En general, el ciclo de juego se repite todo el tiempo, pero Yoshi and the Mysterious Book logra mantener la frescura con niveles cuya resolución varía según el personaje investigado: a veces saltas, otras nadas, surfeas o vuelas. Afortunadamente, nunca es demasiado fácil. Si quieres ser completista, tendrás que detenerte a pensar un poco más. Mantiene un poco de esa magia que tuvo Super Mario Wonder.
Si hay algo que conviene señalar, es que Nintendo sigue usando a Yoshi como su personaje “lindo”, cambiándole el material y la estética en cada entrega. Ya tuvimos un Yoshi de lana, uno de cartón y ahora uno que parece salido de un cuento infantil. Son decisiones visuales atractivas y ayudan a diferenciar cada juego, pero rara vez están conectadas con la experiencia en sí. En este caso ocurre lo mismo: si Yoshi and the Mysterious Book dejara de intentar ser un cuento, funcionaría exactamente igual.
Durante las horas que pasé con Yoshi and the Mysterious Book me sentí como en un refugio. Pero no uno que fomente el brainrot con estímulos rápidos, sino uno que te obliga a ahondar en un mundo como si fueras un niño, lleno de curiosidad y preguntas.
Todavía es muy pronto para decir si Yoshi and the Mysterious Book será un éxito rotundo, pero puedo confirmar que debería pasar desapercibido, independientemente de si tienes 10 años o 40. Es uno de esos títulos que pones cuando solo quieres estar en un entorno seguro, relajante, donde todo está bien.










