La preocupación por el suministro de aguaen Kuwait va en aumento después de que Irán volviera a atacar centrales eléctricas y plantas desalinizadoras.
En respuesta, las autoridades pidieron a la población reducir el consumo de electricidad, en particular el uso del aire acondicionado, que demanda mucha energía, para garantizar un suministro eléctrico sin interrupciones.
Ansiedad por el agua en una región desértica
Bahrein y Kuwait ya habían sufrido ataques iraníes contra sus plantas desalinizadoras en marzo. Pero al golpear estas instalaciones en pleno verano, Irán asestó un golpe particularmente doloroso a Kuwait.
Kuwait prácticamente no cuenta con recursos de agua dulce y el 90% de su agua potable se genera en plantas de desalinización de agua de mar. Además, el país depende de la cogeneración para producir electricidad y agua desalinizada en una misma planta; con un solo ataque, Irán puede cortar al mismo tiempo el agua y la energía.
Teherán justifica estos ataques citando la presencia militar estadounidense en el país. Con unos 13.000 soldados estadounidenses en su territorio, Kuwait alberga uno de los mayores contingentes de Estados Unidos en la región.
Pero Kuwait «también sufre las consecuencias de su geografía«, señaló Raphaël Le Magoariec, experto especializado en geopolítica de la región del Golfo. Ubicado a apenas unos cientos de kilómetros del territorio iraní, Kuwait es un «blanco fácil» para Irán, que puede atacar al país de manera fácil y a bajo costo sin necesidad de recurrir a tecnología sofisticada.
Irán acusó a Washington de emplear tácticas similares cuando Estados Unidos atacó una planta desalinizadora en la isla de Qeshm el 7 de marzo. Teherán afirmó que nuevos ataques estadounidenses del 18 de julio destruyeron la planta desalinizadora de Bonji, cerca de Djask, y dañaron otra instalación en la isla de Qeshm, dejando sin agua dulce a unas 10.000 personas en alrededor de 20 aldeas, según la televisión iraní. Estados Unidos negó las acusaciones.
Este tipo de conflicto es «inédito en la región», pero era previsible, según Pierre Blanc, profesor de geopolítica en el Instituto de Ciencias Agrícolas de Burdeos y en Sciences Po Bordeaux. «La gran vulnerabilidad de este sistema de abastecimiento de agua es que depende de un puñado de plantas desalinizadoras, que son extremadamente sensibles».
Blanc sostiene que no se trata de la gran «guerra del agua» que se temía, porque bloquear el acceso al agua no es el motivo principal de estos ataques. Se trata más bien de una guerra que utiliza el agua como arma, una guerra «librada a través del agua».
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Kuwait, incapaz de responder
Los medios iraníes ya habían informado desde fines de enero sobre los planes de Teherán de atacar la infraestructura de cogeneración, indicó Clément Therme, investigador del Instituto Internacional de Estudios Iraníes.
Marcado por el trauma de la Guerra del Golfo, Kuwait se ha mantenido cauteloso frente a los alineamientos geopolíticos regionales. La dinastía gobernante Al Sabah se ha opuesto a la normalización con Israel, pero también se ha abstenido de una retórica amenazante hacia Teherán, a diferencia de varios de sus vecinos.
Aun así, Kuwait ha sido blanco de unos 1.400 ataques iraníes con misiles y drones desde febrero, según un centro de estudios israelí, lo que lo convierte en el país más atacado después de Emiratos Árabes Unidos.
«No existe conexión entre la postura política de un país y el hecho de ser blanco de Irán», afirmó Therme.
Kuwait y los intereses estadounidenses allí estacionados son atacados porque el país «no tiene fuerzas armadas capaces de responder… no va a entrar en guerra con Irán«, explicó Therme.
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La vulnerabilidad de Kuwait «le permite a Irán infligirle un costo sin sufrir consecuencias militares en su propio territorio».
Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron la guerra en Irán el 28 de febrero, el canciller iraní Abbas Araghchi y el presidente Masoud Pezeshkian han intentado «tranquilizar» a sus vecinos árabes. Los Estados de la región son «hermanos», reiteró Pezeshkian en marzo, al afirmar que el propósito de los ataques iraníes en tierras musulmanas siempre fue únicamente golpear los intereses estadounidenses.
Sin embargo, «cuando se ataca una planta desalinizadora, especialmente en Kuwait, la primera víctima no es Washington sino la población civil», señaló Rachida-Chachida Ababsa, investigadora independiente especializada en la política estadounidense en Medio Oriente.
«Lo que Kuwait vive hoy es algo que no experimentamos ni siquiera durante la invasión iraquí, en términos de presión psicológica y de no saber hacia dónde se dirigen los acontecimientos», dijo a la AFP el funcionario público kuwaití Nasser al-Dhafiri.
Irán también intenta librar una «guerra psicológica», según Ababsa. Al demostrar que puede atacar infraestructura tan vital pese a una sólida presencia militar estadounidense, Teherán busca mostrarles a las monarquías del Golfo que el paraguas de seguridad de Washington «no es total ni infalible».
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El ‘Gran Satán’
Según Therme, el conflicto actual es una extensión práctica de los objetivos de la Revolución Islámica de 1979, que llamaba a los Estados del Golfo a romper vínculos con Estados Unidos, el «Gran Satán», como condición previa para tener buenas relaciones con Teherán.
Sobre la región también se cierne una amenaza más amplia. El volumen de agua dulce natural disponible per cápita en los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), integrado por Arabia Saudita, Omán, Kuwait, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, caerá a 59 metros cúbicos para 2050 desde los 95 metros cúbicos actuales, una contracción de casi el 38 por ciento, según el Observatorio de Defensa y Clima.
Las costas del mar Arábigo, antes salpicadas de modestas aldeas de pescadores, se transformaron con rascacielos durante la fiebre del petróleo de la segunda mitad del siglo XX.
Del aire acondicionado a la desalinización, la vida moderna en Kuwait y otros Estados del Golfo depende de tecnologías que los hidrocarburos hacen posibles.
Le Magoariec sostiene que el cambio climático suele ser «barrido bajo la alfombra» por las monarquías gobernantes precisamente por esta razón: enfrentar un desafío de semejante magnitud pondría en cuestión a los regímenes de la región, que dependen por completo de los ingresos petroleros para alimentar las tecnologías que vuelven habitables zonas que de otro modo no lo serían.
Al atacar las plantas desalinizadoras, dice Le Magoariec, Irán está librando una guerra «contra la habitabilidad misma de la región».
Este artículo es una adaptación de su versión original en inglés.










