Santo Domingo.- Han pasado trece meses desde la madrugada que partió en dos la historia reciente de República Dominicana. El derrumbe del techo de la discoteca Jet Set dejó 236 muertos, más de 180 heridos y a un país entero atrapado entre el luto, las preguntas y la exigencia de justicia.
Este viernes, familiares, sobrevivientes y amigos volvieron a reunirse en la llamada “zona cero”, el lugar donde aquella noche del 8 de abril de 2025 se convirtió en tragedia mientras el merenguero Rubby Pérez amenizaba una de las tradicionales fiestas de los lunes.
Allí, entre velones, flores, fotografías y lágrimas contenidas, los nombres de las víctimas volvieron a escucharse uno por uno, como una forma de impedir que el tiempo los convierta en cifras.
Las cifras que dejó el dolor
Detrás de cada número hay una historia interrumpida:
- 236 personas fallecieron tras el colapso del techo.
- Más de 180 personas resultaron heridas.
- 174 niños y adolescentes quedaron huérfanos.
- De esos menores, 34 perdieron a ambos padres.
- El Gobierno tuvo que intervenir más de 230 hogares afectados para asistencia psicológica y económica.
- El país vivió varios días de duelo nacional decretados por el presidente Luis Abinader.
Pero la herida más profunda no aparece en los informes oficiales. Está en las sillas vacías, en los cumpleaños sin celebrar y en los niños que crecieron demasiado rápido después de aquella madrugada.
Una tragedia anunciada
Con el paso de los meses, las investigaciones comenzaron a revelar detalles que aumentaron la indignación social. Testimonios de empleados, sobrevivientes y expertos apuntaron a señales previas de deterioro estructural, filtraciones y desprendimientos en el techo del local.
El Ministerio Público sostiene que existió negligencia y falta de intervención preventiva en la estructura del centro nocturno. Incluso, trece meses después del desastre, las autoridades arrestaron a los propietarios Antonio y Maribel Espaillat bajo acusaciones vinculadas al caso.
Para muchos familiares, sin embargo, el proceso judicial avanza con lentitud.
“Lo que queremos es justicia, no discursos”, repetían algunos de los asistentes durante el acto conmemorativo realizado en silencio y bajo un ambiente cargado de dolor.
La noche que cambió al país
La tragedia del Jet Set no solo estremeció por la magnitud de las víctimas, sino por lo que representaba ese lugar en la vida nocturna dominicana. Durante décadas, el establecimiento fue símbolo de fiesta, música y encuentro generacional.
- Allí coincidían empresarios, artistas, deportistas, empleados y familias enteras.

Esa madrugada, el país perdió figuras conocidas, entre ellas el exbeisbolista Octavio Dotel, la gobernadora Nelsy Cruz y el propio Rubby Pérez, cuya voz quedó silenciada entre los escombros.
Trece meses después
Hoy, en la zona cero, ya no quedan sirenas ni brigadas de rescate. Solo flores secas, fotografías protegidas por plástico y mensajes escritos a mano que se niegan a desaparecer.
Trece meses después, el Jet Set sigue siendo más que una tragedia: es una herida abierta en la memoria colectiva dominicana.
Y mientras las familias continúan esperando respuestas definitivas, hay algo que permanece intacto entre los escombros invisibles del tiempo: la exigencia de justicia para quienes nunca regresaron a casa.









