Donald Trump y Kim Jong-un parecen volver a acercarse. Después de años de distanciamiento y de unas negociaciones que terminaron abruptamente en 2019, el presidente estadounidense aseguró este lunes 17 de agosto que el líder norcoreano respondió a sus intentos de retomar el diálogo y calificó los intercambios entre ambos como “muy positivos”.
“Lo ha hecho”, respondió Trump en el Despacho Oval de la Casa Blanca cuando fue consultado sobre por qué Kim no había contestado a sus pedidos para conversar.
Ante una pregunta sobre en qué instancia se encontraban esos contactos, el mandatario afirmó que la situación era “muy positiva”, aunque no dio detalles sobre el contenido de las conversaciones, cuándo se produjeron ni a través de qué canales.
Las declaraciones se suman a una sucesión de gestos del presidente estadounidense hacia Pyongyang, que en los últimos días volvieron a colocar su particular relación con Kim en el centro de la política de Washington hacia la península coreana.
El sábado, Trump publicó una foto de ambos tomada durante su segunda cumbre, en Hanói, en 2019, y aseguró que se llevan “genial”. Un día después ordenó al Pentágono reducir “sustancialmente” los ejercicios militares que Estados Unidos realiza junto con Corea del Sur.
Trump calificó las maniobras de “costosas”, “inapropiadas” y “hostiles” hacia Corea del Norte y aseguró que Pyongyang se ha mostrado “respetuoso” y “no amenazante” durante sus mandatos.
Este lunes fue aún más lejos al afirmar que Kim siempre lo ha tratado “con gran respeto”.
“Yo lo entiendo. Él me entiende”.
Para Trump, su relación personal con el líder de uno de los países más aislados del mundo no supone un riesgo sino todo lo contrario.
“En realidad estoy haciendo que sea mucho más seguro”, aseguró.
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Pero no todos atribuyen a esa relación personal el mismo peso que el mandatario estadounidense.
En diálogo con France 24, Mercedes Susana Giuffré, investigadora de la Universidad Nacional de Mar del Plata, magíster en Ciencias Políticas y analista internacional, afirma que es “sumamente dudosa” la idea de que Kim tenga un afecto especial por Trump y describe al líder norcoreano como un dirigente “muy frío” y “muy calculador”.
Una historia que Trump intenta retomar
Después de intercambiar amenazas durante 2017, cuando Corea del Norte aceleraba sus programas nuclear y misilísticos, Trump y Kim protagonizaron un acercamiento que derivó en tres encuentros entre ambos.
El primero se produjo en Singapur, en junio de 2018, y convirtió a Trump en el primer presidente estadounidense en ejercicio en reunirse con un líder norcoreano.
Durante ese período, ambos desarrollaron una relación personal poco habitual. Intercambiaron varias cartas y Trump llegó a destacar públicamente la buena sintonía que mantenía con Kim.
Pero el acercamiento tuvo consecuencias militares.
Después de la cumbre de Singapur, Trump anunció la suspensión de importantes ejercicios conjuntos con Corea del Sur, a los que calificó de “provocadores” y demasiado costosos, una de las principales demandas históricas de Pyongyang.
La intención era que reducir la presión militar facilitaría las negociaciones para conseguir avances en el programa nuclear norcoreano.
Sin embargo, el proceso terminó chocando con una cuestión que nunca pudo resolverse.
En febrero de 2019, Trump y Kim volvieron a encontrarse en Hanói para una segunda cumbre que terminó antes de lo previsto y sin acuerdo. Las diferencias sobre cuánto debía avanzar Corea del Norte en el desmantelamiento de su programa nuclear y qué sanciones debía levantar Estados Unidos fueron insalvables.
Luego de eso, la diplomacia entre ambos países quedó prácticamente congelada.
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Una Corea del Norte diferente
Siete años después, Trump parece otra vez dispuesto a probar una estrategia basada en su relación personal con Kim. Pero la Corea del Norte con la que podría sentarse a negociar hoy es diferente a la de aquel entonces.
Desde el fracaso de las conversaciones de 2019, Pyongyang continuó ampliando sus arsenales nuclear y misilístico y realizó una gran cantidad de pruebas de armas pese a las sanciones internacionales.
En los últimos días, volvió a lanzar un misil balístico hacia el mar de Japón y advirtió que respondería con un “nuevo nivel de disuasión” a las maniobras militares entre Estados Unidos y Corea del Sur.
Al mismo tiempo, Kim encontró un nuevo socio estratégico.
La guerra en Ucrania acercó fuertemente a Pyongyang y Moscú. Corea del Norte suministró armamento y envió tropas para apoyar a Rusia, una experiencia que, según funcionarios militares estadounidenses, permitió además a sus fuerzas adquirir conocimientos de combate, particularmente en áreas como drones y operaciones cibernéticas.
Corea del Norte cuenta hoy con un arsenal más desarrollado, mayor experiencia militar y un socio dispuesto a brindarle respaldo político, económico y militar, por lo que Kim podría tener menos incentivos para realizar las concesiones que Washington buscaba obtener durante las negociaciones del primer mandato de Trump.
Para Giuffré, no hay dudas de que el equilibrio cambió desde aquellos primeros encuentros. “Está mucho más fortalecido”, dice sobre Kim.
La especialista destaca especialmente el apoyo de Rusia, el envío de personal militar norcoreano a la guerra en Ucrania y la decisión de Pyongyang de continuar reforzando sus capacidades nucleares.
Ese nuevo escenario también puede ayudar a explicar por qué Trump intenta recuperar un canal con Kim. Giuffré considera que uno de los objetivos del presidente estadounidense es evitar que Corea del Norte profundice todavía más su acercamiento a sus dos poderosos vecinos, China y Rusia.
Según la experta, Trump busca mantenerse “presente” en ese tablero y recuperar capacidad de influencia sobre Pyongyang.
El analista político Alex Sierra coincide en señalar a Rusia como una pieza importante del cálculo estadounidense. Para él, el acercamiento puede formar parte de un intento de Washington por debilitar la cooperación entre Pyongyang y Moscú, al mismo tiempo que Trump revisa y redistribuye la presencia militar estadounidense en distintas regiones del mundo.
¿Una nueva negociación?
La reducción de los ejercicios militares con Corea del Sur representa un primer gesto importante porque toca directamente una de las principales críticas de Pyongyang a la presencia militar estadounidense en la península.
Las maniobras Ulchi Freedom Shield comenzaron este lunes y están diseñadas para preparar a las fuerzas estadounidenses y surcoreanas ante un eventual conflicto con el Norte.
Unos 28.500 militares estadounidenses permanecen desplegados en Corea del Sur como parte de una alianza defensiva que se remonta a la Guerra de Corea de 1950-1953, un conflicto que terminó con un armisticio pero nunca con un tratado de paz.
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La decisión de Trump generó críticas en Washington. El principal demócrata del Comité de Servicios Armados del Senado, Jack Reed, acusó al presidente de intentar “apaciguar” a Kim y advirtió que reducir las maniobras puede hacer que aliados y adversarios interpreten que los compromisos de seguridad estadounidenses son negociables.
Por su parte, el Gobierno del presidente surcoreano, Lee Jae-myung, expresó este lunes su esperanza de que la relación personal entre Trump y Kim pueda traducirse en un “diálogo significativo” entre Washington y Pyongyang y abrir nuevas conversaciones para reducir las tensiones en la península.
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Corea del Sur, en el medio
El acercamiento de Trump a Kim coincide también con un deterioro de su discurso hacia uno de los principales aliados de Estados Unidos en Asia.
El presidente estadounidense vinculó explícitamente su decisión de reducir los ejercicios con su enojo hacia Seúl por haberse negado a acompañar a Washington en la guerra contra Irán.
“Tenemos 39.000 soldados allí, protegiéndolos de Kim Jong-un, su vecino de al lado, ¿y no van a ayudarnos en una operación militar muy sencilla en Irán? Es extraño”, afirmó Trump, aunque el número de militares estadounidenses desplegados actualmente en Corea del Sur ronda los 28.500.
El mandatario comparó la situación con sus recurrentes disputas con los miembros de la OTAN y volvió a plantear una visión transaccional de las alianzas estadounidenses.
“No podemos andar protegiendo a todos estos países, especialmente cuando ellos no están ahí para ayudarnos”.
Los analistas consultados creen que el enojo con Seúl es una parte importante de la decisión. Giuffré sostiene que, para Trump, el respaldo de los aliados debe extenderse a los distintos frentes de su política exterior.
“Con Trump, o estás solidariamente en todos los aspectos apoyando su política exterior o te aparta”, señala.
Sierra va un paso más allá y considera que la reducción de las maniobras puede interpretarse también como una forma de presión sobre Corea del Sur por su negativa a acompañar a Washington en Irán. “Puede llamarse un pequeño castigo”, afirma a France 24.
Así, detrás del nuevo acercamiento con Kim hay dos elementos que caracterizan desde hace años la política exterior de Trump: su confianza en las relaciones personales con líderes extranjeros y su cuestionamiento de alianzas tradicionales cuando entiende que Estados Unidos carga con una parte excesiva de sus costos.
Trump asegura que Kim respondió y que los contactos son “muy positivos”, pero no está claro qué estaría dispuesto a ofrecer cada parte ni si existe una base concreta para retomar las negociaciones que fracasaron hace siete años.
Con EFE, AP, Reuters y AFP












