Los partidos dejan de producir esperanza (OPINION)

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POR ALEJANDRO SANTOS

Las opciones políticas emergentes no surgen de la nada. Algo sucede antes que prepara el terreno y hace posible su aparición.

El notorio proceso de deterioro de los partidos políticos dominicanos está contribuyendo al surgimiento de figuras “emergentes” que, apoyadas en su notoriedad y en sus habilidades comunicativas, comienzan a entrar en un ruedo político tradicionalmente controlado por las organizaciones partidarias.

No se trata solamente de las aspiraciones personales de determinadas figuras. Estamos frente a una manifestación del vacío que van dejando los partidos y de la disposición de un segmento de la población —especialmente de la juventud— a considerar opciones surgidas fuera de las estructuras tradicionales.

Los partidos siguen siendo la principal vía para construir liderazgos, organizar movimientos y alcanzar posiciones electivas. Para entrar al planeta de la política había que integrarse a una organización, participar en sus organismos y recorrer una larga trayectoria hasta alcanzar reconocimiento.

La Era digital viene cambiando ese recorrido. Ahora una persona puede construir primero una audiencia, convertirse en una figura influyente y después intentar transformar esa popularidad en una propuesta política. El algoritmo puede colocar en pocos meses a una figura en el centro de atención que a un dirigente tradicional le tomaría años conquistar.

Antes, los partidos producían a sus líderes y luego los proyectaban hacia la sociedad. Ahora, las plataformas digitales pueden producir primero una figura y obligarla después a buscar un partido, una estructura territorial y un programa de gobierno.

El conocimiento de una personaje aparece ahora como representación que se anticipa a una estructura partidaria. Se invierte así la manera tradicional de entrar a la política.

Ese cambio no tendría las mismas consecuencias si los partidos conservaran intactas su credibilidad y su capacidad de representación. El problema consiste en que la influencia de las plataformas coincide con un proceso de desgaste de las organizaciones políticas.

La trayectoria de incumplimientos, el deterioro institucional y el mantenimiento de un modelo económico que acude reiteradamente al endeudamiento han contribuido a profundizar el desencanto. Mientras aumentan las obligaciones financieras del Estado, permanece la posibilidad de colocar nuevos impuestos sobre una población que no percibe mejoras proporcionales en los servicios públicos ni soluciones duraderas a sus principales problemas.

Quienes dirigen la política dominicana parecen no advertir que el modelo se aproxima a un punto de agotamiento. Cada vez queda menos espacio para aumentar impuestos con el propósito de sostener el pago de la deuda y unos gastos corrientes cargados de nóminas improductivas, duplicidad de instituciones y privilegios políticos.

La población observa que los gobiernos cambian, pero muchos problemas permanecen. El costo de la vida, la inseguridad, las deficiencias de los servicios públicos, el desorden migratorio, la desigualdad y la falta de oportunidades continúan presentes mientras los partidos concentran gran parte de sus energías en alcanzar o conservar el poder.

Las batallas electorales también han llevado a las organizaciones a utilizar métodos cada vez más agresivos de descalificación. En algunos casos, esas confrontaciones han contribuido a revelar verdades ocultas y manejos corruptos, pero también han fortalecido la percepción de que los partidos se conocen profundamente entre ellos y solo denuncian determinadas irregularidades cuando dejan de compartir el poder.

Las encuestas comienzan a ofrecer señales de que en República Dominicana existe un electorado menos atado a las lealtades partidarias.

Encuesta

La encuesta Gallup-Diario Libre de mayo de 2026 colocó al Partido Revolucionario Moderno en el primer lugar de la simpatía partidaria con un 30.4 %, seguido por un 23.5 % que respondió no simpatizar con ninguna organización. La Fuerza del Pueblo obtuvo un 19.6 % y el Partido de la Liberación Dominicana un 19.5 %.

El dato más revelador no consiste solamente en que ninguna organización alcanza por sí sola la mayoría de la simpatía partidaria. La principal advertencia es que el segundo espacio más grande no lo ocupa un partido, sino la ausencia de partido.

Otra medición de ACD Media encontró que un 54.5 % de los consultados no simpatizaba con ninguna organización. Más del 40 % también afirmó no tener “ninguna confianza” en el PRM, la Fuerza del Pueblo y el PLD.

En abril de 2024, la encuesta Mark Penn/Stagwell/Noticias SIN había registrado que un 39 % de los entrevistados no simpatizaba con ningún partido. Incluso en medio de una campaña electoral, una proporción considerable del electorado permanecía fuera de las identidades partidarias.

Los porcentajes no deben compararse como si formaran una misma serie, porque las encuestas utilizaron preguntas y metodologías diferentes. Sin embargo, todas coinciden en algo: existe una parte importante de la sociedad dominicana que no se siente representada por ninguna de las principales organizaciones.

Una referencia de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe también ha situado alrededor del 24 % la confianza de los dominicanos en los partidos políticos.

Esto significa que una persona puede votar circunstancialmente por un candidato sin sentirse identificada con el partido que lo presenta. Se apoya al liderazgo, pero no necesariamente a la organización.

A esas mediciones se agrega la abstención registrada en las elecciones presidenciales y congresuales de 2024. Alrededor del 46 % de las personas inscritas no votó en el nivel presidencial, uno de los porcentajes más altos de las últimas décadas, aunque también influyó la baja participación de los dominicanos empadronados en el exterior.

No toda abstención constituye un rechazo a los partidos ni toda persona sin simpatía partidaria está dispuesta a respaldar una figura emergente. Pero cuando las encuestas y los resultados electorales reflejan simultáneamente distanciamiento, desconfianza y menor identificación, se comienza a configurar un terreno favorable para la aparición de alternativas inesperadas.

jpm-am

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