Primarias en EE.UU.: triunfos de Donalds y Jolly en Florida y claves de las votaciones en Alaska y Wyoming

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Byron Donalds gana la nominación republicana y abre la carrera por la gobernación.

Los republicanos de Florida eligieron a Byron Donalds como su candidato a gobernador, en una victoria esperada que confirma el peso de Donald Trump en el Partido Republicano del estado. El congresista, uno de los aliados más visibles del presidente, competirá en noviembre contra el demócrata David Jolly, antiguo republicano que abandonó ese partido y terminó incorporándose formalmente a las filas demócratas.

La candidatura de Donalds tiene además una dimensión histórica. Si gana las elecciones generales, se convertiría en el primer gobernador afroamericano de Florida. Su nombre se suma así a una lista cada vez más amplia de candidatos afro que aspiran a ocupar gobiernos estatales en distintos puntos del país.

Donalds construyó su campaña sobre la alianza con Trump, la reforma del impuesto a la propiedad, la regulación de los centros de datos y la continuidad de buena parte de las políticas que han convertido a Florida en uno de los bastiones republicanos más sólidos del país.

Sin embargo, el resultado también dejó una señal que los republicanos deberán analizar. Pese a contar con el respaldo de Trump y con el apoyo de buena parte de la estructura partidaria, Donalds no alcanzó el 50% de los votos en una primaria con varios candidatos. La cifra contrasta con otras victorias recientes de candidatos respaldados por Trump y sugiere que, aunque el expresidente conserva una enorme capacidad para influir en las primarias, su apoyo no garantiza necesariamente una victoria arrolladora.

Florida, además, parte de una posición favorable para los republicanos. El estado ha dejado de comportarse como el territorio competitivo que fue durante buena parte de las últimas décadas y cuenta actualmente con una ventaja de más de un millón de votantes registrados republicanos sobre demócratas.

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Una sorpresa progresista que complica al Partido Demócrata

La mayor sorpresa de la jornada llegó, precisamente, del otro lado del espectro político. Angie Nixon, legisladora estatal y dirigente vinculada al movimiento progresista y sindical, derrotó a Alex Vindman en las primarias demócratas para el Senado.

La diferencia entre ambos candidatos era notable en recursos y trayectoria. Vindman, antiguo funcionario del Consejo de Seguridad Nacional, se hizo conocido en 2019 por su testimonio ante el Congreso durante el primer proceso de juicio político contra Trump. Durante la campaña había recaudado aproximadamente 16 veces más dinero que Nixon.

La derrota demuestra, una vez más, que la capacidad financiera y el respaldo del establishment no bastan necesariamente para imponerse en las primarias demócratas de 2026. Nixon representa una corriente que reclama una renovación profunda del partido y que ha ganado terreno en distintas contiendas de este ciclo electoral.

Su campaña puso en primer plano cuestiones como el costo de la vida, los derechos laborales, la sanidad universal, el acceso a la educación infantil y la vivienda. También adoptó posiciones muy críticas respecto de la política estadounidense hacia Israel y la guerra en Gaza, además de convertir la oposición a la redistribución de distritos impulsada por los republicanos en uno de sus principales argumentos.

Nixon llegó incluso a ser detenida tras participar en una protesta contra el proceso de redistribución electoral en Florida. Su perfil es, por tanto, muy diferente al de Vindman: mientras él representaba a una parte del electorado demócrata que buscaba un candidato con experiencia nacional y capacidad para atraer a independientes, Nixon canalizó el descontento de sectores que consideran que el partido tradicional no ha respondido con suficiente contundencia a Trump y a las políticas republicanas.

En noviembre se enfrentará a la senadora republicana Ashley Moody. Y ahí aparece el principal problema para los demócratas: una victoria progresista en las primarias no significa necesariamente que Florida se haya vuelto competitivo.

Florida sigue siendo un terreno difícil para los demócratas

La elección de Nixon podría, paradójicamente, reducir las posibilidades de que los demócratas conviertan Florida en una de sus prioridades para las elecciones generales.

El estado se ha desplazado de manera sostenida hacia el Partido Republicano durante los últimos años. Trump ganó allí en sus tres campañas presidenciales, y los republicanos mantienen una ventaja considerable en el registro electoral.

Los demócratas, además, necesitan concentrar sus recursos en varios estados republicanos o competitivos si quieren recuperar el control del Senado. La Cámara alta tiene 100 escaños y el partido necesitaría cuatro incorporaciones para alcanzar la mayoría, una tarea que obliga a elegir cuidadosamente dónde invertir dinero, organización y publicidad.

En ese contexto, Moody parte como favorita frente a Nixon. La candidata demócrata podría movilizar a la izquierda del partido, pero sus posiciones más progresistas también pueden resultar difíciles de vender a un electorado general que en los últimos años se ha inclinado con claridad hacia los republicanos.

La paradoja de la noche es, por tanto, evidente: el triunfo de Nixon es una señal de vitalidad para el ala progresista demócrata, pero no necesariamente una buena noticia para las posibilidades electorales del partido en Florida.

La redistribución electoral pone a prueba a los demócratas

Las primarias también midieron el impacto del nuevo mapa electoral de Florida, impulsado por los republicanos y diseñado para favorecer sus posibilidades de conservar o ampliar su mayoría en la Cámara de Representantes.

Dos demócratas veteranos, Jared Moskowitz y Debbie Wasserman Schultz, consiguieron superar sus respectivas primarias después de verse obligados a competir en distritos modificados.

Moskowitz derrotó al organizador sindical Oliver Larkin, respaldado por los Socialistas Democráticos de América. Su nuevo distrito, situado en el sur de Florida, tendrá en noviembre una contienda que podría estar entre las pocas carreras competitivas del estado.

El resultado también representa un choque entre dos visiones del Partido Demócrata. Moskowitz se presentó como un demócrata pragmático y atacó las posiciones que considera demasiado radicales de la izquierda socialista. Larkin, por el contrario, intentó aprovechar el creciente malestar de sectores progresistas con la dirección tradicional del partido.

Wasserman Schultz también ganó su nominación, aunque su candidatura estuvo rodeada de una controversia diferente. La veterana congresista decidió competir en un nuevo distrito de mayoría afroamericana en el condado de Broward, una zona que durante décadas ha estado representada por legisladores negros.

Su victoria significa que, salvo un cambio posterior, el distrito podría dejar de tener representación afroamericana en el Congreso por primera vez en más de tres décadas. Activistas y algunos rivales habían cuestionado que una congresista blanca buscara representar ese territorio después de la modificación de los mapas.

Trump vuelve a demostrar que su respaldo no es infalible

La jornada dejó otro elemento relevante para entender la política republicana: varios candidatos respaldados por Trump no consiguieron ganar.

En Florida, Catalina Lauf, la candidata que el presidente había apoyado para ocupar el escaño de Donalds en la Cámara de Representantes, perdió ante Jim Schwartzel. La contienda estuvo marcada por una inusual concentración de candidatos procedentes de otros estados y por varias figuras con pasados políticos controvertidos.

También cayó Cory Mills, congresista republicano que aspiraba a un tercer mandato. Mills había recibido inicialmente el respaldo de Trump, pero quedó fuera de la lista de candidatos apoyados públicamente por el presidente en los últimos días de la campaña. Terminó perdiendo frente al expresentador de televisión Ryan Elijah.

La derrota de Mills se produjo después de una serie de controversias e investigaciones, incluidas acusaciones que él ha negado. Su caída refuerza una conclusión que ya habían anticipado otras primarias de 2026: el respaldo presidencial sigue siendo uno de los recursos más valiosos de un candidato republicano, pero no constituye una garantía absoluta.

Wyoming ofrece otra derrota para Trump

El mismo patrón apareció en Wyoming. Megan Degenfelder, superintendente estatal de Instrucción Pública y candidata respaldada por Trump para gobernador, perdió ante el senador estatal Eric Barlow.

Trump sí tuvo mejores resultados en la contienda por el Senado. Harriet Hageman, una de sus aliadas más firmes y antigua vencedora sobre Liz Cheney, obtuvo la nominación republicana para ocupar el escaño que dejará vacante la senadora Cynthia Lummis.

La combinación de ambos resultados muestra los límites y la fortaleza simultáneos de la influencia de Trump: el presidente puede orientar decisivamente una primaria, pero los votantes republicanos conservan margen para rechazar a candidatos que cuentan con su respaldo.

Alaska puede convertirse en una de las carreras clave del Senado

Alaska ofrece quizá la contienda más estratégica de la jornada para los demócratas. La excongresista Mary Peltola avanzó a las elecciones generales después de obtener un resultado muy competitivo frente al senador republicano Dan Sullivan.

El estado no ha tenido un senador demócrata desde 2014, pero el sistema electoral de Alaska —con una primaria abierta y una elección general por orden de preferencia— ofrece a Peltola una vía para atraer a votantes independientes y moderados.

Peltola ya hizo historia en 2022 al convertirse en la primera persona nativa de Alaska elegida al Congreso. Ahora intenta regresar a Washington desde una posición diferente y podría convertirse en la primera senadora nativa del estado.

La contienda adquirió además un elemento insólito: en la papeleta figuraron dos candidatos llamados Dan Sullivan. El senador republicano aparece como Dan S. Sullivan, mientras que otro candidato, Daniel J. Sullivan Jr., también participó en la elección.

El segundo Sullivan ha negado que su candidatura tenga como objetivo confundir a los votantes. Trump, sin embargo, intervino para pedir a los electores que votaran por el que calificó como el “verdadero” Dan Sullivan.

La peculiaridad podría parecer anecdótica, pero adquiere importancia en una elección que puede decidirse por márgenes estrechos.

Las primarias anticipan una batalla nacional

Más allá de Florida, los resultados del martes muestran que las elecciones de mitad de mandato de noviembre estarán marcadas por dos procesos simultáneos.

En el Partido Republicano, Trump mantiene una enorme capacidad para definir candidaturas y consolidar a sus aliados, pero algunas derrotas muestran que su respaldo no es suficiente en todas las circunstancias.

En el Partido Demócrata, mientras tanto, el ascenso de candidatos progresistas como Angie Nixon confirma el descontento de una parte de la base con el establishment. El fenómeno puede aportar energía y nuevos votantes al partido, pero también plantea dudas sobre la capacidad de esos candidatos para conquistar territorios más conservadores en las elecciones generales.

Florida resume esa tensión. Donalds representa la consolidación del giro republicano del estado y la influencia de Trump, mientras Nixon encarna una izquierda demócrata más combativa que acaba de demostrar que puede imponerse incluso frente a candidatos con mucha más financiación y mayor reconocimiento nacional.

El desafío para ambos partidos será ahora transformar esas victorias en mayorías electorales. En noviembre no estarán en juego únicamente gobernaciones y escaños individuales: también se decidirá el equilibrio de poder en el Congreso y, con él, la capacidad de la oposición demócrata para limitar la agenda de Trump durante la segunda mitad de su mandato.

Con Reuters, AP y medios locales

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