Científicos estudiaron a la mujer de 117 años y hallaron vejez extrema y juventud

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María Branyas vivió 117 años y 168 días. Cuando murió, en agosto de 2024, era la persona más vieja del mundo. Ahora, un grupo de científicos publicó el estudio más completo jamás hecho sobre el cuerpo de una supercentenaria. El resultado sorprendió a los propios investigadores.

Su biología mostraba dos caras al mismo tiempo. Por un lado, tenía señales de un envejecimiento extremo. Por el otro, tenía genes, bacterias y marcadores propios de una persona mucho más joven.

El estudio se publicó en septiembre de 2026 en la revista Cell Reports Medicine. Lo dirigió el científico español Manel Esteller, jefe de Epigenética del Cáncer del Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras, en Barcelona.

Quién fue María Branyas

María Branyas Morera nació el 4 de marzo de 1907 en San Francisco, Estados Unidos. Su familia volvió a España cuando ella era una niña y se instaló en Cataluña. Vivió dos guerras mundiales, la guerra civil española y dos pandemias.

Pasó sus últimos años en una residencia de Olot, en la provincia de Girona. En enero de 2023 se convirtió en la persona viva más longeva del planeta. Mantuvo la cabeza lúcida hasta el final y tenía una cuenta en redes sociales que manejaba con ayuda de su familia.

Antes de morir, aceptó donar muestras para la ciencia. Quería que su caso sirviera para entender la longevidad y ayudar a otras personas a vivir mejor.

Lo que encontraron en su cuerpo

El equipo de Manel Esteller analizó su genoma, sus proteínas, su metabolismo, su epigenética y su microbiota. Usó muestras de sangre, saliva, orina y heces, tomadas sin procedimientos invasivos.

Estas fueron las señales de envejecimiento extremo:

  • Telómeros muy cortos, los extremos de los cromosomas que se acortan con la edad.
  • Un sistema inmune con rasgos inflamatorios.
  • Una población envejecida de linfocitos B, un tipo de glóbulo blanco.

Y estas fueron las señales de protección:

  • Variantes genéticas asociadas con la protección del cerebro y del corazón.
  • Niveles de inflamación general realmente bajos.
  • Una microbiota intestinal dominada por bifidobacterias, bacterias beneficiosas.
  • Una edad epigenética más joven que su edad real.

Una doble cara que explica la longevidad

Esteller describió el caso como una «fascinante dualidad». En el cuerpo de María Branyas convivían señales de envejecimiento extremo y señales de una longevidad saludable.

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Los telómeros cortos muestran que sus células estaban muy gastadas. Pero sus genes protectores y su baja inflamación evitaron que ese desgaste se convirtiera en enfermedad. Por eso llegó a 117 años sin demencia, sin cáncer y sin problemas cardíacos graves.

Esa es la parte más valiosa del estudio. Por primera vez, los científicos pudieron separar el envejecimiento de las enfermedades en una persona tan mayor. En la mayoría de los ancianos, ambos procesos aparecen mezclados.

Qué son los telómeros y por qué importan

Los telómeros son como las puntas plásticas de los cordones de los zapatos. Protegen los extremos de los cromosomas para que el material genético no se dañe. Cada vez que una célula se divide, los telómeros se acortan un poco.

Cuando se vuelven demasiado cortos, la célula deja de dividirse o muere. Por eso los telómeros se usan como un reloj del envejecimiento. En general, las personas mayores los tienen más cortos que los jóvenes.

En María Branyas, los telómeros estaban muy desgastados, como era de esperar a los 117 años. Lo llamativo es que ese desgaste no vino acompañado de las enfermedades que suelen aparecer al final de la vida.

Para Manel Esteller, eso sugiere que el acortamiento de los telómeros no siempre es una sentencia. Otros mecanismos del cuerpo pueden compensar ese daño y mantener la salud.

El papel de la microbiota y los yogures

La microbiota de María Branyas llamó mucho la atención. Su intestino tenía una gran cantidad de bifidobacterias, un tipo de bacteria que suele disminuir con la edad. Estas bacterias ayudan a controlar la inflamación y a mantener el intestino sano.

Según contó el equipo, ella comía tres yogures naturales al día. Los yogures contienen bacterias vivas que pueden favorecer ese tipo de microbiota. Los científicos aclaran que no hay una prueba directa de causa, pero el dato abre una línea de investigación.

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Su dieta era la mediterránea tradicional, con verduras, frutas, legumbres y aceite de oliva. No fumaba ni bebía alcohol.

Los supercentenarios, un grupo muy exclusivo

Las personas que superan los 110 años se llaman supercentenarios. En todo el mundo hay apenas unos cientos confirmados. La gran mayoría son mujeres y muchas viven en Japón, Estados Unidos, España, Francia e Italia.

Estudiarlos es difícil porque son muy pocos y su salud es frágil. Por eso el caso de María Branyas tiene tanto valor. Pocas veces una persona de esa edad aceptó dar tantas muestras para la investigación.

La vida social también cuenta

El estudio destaca otros factores fuera de la biología. María Branyas tenía una red social amplia y estimulante. Conversaba con otros residentes, recibía visitas y seguía la actualidad.

Los investigadores creen que esa combinación de genética favorable, buenos hábitos y vida social activa explica su longevidad. Ningún factor por sí solo alcanza, pero juntos marcan la diferencia.

Ese punto coincide con otros estudios recientes. Las personas con vínculos fuertes tienden a vivir más años con buena salud que quienes viven aislados.

Un punto de referencia para la ciencia

El caso de María Branyas se convierte ahora en un punto de referencia para los laboratorios de todo el mundo. Sus datos pueden ayudar a buscar tratamientos que imiten sus defensas naturales.

La meta no es vivir 117 años. Es llegar a la vejez con menos enfermedades. Para la ciencia del envejecimiento, entender cómo algunas personas separan el paso del tiempo de la enfermedad es una de las grandes preguntas.

Manel Esteller y su equipo esperan estudiar a más supercentenarios con el mismo método. Con más casos, podrán saber qué rasgos se repiten y cuáles fueron únicos de esta mujer catalana nacida en San Francisco.

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