En un tono más confrontativo, Marcel Fratzscher, presidente del instituto económico DIW, reclamó que Berlín y Bruselas muestren «de una vez por todas firmeza y planten cara a Trump». Para el economista alemán citado por Reuters, la UE debe imponer aranceles de represalia a las empresas tecnológicas estadounidenses porque «solo así se podrá evitar una escalada continua».
Asimismo, el anuncio de aranceles amenaza con asestar un golpe más a una economía mundial duramente golpeada por la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán, que ha desembocado en el aumento de los precios del petróleo y el gas natural por el cierre del estrecho de Ormuz.
Así, la apuesta de Trump es arriesgada cuando los estadounidenses ya cuestionan su manejo del alto costo de vida. Controlar la inflación fue una de las cartas principales de la campaña del republicano, pero en marzo el índice de precios anual llegó al 3,3%, por encima de la cifra que había heredado.
Frente a este panorama, la última encuesta del Centro de Investigación de Asuntos Públicos NORC y la agencia The Associated Press reflejó que solo el 30% de los estadounidenses consultados aprobaba la gestión económica de Trump. No cambiar esta tendencia puede hacer peligrar los resultados del Partido Republicano en las elecciones legislativas de medio término, previstas para noviembre.
La relación entre Washington y Bruselas, en su punto más bajo
La amenaza de nuevos aranceles no hace más que añadir presión a las desgastadas relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea.
Al tire y afloje comercial, a inicios de año se ha sumado la intención manifiesta de Trump de tomar el control de Groenlandia y, posteriormente, los reproches del presidente estadounidense a sus aliados de la OTAN, sobre todo los europeos, por no brindar suficiente apoyo en su guerra contra Irán o en la creación de una coalición para reabrir el estrecho de Ormuz.
Ryan Majerus, exfuncionario del Departamento de Comercio de Estados Unidos, le señaló a Reuters que este movimiento del jefe de la Casa Blanca «no va a sentar bien en la UE».
«No estoy seguro de que a la administración le importe, porque son increíblemente hostiles hacia la UE», añadió Majerus.
En tanto, Scott Lincicome, analista del libertario Centro de Estudios de Políticas Comerciales del Instituto Cato, criticó que las advertencias de Trump son «solo otro ejemplo de por qué estos acuerdos comerciales son humo».
«Todos se basan en apretones de manos, guiños y la esperanza de que Trump no se enfade por algo», sentenció.
Con Reuters, AP y EFE










