Islandia ofrece incentivos a quienes se muden a sus pueblos rurales

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Islandia tiene unos 389.000 habitantes y casi todos viven en Reikiavik o alrededor. Fuera de esa zona quedan pueblos chicos con pocos vecinos y servicios justos.

Por eso el país mantiene varios incentivos en Islandia para sostener la vida en el campo. Sin embargo, conviene aclarar algo desde el principio, ya que circula mucha confusión.

Islandia no entrega un cheque por mudarse. A diferencia de Italia o Irlanda, aquí no existe un pago directo por instalarse en un pueblo. Lo que hay son otras herramientas, y varias resultan útiles.

Qué incentivos en Islandia existen de verdad

El país trabaja sobre tres frentes. Primero, los préstamos para crear empleo. Segundo, el transporte más barato. Y tercero, la educación pública sin cuota.

Ese enfoque explica la diferencia con otros planes europeos. En vez de pagar por llegar, el Estado abarata lo que hace difícil quedarse.

La lógica tiene sentido en un territorio así. Con apenas 23.000 personas viviendo en zonas rurales, el problema no es atraer turistas sino sostener servicios básicos.

Cada vecino que se va pesa mucho en ese cálculo. En un pueblo de doscientas personas, tres familias que se mudan pueden dejar la escuela sin alumnos suficientes.

Por eso el Estado prefiere el apoyo constante antes que el pago único. Un préstamo que sostiene un negocio durante años retiene más gente que un cheque de bienvenida.

Byggðastofnun y los préstamos para el campo

El Instituto Islandés de Desarrollo Regional, conocido como Byggðastofnun, es el organismo clave. Además, es el que maneja el dinero para proyectos fuera de la capital.

Ofrece préstamos para iniciativas que generen empleo en zonas rurales. También entrega ayudas de igualación de transporte, pensadas para la industria que fabrica lejos de los puertos grandes.

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Existe una línea aparte para negocios de mujeres en el campo. Es un detalle poco conocido y, aun así, apunta a un grupo concreto.

Ahora bien, hay una traba práctica. Los formularios están solo en islandés, así que sin ayuda local el trámite se complica bastante.

Vuelos internos más baratos para quien vive lejos

El Estado subsidia parte de los vuelos entre las zonas alejadas y Reikiavik. El programa se llama Loftbrú y funciona como un puente aéreo para residentes registrados.

El descuento se pide por el portal digital del gobierno, island.is, y cubre un número limitado de viajes al año. Alcanza a regiones como los Fiordos del Oeste, el noreste, el este y las islas Vestman.

Conviene mirar las condiciones vigentes antes de contar con el beneficio, porque el porcentaje y los viajes cubiertos se han ajustado con los años.

Ese apoyo importa más de lo que parece. En invierno la carretera se corta y el avión pasa a ser la única vía real hacia el hospital o la oficina pública.

El sistema nació mirando a Escocia, que ya usaba un esquema parecido para sus islas y tierras altas. Islandia copió la idea y la adaptó a sus propias distancias.

El costo para el Estado no es menor. Aun así, el gobierno lo sostiene porque considera el vuelo interno un servicio básico y no un lujo de turista.

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La universidad pública sin cuota

Las universidades públicas islandesas no cobran matrícula. Solo piden una cuota de inscripción, que cambia según la institución.

Además existe un fondo estatal de préstamos para estudiantes, el LÍN. Da crédito a quien cursa educación superior y aprueba una carga mínima cada semestre.

El monto depende de la vida de cada quien. Por ejemplo, pesa si el estudiante vive con sus padres, si alquila o si tiene hijos.

Para una familia joven ese punto cambia el cálculo. Estudiar sin pagar carrera libera dinero que en otros países se va entero en la matrícula.

Sin embargo, el crédito estudiantil se devuelve. Es decir, no funciona como beca y el egresado arrastra la deuda durante años.

Lo que Islandia no ofrece

Aquí conviene ser claro para evitar viajes en falso. No hay terrenos regalados ni pagos por hijo, como sí ocurre en algunos pueblos de Suiza o Japón.

Tampoco hay una vía rápida de migración. Islandia queda fuera de la Unión Europea, aunque pertenece al Espacio Económico Europeo y a Schengen, así que las reglas cambian según el pasaporte.

Para un ciudadano de fuera de ese bloque, el permiso de trabajo o residencia se tramita aparte. Ningún incentivo regional reemplaza ese paso.

El idioma suma otra barrera. El inglés funciona en Reikiavik, pero en el campo el islandés sigue siendo la lengua del trabajo y del trámite.

Por qué el país insiste con el campo

La población crece sobre todo por migración. De hecho, casi el 18 por ciento de los residentes nació fuera del país, una cifra alta para un lugar tan chico.

Ese crecimiento se concentra en la capital. Mientras tanto, los pueblos de la costa dependen de la pesca y de un turismo que llega por temporadas.

Entonces el objetivo no es llenar el campo de gente nueva. Más bien busca que quienes ya viven ahí no se muden a Reikiavik por falta de trabajo o de escuela.

Qué revisar antes de dar el paso

Primero, el estatus migratorio, ya que define si el resto siquiera aplica. Después, el idioma, porque abre o cierra el acceso al empleo local.

Y por último, el costo de vida. Islandia figura entre los países más caros de Europa, así que un sueldo rural rinde distinto que en el continente.

Con esas tres piezas sobre la mesa, la decisión deja de depender de un titular y pasa a ser un cálculo propio.

Los incentivos en Islandia funcionan mejor como apoyo para quien ya tiene un plan de trabajo o de estudio. En cambio, rinden poco para quien espera que el Estado financie la mudanza entera.

Quien quiera datos exactos hace bien en mirar el portal island.is y la web de Byggðastofnun, porque ahí aparecen los montos y las fechas de cada convocatoria.

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