Opinion

Rendición de cuentas o tribuna política

Rendición de cuentas o tribuna política
  • Publishedmarzo 2, 2026

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EL AUTOR es Master en Gestión y Políticas Públicas. Reside en Santo Domingo

El pasado 27 de febrero de 2026, en el marco del aniversario de la Independencia Nacional, el presidente Luis Abinader presentó ante la Asamblea Nacional su discurso de rendición de cuentas. Sin embargo, más que un ejercicio técnico de transparencia institucional, la alocución se percibió como una pieza política orientada a responder a la oposición y reafirmar logros de su gestión.

La Constitución de la República Dominicana establece que el mandatario debe informar sobre la administración presupuestaria, la ejecución de los ingresos, el manejo del gasto público, la deuda, el estado de la economía, la seguridad ciudadana y el cumplimiento general de las políticas públicas. La rendición de cuentas no es un acto protocolar: es un deber democrático frente a los contribuyentes.

Durante casi tres horas de discurso, abundaron cifras y anuncios de obras, pero faltó un elemento esencial: explicar con claridad cómo se administraron los recursos públicos durante el año fiscal 2025.

Las cifras que requieren explicación.

De acuerdo con datos oficiales, el Gobierno recibió ingresos fiscales por RD$1.246 billones (15.6 % del PIB) y ejecutó gastos por RD$1.521 billones (19.1 % del PIB), generando un déficit fiscal de mas de RD$300 mil millones (3.45 % del PIB). Dicho déficit fue financiado mediante endeudamiento público superior a RD$350 mil millones.

Estas cifras, más allá de su magnitud, exigen respuestas puntuales:

¿Qué proporción del gasto se destinó a inversión productiva?

¿Por qué la deuda pública supera el 47.9 % del PIB?

¿Por qué la inversión de capital promedia apenas 2.1 % en los últimos cinco años?

¿Por qué la presión tributaria se mantiene entre 14.3 % y 15.6 %, lejos del 21.5 % establecido en la Estrategia Nacional de Desarrollo para el 2026?

La rendición de cuentas debió comenzar por allí: por el uso detallado del dinero público. Cada peso recaudado proviene, directa o indirectamente, del esfuerzo ciudadano. Las empresas solo actúan como agentes de retención y cuando pagan lo hacen despues de obtener ganancias; el contribuyente real es el pueblo y paga impuestos en cada producto que compra.

Obras no sustituyen transparencia.

El discurso destacó la construcción de 77 obras en San Juan, 45 en Nagua y múltiples obras en diferentes provincias en distintas provincias. Sin embargo, enumerar obras no equivale a rendir cuentas.

La ciudadanía necesita conocer cuánto se asignó a cada ministerio, cuánto se ejecutó realmente y qué resultados concretos se obtuvieron cada ministerio. La transparencia no se mide por el volumen de anuncios, sino por la calidad de la información verificable.

Además, resultó llamativa la inclusión de datos acumulados de años anteriores en una rendición de cuentas que debió circunscribirse al período enero-diciembre 2025. La evaluación democrática exige precisión anual, no balances ampliados que diluyan responsabilidades.

El discurso tampoco profundizó en temas sensibles como la inflación y sus causas estructurales, ni ofreció un análisis integrado con las autoridades monetarias. La seguridad ciudadana, el crecimiento del microtráfico en sectores vulnerables y las denuncias sobre redes de corrupción vinculadas a estructuras de control territorial merecían una explicación más directa.

La rendición de cuentas es, ante todo, un diagnóstico del estado de la nación: economía, seguridad, salud, educación, democracia y sostenibilidad.

Gobernar en una democracia implica algo más que exhibir resultados; implica explicar decisiones. Así como un director ejecutivo informa a los accionistas sobre la administración de la empresa, el Presidente debe informar con precisión a los ciudadanos sobre el manejo del Estado.

La menor asistencia a los desfiles patrióticos podría interpretarse como una señal de desconexión cívica que merece reflexión. El 27 de febrero no es solo una fecha histórica; es un recordatorio de que el poder político es delegado y temporal, mientras la patria y sus instituciones son permanentes.

Conclusión

La rendición de cuentas no debe convertirse en tribuna partidaria. Debe ser un acto de transparencia técnica, sustentado en datos claros y verificables.

La política dominicana necesita evolucionar hacia una cultura de mayor responsabilidad fiscal y mayor claridad institucional. Solo así se fortalecerá la confianza ciudadana.

Porque la democracia no se sostiene únicamente con discursos; se sostiene con cuentas claras.

of-am

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