Un estudio en 22 países encontró qué pesa más que el gimnasio en tu salud

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Comer bien, hacer ejercicio y dormir las horas necesarias ya no son suficientes para entender la salud de una persona. Un estudio con más de 200,000 adultos en 22 países encontró un factor que se repite en culturas completamente distintas: la calidad de las amistades.

La investigación se publicó en el Journal of Mental Health y estuvo dirigida por Veli Durmuş, investigador de la Universidad de Ciencias de la Salud de Kütahya, en Turquía. Analizó datos de personas mayores de 18 años en países tan diversos como México, Argentina, España, Japón, Nigeria e India.

El patrón que se repitió en todo el mundo

Quienes reportaron sentirse más satisfechos con sus amistades también calificaron mejor su salud física y mental. La asociación apareció en los 22 países analizados, sin importar el nivel económico ni la religión predominante.

Eso llamó la atención de los investigadores. Estudios anteriores sobre el tema solían enfocarse en un solo país, y los resultados no siempre coincidían entre sí.

El equipo tuvo en cuenta variables como ingresos y nivel educativo antes de sacar conclusiones. Aun después de ajustar esos factores, la satisfacción con las relaciones cercanas se mantuvo asociada a una mejor salud.

La edad cambia la ecuación

No todos los grupos respondieron igual. Las personas de entre 35 y 40 años reportaron puntuaciones de salud mental más bajas que quienes tienen entre 18 y 34 años.

En cambio, los adultos de 65 años o más mostraron mejores resultados de salud mental que el grupo de mediana edad. El estudio no explica con certeza esa diferencia, pero sugiere que la relación entre vínculos sociales y bienestar cambia a lo largo de la vida.

Entre países también hubo diferencias marcadas. Indonesia registró los niveles más altos de satisfacción con las amistades. Japón quedó en el otro extremo, con los más bajos de toda la muestra.

Lo que dice el estudio sobre la infancia

Los investigadores también preguntaron por la calidad de los vínculos familiares durante la niñez. Las personas que recordaban una buena relación con su madre y su padre mostraron mejores resultados de salud en la adultez.

Esa asociación fue más débil que la de las relaciones actuales. Es decir, lo que pasó en la infancia influye, pero no define por completo cómo será la salud de alguien décadas después.

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Con el tiempo aparecen nuevas amistades, parejas y compañeros de trabajo que también dejan huella. El entorno social sigue construyéndose durante toda la vida adulta, no solo en los primeros años.

Qué no prueba este estudio

Los propios autores marcan un límite importante. Los datos vienen de lo que cada persona respondió sobre sí misma, así que reflejan percepción, no un diagnóstico médico.

El diseño del estudio tampoco permite afirmar qué fue primero. Puede que las buenas relaciones mejoren la salud, o que las personas más sanas tengan más facilidad para construir vínculos satisfactorios. Los propios investigadores dicen que hacen falta más estudios para responder esa pregunta.

Lo que sí queda claro es que el círculo cercano de una persona no es un tema aparte de su salud. Para los investigadores, debería empezar a tenerse en cuenta en las estrategias de prevención relacionadas con la vida social, junto a la alimentación, el ejercicio y el descanso.

Cómo se midió la satisfacción con las amistades

Los participantes respondieron preguntas sobre qué tan satisfechos estaban con sus amistades y relaciones cercanas, en una escala que iba de nada satisfecho a completamente satisfecho. Después calificaron su propia salud mental y física, también en escalas independientes.

Ese diseño permite comparar percepciones entre países sin depender de exámenes médicos, algo poco práctico en un estudio con más de 200,000 personas repartidas en 22 naciones distintas. La limitación, reconocida por los propios autores, es que todo depende de lo que cada persona percibe de sí misma.

El contexto detrás de este tipo de estudios

La investigación se suma a una conversación más amplia sobre la llamada soledad como problema de salud pública, un tema que organismos internacionales vienen documentando en distintos países durante los últimos años. La Organización Mundial de la Salud ha señalado el aislamiento social como un factor de riesgo relevante, comparable en algunos estudios previos con otros hábitos ya reconocidos como determinantes de salud.

Lo distinto de este trabajo turco es la escala. Al cubrir 22 países con metodologías comparables, ofrece un panorama más amplio que los estudios centrados en una sola nación, que dominaban la literatura científica sobre el tema hasta ahora.

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Qué pueden hacer los lectores con esta información

El estudio no ofrece una receta médica, pero sí una pista concreta. Cuidar activamente las amistades, más allá de mantenerlas por inercia, aparece asociado con mejores resultados de salud percibida en la evidencia disponible hasta ahora.

Los propios investigadores sugieren que profesionales de la salud podrían empezar a preguntar por la calidad de los vínculos sociales de un paciente, de la misma forma en que preguntan por hábitos de sueño o alimentación, como parte de una evaluación de bienestar más completa.

Qué sigue para esta línea de investigación

Durmuş y su equipo planean nuevas fases del Estudio Global del Bienestar, con la intención de dar seguimiento a los mismos grupos de personas durante varios años. Ese tipo de diseño permitiría, con el tiempo, acercarse más a una relación de causa y efecto entre amistades y salud, algo que este primer análisis todavía no puede confirmar.

Mientras tanto, la recomendación práctica que dejan los autores es sencilla: invertir tiempo real en las relaciones cercanas no compite con otros hábitos saludables, los complementa.

Un estudio en 22 países encontró qué pesa más que el gimnasio en tu salud