POR MARCELINO LARA
Es una frase utilizada en las ciencias navales para advertir de algún peligro en el mar. Es decir, una señal de alerta para indicar que se debe estar atento a un posible riesgo o alteración de las condiciones marítimas.
En economía usamos esa misma frase para referirnos a ciertas señales que nos dicen que los fundamentos macroeconómicos que la soportan se están debilitando, o simplemente nos están avisando la proximidad de una posible crisis.
Veamos pues algunos avisos preocupantes:
-El PIB no puede crecer a su nivel potencial del 5% que ha sido establecido por el Banco Central. Y eso está afectando muy negativamente a la producción y al empleo.
-La inflación de los alimentos y de los medicamentos viene superando a la inflación general, lo cual afecta muy negativamente a clase media y pobres. En ultimos cuatro meses la inflación general acumulada ha superado el 5% y la meta máxima del BC es del 4%.
-La inflación empieza a superar a la tasa de interés pagada por cuenta de ahorros en los bancos comerciales. Eso provoca pérdida de valor del dinero depositado en dicha cuenta bancaria. Los depositantes preocupados ven diluir su dinero ahorrado.
-Los préstamos personales para consumo están presentando estancamiento y caída en su crecimiento. En últimos 25 años eso sólo ha ocurrido cuatro veces y ha sido en medio de una crisis.

-Apreciación artificial del peso dominicano que preocupa a empresarios hoteleros y de zonas francas, así como a exportadores tradicionales.
-La nómina pública crece sin control financiada con endeudamiento externo. Ya casi alcanzamos los 800 mil empleados públicos. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), nuestro país ocupó en 2025, el quinto lugar de Latinoamérica, con la mayor cantidad de empleados públicos con respecto al total de ocupados. El presupuesto para pagar nómina pasó de RD$196 mil millones en 2020 a RD$377 mil millones en 2026.
-La tasa de politica monetaria del Banco Central del 5.25% es menor que la inflación acumulada en los últimos tres meses del 2026. La tasa overnight de 4.50% anual también es inferior a la tasa de inflación. Esto debería ser preocupante para los bancos comerciales y de servicios múltiples.
-Grandes importaciones de productos agropecuarios en desmedro del productor nacional, poniendo en manos de productores extranjeros la seguridad alimentaria del pueblo dominicano. Las agroimportaciones han aumentado de US$3,109 millones en 2020 a US$5,357 millones en 2024. La autosuficiencia alimentaria se ha reducido del 87% en agosto 2020 a 72% en 2024, según cifras oficiales.
-El escaso crecimiento del PIB depende principalmente del aumento del gasto público corriente y de las importaciones. El consumo privado, las exportaciones, y la inversión empresarial han resultado insuficientes para hacer crecer al PIB por encima de su nivel potencial.
-El pago por intereses de la deuda supera los 325 mil millones de pesos anuales. Algo financieramente insostenible para una economía de escaso crecimiento.
-Crecimiento del sector agropecuario de alrededor del 2% en el primer semestre 2026 afecta a la producción de alimentos. El mediano y pequeño productor se va a la quiebra y empieza a sufrir de hambre.
-La deuda por uso de tarjetas de crédito supera los 125 mil millones de pesos. Otra pesada carga para tarjetahabientes que en su mayoría son de clase media.
-El no cobro del 60% de lo que debería ser cobrado por impuesto sobre la renta, y del 40% de lo que debería ser cobrado por ITBIS. La situación fiscal no mejora con simples parches.
-Las pérdidas en el sistema eléctrico superan el 40% de la energía servida, disparando el subsidio eléctrico a más de 2 mil millones de dólares anuales, y la factura eléctrica cada vez más elevada. Sin energia no hay desarrollo.
-Las transferencias ascienden a más de 300 mil millones de pesos anuales y los más beneficiados son los grandes propietarios del capital.
-El gasto público corriente no ha parado de crecer de forma significativa desde agosto 2020 hasta la fecha actual.
-El populismo económico expresado en variados programas sociales aplicados con escaso control se han convertido en una carga para nuestras finanzas públicas.
El capitán de este barco ha sido avisado en múltiples ocasiones, pero al parecer ha ignorado todos estos llamados de alerta. Vamos a esperar que la fuerza del tsunami lo haga despertar y todavía tenga tiempo para cambiar el rumbo.
JPM












