Colombia elige este domingo 21 de junio a su próximo presidente en una segunda vuelta que enfrenta dos maneras totalmente opuestas de entender el país.
De un lado, el ultraderechista Abelardo de la Espriella, un abogado que promete mano dura y ruptura total de las políticas del gobierno del presidente Gustavo Petro. Del otro, Iván Cepeda, un senador que busca continuidad de las reformas iniciadas por Petro, el primer mandatario de izquierda del país.
Los dos cierran una larga campaña entre acusaciones cruzadas, denuncias de un posible fraude y el miedo entre parte de la población a un eventual brote de violencia cuando se conozca al vencedor, dada la polarización creciente en el país.
Las urnas abren a las 8.00 hora local (13 GMT) y cierran a las 16.00 (21 GMT). Se encuentran habilitados para votar 41,2 millones de colombianos dentro y fuera del país. Desde la medianoche del viernes 19 de junio rige el silencio electoral, que prohíbe el proselitismo y la difusión de sondeos hasta que cierren las mesas.
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El derechista De la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, dio la sorpresa en la primera vuelta del 31 de mayo al terminar primero, con el 43,74% de los votos, por encima del izquierdista Cepeda, del Pacto Histórico, que sumó el 40,90%.
Antes de que comenzara la veda, las encuestas mostraban como favorito a De la Espriella, conocido como “El Tigre”. El ponderador del medio independiente ‘La Silla Vacía’, el último difundido, le daba el 51% de intención de voto frente al 43% del candidato oficialista.
En el último día de campaña, Cepeda pidió a sus seguidores movilizarse y cuidar el voto, con la mira puesta en lo que llamó el segundo gobierno progresista del país. Mientras que De la Espriella desconfía de los sondeos y reclamó a los suyos ir a votar temprano y llevar más gente a las urnas.
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Mano dura frente a continuidad de política social
De la Espriella, de 47 años, es un abogado millonario con nacionalidad colombiana, italiana y estadounidense que nunca ha ocupado un cargo público.
Impulsó su candidatura a través del rechazo a Petro y la promesa de una guerra sin tregua contra guerrillas y narcotraficantes. Admirador de Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei, propone construir megacárceles, bombardear al narcotráfico con apoyo de Estados Unidos e Israel y acabar con la JEP, el tribunal nacido del acuerdo de paz de 2016 con la extinta guerrilla de las FARC.
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En lo económico, pretende dolarizar, abrir la puerta al fracking, recortar el Estado en un 40% y bajar impuestos para achicar un déficit fiscal cercano al 7% del PIB.
Su pasado como defensor de paramilitares ligados al narcotráfico y sus declaraciones tildadas de machistas y homófobas le valieron fuertes críticas de amplios sectores.
Cepeda, de 63 años, es filósofo y defensor de derechos humanos, y fue una figura clave en la política de paz del gobierno actual. Prometió profundizar la agenda de Petro, sostener las reformas sociales y abrió la posibilidad de retomar los diálogos con grupos armados ilegales, una apuesta cuestionada que esta semana permitió el desarme de cien combatientes guerrilleros en una zona selvática del sur de Colombia.
Hijo de un dirigente comunista asesinado, ganó notoriedad por llevar a los tribunales al expresidente Álvaro Uribe.
Tras la primera vuelta moderó su discurso y aceptó revisar la estrategia de paz del oficialismo, denominada «Paz total».
Sobre el respaldo de Trump a su rival, Cepeda afirma que Colombia no será una «colonia» de Estados Unidos y llamó al mandatario norteamericano «magnate convicto».
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Detrás de los nombres se juega algo más grande: el balotaje funciona como un veredicto sobre el primer gobierno de izquierda en la historia de Colombia.
Petro, que no podía ser reelecto porque la Constitución lo prohíbe, deja el poder con una popularidad alta entre los más vulnerables, beneficiados por la caída de la pobreza, el alza de los salarios y la baja del desempleo.
Sin embargo, otra parte del país le reprocha ser responsable de una nueva ola de violencia, con carros bomba, ataques con drones y el asesinato de un candidato presidencial.
«Hay otra parte del país que vota por miedo al modelo que considera dañino», resumió ante la agencia AFP Julián López, de la consultora Nalanda Analytica.
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Alertas de posible fraude antes de votar
La recta final estuvo marcada por acusaciones de compra de votos y advertencias de un posible fraude.
Petro no reconoció el conteo preliminar de la primera vuelta, en la que el más votado fue el opositor De la Espriella, y desde entonces denuncia supuestas irregularidades en el proceso que maneja la Registraduría.
«Solicito unos escrutinios en tranquilidad, sin violencia entre nadie, pero con máxima vigilancia ciudadana», escribió el viernes 19 de junio en su cuenta de X. Cepeda, en cambio, terminó por aceptar los resultados días más tarde, cuando los jueces hicieron el escrutinio con fuerza legal.
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El registrador nacional, Hernán Penagos, descartó cualquier fraude y defendió la transparencia del sistema. En la misma línea se encuentran las misiones internacionales, que enviarán 1.694 observadores por todo el país. Uno de ellos, que pidió no ser nombrado, dijo a la agencia EFE que no hallaron irregularidades.
La Defensoría del Pueblo instó a los candidatos y a los dirigentes políticos a bajar el tono, defender las instituciones y no lanzar denuncias de fraude sin pruebas.
La tensión escaló con la denuncia penal que Cepeda presentó ante la Fiscalía y la Corte Penal Internacional contra De la Espriella, a quien señala de supuestos vínculos con paramilitares, incriminación que el ultraderechista niega.
A eso se suma el respaldo de Trump, que prometió apoyo al derechista y la fuerza total de Estados Unidos si gana, un gesto que el Gobierno de Petro entendió como injerencia en asuntos internos.
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408.000 uniformados y temor a la violencia
Para este domingo electoral, las autoridades preparan un fuerte operativo de seguridad. El ministro de Defensa, Pedro Sánchez Suárez, informó que 248.000 militares y policías estarán desplegados de forma directa y otros 160.000 cumplirán tareas de apoyo. En conjunto, son 408.000 efectivos.
El foco está puesto en las zonas rurales, donde sigue activo el conflicto armado y hay denuncias de amenazas a los votantes.
El propio ministro admitió que la inteligencia militar maneja información sobre posibles disturbios cuando se den a conocer los resultados.
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En el entorno de De la Espriella preocupan eventuales protestas si pierde Cepeda, después de que un exfuncionario del Gobierno Carlos Carrillo deslizara que el país podría «incendiarse». El candidato derechista respondió pidiendo a los jóvenes no dejarse «utilizar».
Desde la ONG International Crisis Group, la analista Glaeldys González Calanche advirtió de riesgo de violencia poselectoral, aunque confía en que las instituciones y los observadores ayuden a contenerla.
Los primeros resultados oficiales empezarán a conocerse poco después de las 16.00, cuando cierren las mesas. Para entonces, Colombia sabrá si decide sostener el giro a la izquierda que abrió Petro o si gira al rumbo conservador que marcó casi toda su historia.
Con EFE, AFP y AP











