El mar no espera: Los niños y adolescentes de Ensenada se suman a la defensa ambiental

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La alegría de Mahina, Damián y sus amigos está en las frías olas del Pacífico mexicano, donde aprenden a surfear y a defender el mar. Desde una edad muy temprana entendieron que incluso el paraíso puede ser intervenido o contaminado.

Cuando entran en sus trajes de neopreno, Renata y Mahina, ambas de nueve años, miran de reojo las corcholatas que sacaron del cantil. Están en 3 Emes, una playa que estuvo a punto de desaparecer a causa del megaproyecto de ampliación del puerto de El Sauzal. De haber ocurrido, esta y cuatro playas más estarían entre concreto. Nada de revolcones en las olas, lo que más había extrañado Alejandro, de 14 años.

En la Bahía de Todos Santos, a poco más de 100 kilómetros de la frontera entre México y Estados Unidos, empezó el surf mexicano. Hoy, quienes se inician en el deporte lo suelen hacer frente al poblado de Manchuria, el pueblo pesquero más antiguo de Ensenada, Baja California, establecido por inmigrantes japoneses.

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Desde las playas de Baja California, estos guardianes de la naturaleza cuidan del mar para asegurar su futuro.

Yolanda Sierra

Por su clima mediterráneo, la bahía suele estar envuelta de una bruma capaz de ocultar el sol, pero esta tarde de abril no es el caso. El viento es fresco y las islas se recortan con claridad sobre el océano. El Pacífico frente a Baja California forma parte del tramo sur de la corriente de California que lleva aguas de deshielo hacia el ecuador. Es uno de los entornos costeros más abundantes del planeta, que nutre la vocación pesquera de El Sauzal. La ampliación del puerto hubiera redefinido esto.

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El megaproyecto que paró una comunidad

“El puerto era para barcos de carga de contenedores y para almacén de combustibles”, explica la surfista y doctora en medioambiente y desarrollo, Beatriz Ibarra, integrante de Nosotras y el Mar, una de la veintena de organizaciones ciudadanas que exigió frenar el proyecto. Para ellos, la iniciativa respondía más a intereses empresariales que a los de la población, “para satisfacer necesidades que ya no caben en puertos estadounidenses, como el de Long Beach”.

A 10 kilómetros de El Sauzal, en el puerto de Ensenada, entran y salen mercancías entre Asia y América. También está la terminal de cruceros más importante del Pacífico mexicano: en 2025, este puerto recibió 360 cruceros, 24% más que en 2024. Y, por su conexión geográfica, a 30 kilómetros del puerto se instaló una terminal de almacenamiento y licuefacción de suministros de gas fósil estadounidense que irán a mercados extranjeros.

El tráfico de buques contenedores representa una presión ambiental significativa para la vida en los puertos. Sus motores emiten gases como óxidos de nitrógeno y dióxido de azufre que, al reaccionar en la atmósfera, forman partículas microscópicas capaces de ingresar al organismo humano y que están relacionadas con enfermedades cardiovasculares y respiratorias.

El mar no espera: Los niños y adolescentes de Ensenada se suman a la defensa ambiental
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