«Es hora de enseñarles»: Trump redobla sus amenazas en la disputa comercial con Canadá

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Fiel a su costumbre, este 26 de agosto, Donald Trump insiste en su tono amenazante para encarar la disputa comercial entre Estados Unidos y Canadá, que esta semana entró en una fase crítica tras el colapso de las negociaciones para un acuerdo y el anuncio de nuevos aranceles cruzados.

En una entrevista con el presentador y comentarista político conservador Glenn Beck, el presidente estadounidense encontró terreno fértil para renovar sus advertencias, alegando que Canadá «ha tomado ventaja de Estados Unidos durante muchas décadas» por lo que «es hora de enseñarle que eso ya no se puede hacer».

Según el republicano, Washington y Ottawa tenían «un trato, uno bastante bueno» antes de que los diálogos se desmoronaran por cambios de último momento que intentó incluir la Administración Trump, de acuerdo con lo señalado por el primer ministro canadiense Mark Carney.

«No tienen nada que nosotros necesitemos, ¿de acuerdo? Podemos arreglárnoslas. Es decir, hay un par de cosas que serían un poco inconvenientes, pero podemos conseguirlas en otro lugar», subrayó el mandatario estadounidense.

Siguiendo con la postura combativa, Peter Navarro, asesor de la Casa Blanca, anticipó este miércoles que «esto no va a terminar para Canadá» y predijo que cualquier acuerdo que alcance con Estados Unidos será peor que el ofrecido la semana pasada.

«El acuerdo que consiguieron, que rechazaron, jamás lo volverán a conseguir. Lo que sea que obtengan será menos que eso», afirmó, en diálogo con ‘C-SPAN’.

De hecho, Navarro aseguró que se sentía «incómodo» con el entendimiento planteado por Estados Unidos, al considerar que era ventajoso para el país vecino. «Desde el punto de vista económico, no deberían haberlo rechazado», aseveró.

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Carney aprovecha su popularidad, pero hay preocupaciones a largo plazo

Al referirse a la disputa comercial durante el fin de semana, Mark Carney utilizó un lenguaje bélico. «Estás en guerra cuando te atacan. Nos atacaron», afirmó, luego de enumerar las modificaciones que Estados Unidos intentó introducir al borrador del acuerdo.

Entre ellas estaban ajustes de aranceles con los que Washington habría intentado «destruir» sus «principales industrias, incluidas la automotriz, la siderúrgica y la del aluminio», afirmó Carney; además de reducir las medidas de protección al idioma francés y limitar la capacidad de Canadá para negociar acuerdos con otros países. «Era un mal acuerdo», sentenció entonces el premier canadiense.

Carney es de los pocos líderes mundiales que ha tomado represalias contra los aranceles estadounidenses, pese a que el 70% de las exportaciones de su país depende de los compradores de su vecino del sur.

Sin embargo, con las perspectivas reducicas de llegar a un pacto, el primer ministro canadiense reaccionó a los nuevos aranceles estadounidenses del 50% sobre ciertas importaciones canadienses con un castigo equivalente sobre productos estadounidenses, por un valor de 20.000 millones de dólares. También anunció un paquete de acciones de apoyo económica por más de 5.400 millones de dólares.

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, habla con los medios de comunicación tras suspender las negociaciones comerciales con Estados Unidos, en Ottawa, Canadá, el 22 de agosto de 2026.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, habla con los medios de comunicación tras suspender las negociaciones comerciales con Estados Unidos, en Ottawa, Canadá, el 22 de agosto de 2026. © Chris Tanouye / Reuters

Según reveló el domingo una encuesta del Instituto Angus Reid, un 76% de los ciudadanos consultados aprobaba la decisión del primer ministro de suspender las negociaciones comerciales, pese a que un 40% de los consultados manifestó temor de que sus empleos estén en riesgo como consecuencia.

Y es que Trump ha enfurecido al público canadiense en el pasado, no solo con sus tarifas (algunas impuestas, otras solo amenazas) sino con sus declaraciones sobre convertir a Canadá en el estado número 51 de Estados Unidos.

Es un ataque a su soberanía que, lejos de apaciguar, agitó más al señalar el martes que estaba considerando cambiar el nombre del Lago Ontario –que está situado en la frontera entre ambos países– a ‘Lago América’ (estadounidense).

«Enfrentarse a Washington goza de enorme popularidad en Canadá en este momento», afirmó a la agencia AP Scott Lincicome, del Instituto Cato, un centro de estudios sobre libre comercio con sede en Washington.

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Imagen de portada: © France 24

Para Dan Arnold, exdirector de investigación del ex primer ministro Justin Trudeau, «la gente está dispuesta a hacer sacrificios para presionar a Estados Unidos» y respaldan la visión de Carney.

«Los canadienses culpan a Trump de las dificultades económicas, no a Carney», aseguró Arnold a Reuters, vaticinando que esta sintonía podría aguantar unos seis meses. «Si podrá mantener el apoyo popular durante más tiempo, es una incógnita», subrayó.

En ese sentido, Julian Karaguesian, exasesor del Ministerio de Finanzas de Canadá y profesor de economía en la Universidad McGill, advirtió a Reuters que su país «no puede ganar una guerra de desgaste económico contra Estados Unidos», que cuenta con una economía 13 veces mayor.

«La influencia de Carney comenzará a disminuir si esta escalada de la guerra comercial se traduce en aumentos tangibles del desempleo, cierres de fábricas y una caída de los ingresos», remarcó.

¿Por dónde puede pasar una posible desescalada?

Aunque las tensiones son altas y los líderes de ambos países no insinúan una desescalada, varios analistas sugieren que no se ha alcanzado un punto de no retorno y que Estados Unidos y Canadá pueden evitar una crisis mayor.

Christopher Sands, director del Centro de Estudios sobre EE. UU. y Canadá en la Universidad Johns Hopkins, minimizó la escala del enfrentamiento, asegurando que las negociaciones entre ambos países suelen ser tensas y «solo es real hasta que alguien se levanta de la mesa».

«Si hay voluntad política, hay una salida», añadió a AP Wendy Cutler, exnegociadora comercial de Estados Unidos.

Un trabajador maneja una carretilla elevadora frente a bobinas de acero en la planta de fabricación de Ideal Roofing en Ottawa, Canadá, el 25 de agosto de 2026.
Un trabajador maneja una carretilla elevadora frente a bobinas de acero en la planta de fabricación de Ideal Roofing en Ottawa, Canadá, el 25 de agosto de 2026. © Justin Tang / The Canadian Press vía AP

Uno de los motivos de cautela entre los analistas está en el alcance de las medidas de represalia anunciadas por ambos países. Los aranceles impuestos por Trump el sábado abarcan solo 20.000 millones de dólares –alrededor del 5% del total– de las exportaciones canadienses a Estados Unidos, por lo que por sí solas no causarían daños económicos duraderos a Canadá.

Además, a pesar de su retórica contundente, las tarifas punitivas de Trump a los automóviles no entrarían en vigor hasta el 1 de enero, mientras que los aranceles de represalia de Carney comenzarían a regir recién el 8 de septiembre.

Sands interpreta que esto da «tiempo para tomar un respiro y hablar sobre cómo evitar» una guerra comercial total.

Por su parte, Cutler también recordó que Trump suspendió sus aranceles globales durante meses el año pasado para permitir que los socios comerciales de Estados Unidos negociaran con él, aunque muchos terminaron aceptando acuerdos desequilibrados para evitar un castigo peor, algo que los canadienses no estarían dispuestos a tolerar.

Scott Lincicome, del Instituto Cato, vaticinó que, pese a las diferencias, «ambas partes comprenden las consecuencias económicas de una guerra comercial en toda regla».

Y es que, aun partiendo de una aparente superioridad, Estados Unidos también tiene vínculos clave con Canadá. Según su Departamento de Comercio, el intercambio entre ambos países alcanzó los 880.000 millones de dólares el año pasado.

Además, las comunidades estadounidenses fronterizas están condicionadas a la electricidad que reciben de Canadá; los agricultores estadounidenses necesitan fertilizantes de potasa canadienses; y las refinerías de EE. UU. en el Medio Oeste dependen de las importaciones procedentes de los yacimientos de arenas bituminosas de Alberta.

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Esto sin mencionar que, para los votantes, los aranceles se «asocian con un mayor costo de vida», explica Lincicome, por lo que un enfrentamiento prolongado con Canadá puede afectar las posibilidades de los republicanos en las elecciones de medio término de noviembre.

«Mi suposición —y es solo una suposición— es que la sensatez acabará imponiéndose en algún momento de las próximas semanas», concluyó Lincicome.

Con Reuters y AP

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