Deshielo. México y España parecen estar entrando en una nueva fase. La visita del rey Felipe VI a México, donde sostendrá una reunión con la presidenta Claudia Sheinbaum y asistirá a un partido de la selección española durante el Mundial de fútbol, se ha convertido en la señal más visible del acercamiento entre ambos países tras años de desencuentros diplomáticos.
Será la primera vez que el monarca español se reúna con un jefe de Estado mexicano desde que las relaciones bilaterales se deterioraron durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, AMLO.
Felipe VI había visitado México por última vez en 2018 para asistir a la toma de posesión del entonces mandatario mexicano, pero meses después de ese evento, una carta abierta del político mexicano exigiendo que la corona española se disculpara por abusos cometidos durante la conquista, marcó distancia entre ambos países a nivel diplomático.
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Sin embargo, en los últimos meses ambas partes han multiplicado los gestos de acercamiento. La reunión prevista entre Sheinbaum y el rey español llega después de las visitas a México del ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, y del vicepresidente primero del Gobierno español, Carlos Cuerpo, quienes sostuvieron encuentros con la mandataria mexicana para impulsar una nueva etapa en la relación bilateral. La propia presidenta confirmó que invitó al monarca a Palacio Nacional aprovechando su viaje al país.
“Y pues como viene a México, pues es un jefe de Estado, ya lo invito a que venga a Palacio Nacional, para recibirlo aquí y platicar luego de este tema y otros temas en la relación México-España”, aseguró Sheinbaum el 24 de junio.
Aunque Sheinbaum adelantó que será una reunión breve, aseguró que abordará asuntos relacionados con los pueblos originarios. “Vamos a hablar siempre de los pueblos originarios, de la importancia de los pueblos en México a lo largo de la historia, desde antes de que llegaran los españoles y ahora, y el valor que representan para el país, entre otras cosas”, afirmó la presidenta.
Según la Casa Real, la escala de Felipe VI en Ciudad de México responde a una invitación de Sheinbaum antes de trasladarse a Guadalajara, donde asistirá al encuentro entre España y Uruguay correspondiente a la fase de grupos del Mundial. La institución enmarcó el viaje en un contexto de “intensificación de las relaciones bilaterales” entre ambos países.
Detrás de los gestos diplomáticos también hay objetivos económicos. Durante una reciente visita a Ciudad de México, el vicepresidente español Carlos Cuerpo planteó la meta de duplicar el comercio bilateral y aumentar en un 50% la inversión entre ambos países durante los próximos cuatro años. Actualmente, la inversión conjunta ronda los 100.000 millones de euros, mientras que el intercambio comercial alcanza los 10.000 millones de euros.
Entre cultura y fútbol, cronología del acercamiento
En marzo de 2019, el mandatario mexicano envió una carta al rey español solicitando que España reconociera los abusos cometidos durante la conquista y ofreciera disculpas a los pueblos originarios. “Envié ya una carta al Rey de España y al Papa para que se haga un relato de agravios y que se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones a lo que ahora se conoce como derechos humanos; hubo matanzas, imposiciones… la llamada conquista se hizo con la espada y con la cruz», aseguró en un video AMLO.
La misiva, que posteriormente fue filtrada a la prensa, provocó una respuesta inmediata de Madrid, que repudió «con firmeza» la petición. “Rechazamos con toda rotundidad su contenido”, respondió La Moncloa, añadiendo que, “la llegada, hace 500 años, de los españoles a las actuales tierras mexicanas no puede juzgarse a la luz de consideraciones contemporáneas. Nuestros pueblos hermanos han sabido siempre leer nuestro pasado compartido sin ira y con una perspectiva constructiva”, dijeron.
Durante los años siguientes, la exigencia de disculpas se convirtió en uno de los principales puntos de fricción entre ambos países. La tensión alcanzó uno de sus momentos más simbólicos en octubre de 2024, cuando la presidenta Claudia Sheinbaum, la primera mujer presidenta, decidió no invitar a Felipe VI a su toma de posesión, argumentando un «agravio cometido a México».
Pero el punto de inflexión comenzó a gestarse un año después y llegó por una vía inesperada: la cultura. En octubre de 2025, Madrid inauguró la exposición “La mitad del mundo. La mujer en el México indígena”, una muestra que reunió cerca de 400 piezas prehispánicas mexicanas. En ese contexto, el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, reconoció que «ha habido dolor e injusticia hacia los pueblos originarios. Hubo injusticia, justo es reconocerlo y lamentarlo».
Meses después, durante una visita a la exposición, Felipe VI también hizo referencia al pasado colonial al afirmar que durante la presencia española en América «hubo mucho abuso» y «controversias éticas». Las declaraciones fueron bien recibidas por el Gobierno mexicano y marcaron el inicio de un progresivo acercamiento diplomático.
“Es importante tomar en cuenta lo que dijo y pues mañana va a ser una reunión cordial y vamos a platicar de los distintos temas, de mi parte yo lo que le quiero explicar es lo que significa eso para México”, afirmó Sheinbaum este miércoles en su conferencia matutina.
El siguiente paso llegó de la mano del fútbol. Tras varios meses de contactos y visitas de alto nivel entre ambos gobiernos, la Copa Mundial de 2026 terminó convirtiéndose en el escenario para sellar el deshielo. Invitado por la presidenta Sheinbaum y por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, Felipe VI aceptó hacer una escala en Ciudad de México antes de viajar a Guadalajara para asistir al encuentro entre España y Uruguay.
Siete años después del inicio de la crisis diplomática, el rey volverá a ser recibido en Palacio Nacional. La reunión será breve, pero simboliza un acercamiento que parecía impensable hace apenas unos años.
Siete años de tensión, dos lecturas distintas
Pero más allá de los gestos simbólicos, la reunión entre Felipe VI y Claudia Sheinbaum también reabre un debate sobre qué tan profunda fue realmente la crisis entre ambos países. Para Érika Ruiz Sandoval, Gestora de la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad Iberoamericana, el conflicto nunca debió existir. «Todo este supuesto malentendido o este supuesto distanciamiento es toda una fabricación que beneficiaba quizá al partido en el poder o al liderazgo en particular», sostiene.
«España es el país más importante de la Unión Europea para un país como México», dice. «Todo este supuesto distanciamiento es una fabricación que beneficiaba quizá al partido en el poder o al liderazgo en particular».
En su lectura, lo que se vivió estos siete años no fue una crisis diplomática en sentido estricto, sino una postura discursiva que nació de «una percepción individual de López Obrador» y que Sheinbaum continuó «sin atreverse a cambiar ni una coma».
La académica incluso cuestiona que pueda hablarse de una auténtica crisis diplomática. «Diplomática era solo de un lado, era una cuestión inventada», señala. «Realmente ni las relaciones se pausaron. Los vínculos de inversión, sobre todo en ambos sentidos, son tremendamente importantes para ambas partes», agregó.
La presidenta Claudia Sheinbaum durante su conferencia de este miércoles aseguró: “Nunca se rompieron relaciones, jamás, porque las relaciones siguieron, el turismo, el comercio, en fin, siguió de manera muy importante con España y el gobierno español, también con el presidente Sánchez”, aseguró la mandataria.
Una visión más matizada tiene la internacionalista Arlene Ramírez Uresti, académica de la Universidad Iberoamericana. Aunque considera que la carta enviada por López Obrador en 2019 estuvo fuera de los cauces diplomáticos tradicionales, cree que el tema de fondo no puede descartarse por completo.
«Fue una solicitud fuera del tono diplomático, eso hay que decirlo», explica. Sin embargo, agrega que el debate sobre el reconocimiento a los pueblos originarios «es un tema incómodo, por supuesto, pero que era necesario tratar».
Ramírez Uresti reconoce que el fondo del reclamo puede ser legítimo, otros actores internacionales han pedido disculpas por ofensas históricas en distintos contextos, pero señala que lo que generó el mayor ruido fue la forma.
«Fue una solicitud fuera del tono diplomático, eso hay que decirlo. Algo que no fue fuerte en el gobierno del expresidente López Obrador fue la política exterior», afirma la académica. «Se abrieron frentes de controversia con España innecesariamente, porque la diplomacia tiene formas, protocolos y canales».
Según la académica, existió un error estructural en la interlocución: López Obrador dirigió su carta al rey, omitiendo que en una monarquía parlamentaria las funciones políticas corresponden al presidente del Gobierno, no al jefe de Estado.
No obstante, el documento de 2019 guardaba un profundo simbolismo histórico al apelar directamente al monarca como el máximo representante de la Corona española. «La Casa Real no tiene, por Constitución, las atribuciones para contestar de manera directa a una misiva que le hace un jefe de gobierno, porque para eso tienen al jefe de gobierno».
Al analizar el significado de la reunión entre Sheinbaum y Felipe VI, mientras Ramírez la considera «un primer paso hacia la reconstrucción de la relación diplomática», Ruiz Sandoval sostiene que el acercamiento confirma algo que, en su opinión, nunca dejó de existir: la importancia estratégica mutua entre ambos países. Lo que sí reconocen ambas especialistas es que el mayor esfuerzo para recomponer los puentes provino de España.
«La monarquía española ha dado varias muestras de interés en acercarse al Gobierno de México», afirma Ramírez. Ruiz Sandoval va más allá y sostiene que «España ha hecho la parte gruesa de la operación diplomática» para reparar una relación que, a su juicio, «nunca se tendría que haber ni puesto en pausa ni deteriorado de forma alguna».
Contexto internacional aceleró el acercamiento
La incertidumbre internacional también aparece como un factor detrás del acercamiento. Con una relación cada vez más compleja con Estados Unidos y una revisión del T-MEC en curso, tanto México como España tienen incentivos para fortalecer otros vínculos estratégicos.
«Estados Unidos ha dejado de ser un socio confiable para la mayor parte de sus aliados históricos», advierte Ruiz Sandoval. «Eso nos está obligando a todos a buscar alternativas», agrega.
Para Ramírez, el contexto internacional también favorece una mayor cooperación entre ambos países en comercio, inversión, educación e investigación. Paradójicamente, el vehículo para iniciar esa nueva etapa no fue una cumbre diplomática ni una negociación política, sino el fútbol.
Ramírez describe el Mundial como un ejercicio de ‘soft power’, una forma de diplomacia capaz de abrir espacios de diálogo donde la política formal encuentra obstáculos.
Ruiz Sandoval utiliza una imagen distinta, pero con una conclusión similar: el torneo funcionó como «aceite de una maquinaria que de todas formas ya estaba en movimiento».
“De este ‘soft power’ puede empezar un nuevo acercamiento y una nueva etapa sin los sesgos ideológicos o de repente los sesgos de discursos que se han venido replicando. Lo demás, insisto, es importante para ambos países en términos culturales, educativos, de investigación, de cooperación técnica, pero sobre todo de inversión y de comercio”, aseguró Ramírez.
La verdadera prueba de este acercamiento podría llegar en noviembre, durante la Cumbre Iberoamericana que se celebrará en Madrid. Para Ramírez, este encuentro será clave para evaluar si el deshielo actual logra traducirse en una relación más estable y en la recuperación de mecanismos de cooperación que durante años perdieron fuerza.
“Al mismo tiempo hablaremos de otros temas, hasta de fútbol vamos a hablar”, repitió Sheinbaum previo al encuentro.










