Adolescentes conectados: el desafío de escapar de la adicción al celular

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Celulares, videojuegos, tareas en línea… Las pantallas ocupan un lugar cada vez más importante en la vida de los adolescentes. Ante los riesgos de dependencia y sus posibles efectos sobre la salud física y mental, algunos padres y docentes buscan nuevas formas de limitar su uso. Reportaje de Natacha Vesnitch, Elodie Radenac y Aurore Cloé para France24.

Rayan tiene 13 años y, como nueve de cada diez niños de su edad, tiene un teléfono inteligente. Hasta hace unos meses, el estudiante pasaba varias horas al día jugando videojuegos en línea gratuitos. “Quería quedarme todo el tiempo en mi habitación, con las persianas cerradas, jugando a Fortnite, Roblox, Minecraft o Brawl Stars”, cuenta. En pocas semanas, Rayan desarrolló una fuerte dependencia a las pantallas.

Durante los días sin clases podía pasar hasta 12 horas diarias frente a un dispositivo. Su capacidad de concentración disminuyó y sus resultados escolares comenzaron a empeorar.

“No salía, estaba siempre en su habitación. Había que insistirle y cuando le quitábamos el teléfono se encerraba y podía tirar todo”, recuerda su madre.

El propio Rayan reconoce que había perdido el control: “Sentía una rabia profunda porque jugar me relajaba, pero al final ocurría todo lo contrario”. Sus padres se sentían desbordados. “Ese no era mi hijo, era muy complicado… Ya no sabíamos qué hacer con él”, explica su madre. “También sentíamos que estábamos siendo malos padres”, añade su padre. Ante la situación, la familia decidió pedir ayuda.

Como el alcohol o las drogas

En la unidad Etap (Educación terapéutica, adicciones y trauma psicológico) del centro hospitalario Georges Daumézon, en el departamento francés de Loiret, la psicóloga Sabine Duflo atiende una vez por semana a adolescentes con problemas relacionados con el uso excesivo de pantallas. El 90 % de sus pacientes son varones, con una edad promedio de 14 años, principalmente jugadores habituales de videojuegos gratuitos en línea.

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Una adolescente posa sosteniendo un teléfono móvil que muestra un mensaje de TikTok, coincidiendo con la entrada en vigor de la ley que prohíbe el uso de redes sociales a menores de 16 años en Australia, en Sídney, Australia, el 10 de diciembre de 2025.
Imagen de portada: Una adolescente posa sosteniendo un teléfono móvil que muestra un mensaje de TikTok, coincidiendo con la entrada en vigor de la ley que prohíbe el uso de redes sociales a menores de 16 años en Australia, en Sídney, Australia, el 10 de diciembre de 2025. © Hollie Adams, Reuters

Todos estos juegos tienen algo en común: un sistema de recompensas aleatorias. “Es precisamente ese elemento impredecible el que genera la dependencia”, explica Duflo, fundadora además del Colectivo contra la Sobreexposición a las Pantallas (COSE)

Para la especialista, la comparación más cercana es con otras adicciones: “La única comparación que me parece válida es con el alcohol o las drogas duras”.

Según Duflo, una de las claves para superar esta dependencia es la abstinencia temporal:

“Si su hijo tuviera 13 años y tuviera un problema con la bebida, y yo le recomendara dejarla por completo, ¿lo considerarían normal? Con los videojuegos ocurre lo mismo”, sostiene.

Los primeros días sin pantalla fueron difíciles para Rayan, pero con el tiempo la estrategia funcionó. “Ahora pienso mucho más en mis amigos, en salir con ellos”, explica. Su madre sonríe: “Ahora tenemos de nuevo a un niño que habla todo el tiempo”.

Padres que se unen frente al exceso de pantallas

En Francia, los niños reciben su primer teléfono inteligente alrededor de los 9 años y pasan, según Salud Pública Francia, más de cuatro horas diarias frente a una pantalla fuera del horario escolar. Numerosos profesionales de la salud advierten sobre posibles efectos: alteraciones del sueño, exposición a contenidos violentos o sexuales, estrés, ansiedad, depresión y dificultades de atención.

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Ante estos riesgos, algunos padres han decidido organizarse. Anne-Laure Bailly es una de las coordinadoras locales del pacto “Crecer mejor sin teléfono inteligente”, una iniciativa que anima a las familias a retrasar lo máximo posible la entrega de un celular y evitarlo antes de los 15 años.

“Si los amigos de tu hijo tampoco tienen teléfono inteligente, será mucho más fácil resistir”, explica.

Gaëlle de Waru se sumó al pacto para proteger a sus hijos. “No quiero tener un hijo dependiente de las pantallas”, afirma. Su hija Clémentine, de casi 14 años, solo tiene un teléfono básico, sin acceso a internet, al igual que dos de sus amigas más cercanas. Para ella, esta diferencia tiene ventajas: “Pasamos más tiempo juntas y conversamos mucho más”.

El dilema de las tareas escolares digitales

Sin embargo, incluso las familias más estrictas enfrentan una contradicción: muchas escuelas utilizan plataformas digitales y asignan tareas que requieren acceso a internet.

“Yo intento limitarlo, pero enfrente está la escuela que lo exige”, lamenta Gaëlle de Waru. Consultado sobre qué alternativas existen para evitar que los padres tengan que comprar dispositivos para sus hijos, el Ministerio de Educación francés no respondió.

Ante esta falta de respuestas, algunos centros educativos han decidido actuar. En el colegio Alphonse Daudet de París, su director, Sébastien Blondot, prohibió el uso de la plataforma digital escolar Pronote para los alumnos y pidió a los profesores que evitaran tareas que requieran pantallas.

“La idea es muy sencilla: explicar a estudiantes y padres que un niño no necesita un teléfono inteligente para hacer sus trabajos escolares”, afirma.

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