Starmer se distancia aún más de Trump: «Este gobierno no cree en cambios de régimen caídos del cielo»
«Este gobierno no cree en cambios de régimen caídos del cielo…Todos recordamos los errores de Irak y hemos aprendido de esas lecciones», clamó ante parlamentarios el primer ministro británico, Keir Starmer, el lunes 2 de marzo, dos días después del inicio de los ataques conjuntos de EE. UU. e Israel contra Irán.
Es la primera vez que Starmer se distancia del presidente Donald Trump en términos tan frontales. Pocos meses antes, las diferencias sobre la soberanía de Groenlandia habían empezado a dar indicios del camino que tomaría la llamada «relación especial”, término popularizado por Winston Churchill en 1944 y que apunta a la estrecha alianza política, económica y sociocultural entre Reino Unido y Estados Unidos.
En el caso de Irán, Starmer fijó su posición contrariando a Donald Trump y ha apuntado a una carencia de bases legales y de un plan en los bombardeos de EE. UU. e Israel contra Irán, que detonaron el 28 de febrero un nuevo conflicto bélico en Medio Oriente.
En una comparecencia en el Parlamento el lunes 2 de marzo, el premier anunció que Reino Unido no se unirá a Estados Unidos ni a Israel en esos bombardeos, lo que repuntó la furia en Washington.
No obstante, la fricción y molestia en la Casa Blanca había empezado días antes por la demora británica, de “3 o 4 días”, en autorizar el uso de la base militar conjunta Diego García, ubicada en el océano Índico para intereses estadounidenses.
Starmer luego cedió y dio su visto bueno, pero aclaró que el uso de las bases militares o facilidades británicas en el exterior solo será para propósitos de defensa, tanto de intereses británicos como de sus aliados.
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Unas relaciones muy «tensas»
Los medios británicos reportan que el Gobierno finalmente autorizó el uso de la base de la Fuerza Aérea Fairford en Gloucestershire, Inglaterra, y también la base militar Diego García, solo para defensa.
“Las relaciones entre Londres y Washington están más tensas que nunca en décadas”, señala Bence Nemeth, profesor de Estudios de Defensa de la universidad King’s College London, en declaraciones a France 24.
“Lo que no estaba dispuesto a hacer el sábado (28 de febrero, cuando empezaron los ataques a Irán) era que el Reino Unido se uniera a una guerra a menos que estuviera convencido de que existía una base legal y un plan viable y bien pensado. Esa sigue siendo mi postura”, enfatizó Starmer el miércoles ante el Parlamento.
Han sido días en que Starmer, quien ha sido extremadamente cuidadoso en cada palabra y calificativo que usa para referirse al presidente de Estados Unidos y sus políticas, ha dejado atrás esa estrategia para responderle a Trump directamente sin sonrojarse.
Pero, pese a las crisis, tanto para Washington como para Londres, la relación bilateral es prioritaria y lo ha sido históricamente.
Precisamente, la sorpresa y la molestia de la Casa Blanca se da porque esperaban apoyo irrestricto británico, sin cuestionamientos de su gran aliado en Europa, en momentos en los que Francia ha mantenido una notoria distancia de Washington.
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Pero, la posición sobre Irán parece haber aumentado la brecha entre EE. UU. y Reino Unido.
“Esta disputa no surgió de forma aislada. Las relaciones entre Donald Trump y Keir Starmer ya se habían enfriado por varios asuntos, incluyendo desacuerdos sobre el futuro estatus de las islas Chagos, Groenlandia y diferencias más amplias en política exterior. El debate sobre Irán, por lo tanto, refleja una fricción política más amplia dentro de la tradicionalmente estrecha relación entre el Reino Unido y Estados Unidos”, afirma Nemeth.
Mientras, Starmer afronta más cuestionamientos internos, además de las críticas estadounidenses por su posición sobre Irán. Kemi Badenoch, la jefa del Partido Conservador, el más grande de la oposición, no solo apoya los bombardeos, sino que exige más acciones del Gobierno para defender el país.
«Nadie quiere ver una escalada. El hecho es que nuestras bases, por si no se han dado cuenta, ya han sido atacadas. Irán intenta matar a nuestros soldados. Está (el Gobierno) atrapando flechas en lugar de detener al arquero”, resaltó Badenoch tras el ataque con un dron de fabricación iraní a una base británica en Chipre.
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«No estamos tratando con Winston Churchill»
Desde la Casa Blanca y frente al canciller alemán, Friedrich Merz, Trump pasó en minutos de críticas al Gobierno británico a cuestionamientos personales.
«No estoy contento con el Reino Unido (…) No estamos tratando con Winston Churchill (ex primer ministro británico en las décadas de 1940 y 1950)», dijo el mandatario estadounidense en la Casa Blanca, en un tono de desprecio hacia Starmer.
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Según analistas, parece que está en riesgo esa “relación especial” bilateral. Y mucho tiene que ver el hecho de que se trata de dos personalidades extremadamente diferentes.
Mientras Starmer es abogado de profesión, tremendamente apegado a la ley y en esencia un tecnócrata más que político, Trump es impredecible, más visceral, y parece moverse por sus sentimientos y gustos.
“Tal vez fue ingenuo por parte del Número 10 (Downing Street) presentar a Keir Starmer como un ‘susurrador de Donald Trump’, capaz de persuadir al impredecible presidente estadounidense a dar marcha atrás en sus decisiones imprudentes”, señala el diario británico ‘The Guardian’.
Aunque las relaciones bilaterales atraviesan por un momento complejo, es poco probable que esta coyuntura tenga un impacto inmediato en cooperación militar, de inteligencia o en el plano económico.
“El riesgo a largo plazo reside en la confianza política. Si los responsables políticos de Washington y Londres se perciben cada vez más como socios menos fiables durante las crisis, esto podría influir gradualmente en las decisiones futuras sobre cooperación en defensa, formación de coaliciones y planificación estratégica”, explica Nemeth.
“El enfoque legalista del primer ministro para todo es un obstáculo para la toma de decisiones, en detrimento del interés nacional. Su respuesta inicial fue idear un lenguaje que no criticaba directamente a los estadounidenses, pero que tampoco los apoyaba”, afirma un editorial de ‘The Telegraph’.
El peso de la sombra de la guerra en Irak
Detrás de todo sigue estando la participación británica en la guerra de Irak, que sigue siendo aún controversial: 23 años después, su sombra ha opacado el legado del ex primer ministro laborista Tony Blair, uno de los políticos más populares del país.
En el 2003, Blair apoyó a George W. Bush en la invasión de Estados Unidos a Irak, sin una evidencia lo suficientemente fuerte sobre la presencia de armas nucleares del régimen de Saddam Hussein que la justificara.
La investigación oficial, conocida como Chilcot, concluyó en 2016 que la amenaza sobre armas de destrucción masiva de Irak fue exagerada para autorizar esa invasión.
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“El legado de la guerra de Irak desempeña un papel importante en la configuración del pensamiento estratégico británico. En el Reino Unido, la intervención en Irak se considera ampliamente un grave fracaso político y estratégico”, afirma Nemeth.
Y es que la investigación Chilcot reveló también el vínculo de lealtad personal de Blair con Bush. En esa línea, Starmer no solo ha tomado distancia política sino personal de Trump en el conflicto actual.
“Todos recordamos los errores sobre Irak y hemos aprendido esas lecciones”, señaló Starmer.
El premier ha insistido en la importancia de la salida negociada al conflicto actual en Medio Oriente y ha llamado a las partes a sentarse, nuevamente, a dialogar.
Con la mira en las elecciones
Las acciones de los gobiernos mantienen un pie en las elecciones futuras. En el caso de Keir Starmer es más porque su débil gobierno aún está herido e involucrado en el escándalo por el nombramiento de Peter Mandelson como embajador británico en Washington, pese a ser amigo y aliado del fallecido pederasta Jeffrey Epstein.
En mayo, Starmer se juega su futuro en Downing Street. Su reto es mantener bajo el poder laborista algunos gobiernos locales en Londres, en otras zonas de Inglaterra y en Escocia.
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El panorama luce oscuro. El laborismo (centro-izquierda) aún no se repone de la pérdida de la silla por Gorton y Denton, un suburbio de Manchester, en el norte de Inglaterra, que estuvo en su poder por 100 años y que le fue arrebatado por los Verdes, aliados con la comunidad musulmana, que, en el pasado, votaba por la formación de Starmer.
“La contundente derrota del Partido Laborista en Gorton y Denton demostró una vez más que está perdiendo votantes musulmanes. Cualquier insinuación de apoyo unilateral a la acción estadounidense en Medio Oriente solo serviría para debilitar aún más su apoyo”, señala la publicación británica ‘The Times’.
Starmer, reconocido por sus decisiones altamente reposadas, debe calcular al extremo sus siguientes pasos tanto con Trump como internamente. Su Gobierno no tiene la suficiente fuerza para permitirse un error.
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