Tras el caso de Venezuela, una eventual intervención en Irán divide al marginado Congreso de EE. UU.
Los legisladores estadounidenses esperan con ansias el próximo paso de su presidente. Donald Trump se dio «entre diez y quince días» para decidir si es posible un acuerdo con Irán.
Luego de que el jefe de la Casa Blanca ordenara la captura del presidente Nicolás Maduro el 3 de enero, sin consultar ni informar previamente al Congreso estadounidense —que se supone tiene la última palabra sobre los conflictos armados en el extranjero—, los funcionarios electos estadounidenses se quejan de que la Administración Trump los está dejando una vez más «a ciegas».
«Ojalá pudiera decir que me informaron, ¡pero no sé nada! Si no informar a los líderes del Congreso es una estrategia, es un error», lamentó Mark Warner, vicepresidente del Comité de Inteligencia del Senado, el 19 de febrero.
Los senadores estadounidenses más intervencionistas, por su parte, pueden afirmar que el presidente los escucha, pero no están mejor informados. Por ejemplo, el senador republicano Ted Cruz, de Texas, se jactó en ‘Fox News’ el 18 de febrero de haber instado al presidente estadounidense dos días antes a «no dejar pasar esta oportunidad».
«El ayatolá (Alí Jamenei) canta regularmente ‘Muerte a Estados Unidos’. Ver derrocado el régimen de los mulás sería un avance considerable para el pueblo iraní, para Medio Oriente y, sobre todo, una mejora considerable para la seguridad nacional de Estados Unidos«, añadió.
El tono belicoso se vio reflejado en las declaraciones del senador republicano Lindsey Graham, conocido por su postura de línea dura. «Este es el momento de tomar una decisión. Elijo al pueblo iraní antes que al ayatolá asesino. Es hora de que se vaya», declaró el legislador de Carolina del Sur, quien, sin embargo, insistió en que no era tarea de Estados Unidos «reconstruir Irán». «Es mi tarea darles la oportunidad de construir un nuevo Irán», afirmó también.
«El Congreso debe decidir sobre la guerra»
Sin embargo, esta señal de alarma de los neoconservadores no puede ocultar la inquietud entre los funcionarios electos, tanto demócratas como republicanos. Dos representantes, el demócrata de California, Ro Khanna, y el republicano de Kentucky, Thomas Massie, expresaron conjuntamente su oposición a cualquier acción militar contra Irán.
El 19 de febrero, anunciaron que intentarían forzar una votación la próxima semana sobre una resolución que requiere la autorización del Congreso antes de que Estados Unidos pueda atacar a Irán.
«El Congreso debe votar sobre la guerra de acuerdo con nuestra Constitución. El representante Ro Khanna y yo nos aseguraremos de que esta votación se lleve a cabo en la Cámara lo antes posible» –sostuvo Thomas Massie en X–. Votaré para priorizar a Estados Unidos, lo que significa votar en contra de otra guerra en Medio Oriente”.
Si bien se espera que una eventual votación para restringir los poderes del presidente sea reñida, tiene pocas posibilidades de aprobarse. Aunque los 214 representantes demócratas apoyaran esa resolución simbólica, ninguno de los 218 miembros republicanos de la Cámara ha declarado su intención de respaldarla, con la excepción de Thomas Massie.
El republicano Don Bacon, de Nebraska, ha manifestado su postura de ir en contra de la medida, a pesar de haber apoyado previamente un dictamen para prohibir al presidente el uso del Ejército estadounidense en Venezuela, que fue derrotada por un estrecho margen en la Cámara de Representantes el 22 de enero.
De hecho, los representantes republicanos que abogan por una postura aislacionista, opuesta a cualquier intervención extranjera, mantienen un perfil bajo.
Si bien durante la Guerra de los Doce Días entre Israel e Irán (del 13 al 24 de junio de 2025), el representante republicano Tim Burchett, de Tennessee, se atrevió a señalar que «los republicanos que promueven un conflicto con Irán son ‘proxenetas de guerra’«, ha guardado silencio desde entonces.
Lo mismo puede decirse de Josh Hawley, senador republicano de Misuri y firme defensor de Israel, quien aseveró: «No quiero que entremos en guerra. No quiero otra guerra en Medio Oriente».
Amenazas de muerte contra opositores a la guerra
Los pocos funcionarios electos que se han pronunciado en contra de la acción unilateral de la Casa Blanca se enfrentan a represalias, incluso amenazas de muerte.
El senador demócrata de Arizona, Mark Kelly, expiloto de ataque de la Marina y astronauta, instó al personal militar estadounidense en un video publicado en noviembre de 2025 a rechazar órdenes ilegales.
Después de que Donald Trump denunciara esto como «comportamiento sedicioso, castigado con la muerte», el legislador tuvo que emprender acciones legales para impedir que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, redujera su rango militar y su pensión del Senado.
Tras ganar su caso el 12 de febrero, el demócrata advirtió inmediatamente que «el uso de la fuerza contra Irán tendría consecuencias negativas», criticando a Trump, a quien describió como «un tipo incapaz de rodearse de las personas adecuadas, obtener la información correcta y tomar decisiones informadas sobre cualquier tema».
Según Jamie Raskin, líder demócrata del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, las opciones de su bancada para contrarrestar a Trump son limitadas.
«Estamos haciendo todo lo posible por mantenernos firmes en los comités y subcomités, así como en la Cámara de Representantes, pero ser minoría obviamente nos deja con menos herramientas legislativas de las que desearíamos», enfatizó, añadiendo que la bancada demócrata se ha sumado a decenas de demandas contra la administración.
El representante demócrata está particularmente preocupado porque «una vez disueltos los poderes legislativos, será muy difícil recuperar el control de los poderes presidenciales, que han quedado sin control».
Un poder legislativo desarmado
Si bien Donald Trump no oculta su desprecio por el Congreso, al que acusa de «filtrar información», surge la pregunta de si el principal órgano legislativo del país aún constituye un freno al poder.
«Lo que hemos visto durante el último año representa una verdadera escalada de la interferencia del poder ejecutivo en áreas que históricamente han sido competencia del Congreso», explica Molly Reynolds, directora de estudios de gobernanza del Brookings Institution, un centro de estudios independiente.
La politóloga observa que Trump ha atacado al Legislativo, buscando despojar a los congresistas de sus facultades para supervisar el gasto, las agencias y la declaración de guerra, con el fin de apropiárselas.
Como prueba, las intervenciones militares estadounidenses planeadas en siete países en 2025 (Venezuela, Nigeria, Somalia, Yemen, Siria, Irak e Irán) se llevaron a cabo, en su mayoría, sin la aprobación del Congreso.
Tras verse obligados a observar como espectadores la incursión en Venezuela a principios de enero, los legisladores estadounidenses ya anticipan que se les mantendrá al margen en caso de un nuevo ataque de su país en Irán.
Artículo adaptado de su versión en francés.


