Este lunes se cumple una semana del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el oeste de Colombia, las posibilidades de encontrar nuevos sobrevivientes entre los escombros disminuyen, mientras la emergencia ingresa en una nueva etapa.
El terremoto, el más mortífero registrado en Colombia en el siglo XXI, golpeó el país a las 7:34 de la mañana del lunes 10 de agosto. Su epicentro fue en San José del Palmar, en el departamento de Chocó, pero los daños se extendieron desde el puerto de Buenaventura, sobre el Pacífico, hasta el Eje Cafetero y grandes ciudades del oeste como Cali y Pereira.
El último balance de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), difundido este domingo 16 de agosto, contabiliza 289 muertos, 143 desaparecidos y 185.016 damnificados. Además, más de 4.200 personas resultaron heridas.
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En total, 120.238 familias resultaron afectadas en 450 municipios de 15 de los 32 departamentos de Colombia. Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Caldas y Quindío concentran buena parte de los daños.
De la búsqueda de sobrevivientes a la remoción de escombros
Durante los primeros días, miles de rescatistas, militares y voluntarios trabajaron contrarreloj para localizar personas atrapadas. Pero, superada la ventana de 72 horas considerada crítica para hallar sobrevivientes, las esperanzas se apagan..
En Cali, donde se contabilizan 111 fallecidos, algunos edificios ya fueron marcados para señalar que las tareas de búsqueda terminaron. En otros puntos, los equipos continúan trabajando pese a las escasas probabilidades de encontrar personas con vida.
“Desafortunadamente, no hay señales de vida”, reconoció este domingo el capitán de Bomberos de Cali Alberto Hernández.
“Los milagros pueden ocurrir, pero, honestamente, por lo que hemos visto, no hay indicios de que alguien siga vivo”.
“Se va cerrando la ventana de esperanza”, resumió por su parte el capitán Roni Kaplan, portavoz del Ejército de Israel.
Una misión israelí integrada por 82 militares, entre rescatistas, ingenieros y especialistas, trabaja junto a bomberos y militares colombianos en distintos puntos del sur de Cali.
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En las últimas 24 horas, sus equipos colaboraron en la recuperación de cuatro cuerpos, mientras las labores se concentran cada vez más en localizar a quienes continúan desaparecidos.
Más de dos tercios de las muertes provocadas por el terremoto se concentran en Cali y Pereira. En Cali, los trabajos comienzan a pasar de la búsqueda de sobrevivientes a la recuperación de cuerpos y la retirada de los escombros con maquinaria pesada.
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Las réplicas también han dificultado las operaciones. Al menos 269 habían sido registradas hasta el sábado, lo que incrementó el riesgo para los equipos que trabajan sobre estructuras inestables y para los habitantes que todavía no pueden regresar a sus viviendas.
En varias de las ciudades afectadas, edificios dañados fueron marcados con una “X” roja para advertir del peligro de derrumbe y prohibir el ingreso.
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Casi 27.000 viviendas destruidas
Según el último balance oficial, 127.557 viviendas sufrieron daños y otras 26.945 quedaron destruidas.
Además, se registran 66 edificios colapsados, 285 centros de salud afectados, 2.838 centros educativos y 3.782 centros comunitarios dañados.
En Pereira, cientos de personas duermen por las noches en colchonetas o carpas instaladas en refugios improvisados en parques, mientras esperan saber si podrán regresar a sus hogares. Los coordinadores de esos espacios advierten sobre la falta de mantas, tiendas de campaña, productos de higiene y alimentos.
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Al mismo tiempo, la solidaridad se ha extendido a otras regiones del país. Miles de personas acudieron durante la semana a centros de recepción de donaciones en Bogotá y Medellín para entregar alimentos, ropa y medicamentos. Un estadio de la capital, Nemesio Camacho El Campín, fue convertido en el mayor centro de recolección de ayuda del país.
La emergencia también alcanza a los animales: el balance oficial registra 510 rescatados y otros 822 afectados. En Pereira, por ejemplo, se habilitaron espacios para atender mascotas heridas y distribuir alimento donado.
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El “Fondo Milagro” y las primeras medidas del Gobierno
El terremoto tuvo lugar apenas tres días después de la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia y se convirtió de inmediato en la primera gran prueba de su Gobierno.
En el marco de la emergencia, el mandatario anunció la creación del llamado “Fondo Milagro”, que busca canalizar recursos nacionales e internacionales para financiar la reconstrucción de hospitales, centros educativos, viviendas, carreteras y aeropuertos afectados.
El Ejecutivo también anunció que prepara alivios temporales en el pago de servicios públicos para las familias damnificadas, subsidios de arrendamiento para quienes perdieron sus casas, alivios tributarios y ayudas económicas para hogares vulnerables.
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A esto se suman mecanismos de apoyo para comerciantes y pequeños empresarios y medidas destinadas a estimular nuevas inversiones, facilitar proyectos y generar empleo en las regiones afectadas.
En algunas localidades, además, las autoridades impusieron toques de queda nocturnos ante el temor de saqueos.
La respuesta del Ejecutivo no ha estado exenta de críticas. De la Espriella fue cuestionado por no aceptar durante las primeras horas algunas ofertas de equipos extranjeros de rescate.
Con el correr de los días, Colombia recibió equipos y asistencia internacional de varios países, entre ellos Estados Unidos, Israel, México, Perú y El Salvador.
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Una reconstrucción de miles de millones de dólares
Con las tareas de rescate llegando a su fin, el costo de reconstruir las zonas devastadas se convierte en el centro de las prioridades.
Solo en Cali, el alcalde Alejandro Eder estima que harán falta al menos 3.200 millones de dólares para reparar los daños.
El sector privado también comenzó a anunciar aportes. El banquero colombiano Jaime Gilinski se comprometió a donar 150.000 millones de pesos, unos 47,75 millones de dólares, para reconstruir hospitales y escuelas en Cali, su ciudad natal. La familia Santo Domingo había anunciado previamente un aporte de 32 millones de dólares.
De la Espriella también recurrió a Estados Unidos. El sábado 15 de agosto mantuvo una conversación telefónica de unos diez minutos con el presidente estadounidense, Donald Trump, a quien pidió suspender temporalmente los aranceles sobre los productos colombianos como una forma de aliviar la situación de las empresas afectadas y contribuir a la recuperación económica.
“Hoy, más que nunca, la alianza entre Colombia y Estados Unidos es un imperativo para la reconstrucción de nuestra amada nación”, escribió el mandatario colombiano en su cuenta de X.
Con EFE, AFP, Reuters y medios locales













