Un triunfo de Flávio Bolsonaro en Brasil pondría el 95% de la Amazonía bajo gobiernos de derecha

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Entre 2025 y 2026, Bolivia, Perú y Colombia eligieron líderes que hicieron campaña contra la protección ambiental y a favor de la militarización, la minería y la expansión del agronegocio. En Ecuador, el presidente Daniel Noboa, reelegido en 2025, también se apoya en posturas ultraconservadoras en materia de seguridad pública, al tiempo que volvió a abrir las puertas del país a la minería y debilitó las instituciones ambientales.

En ese contexto, los analistas señalan que el resultado de las elecciones brasileñas podría dar lugar a una “alianza conservadora” al frente de la Amazonía a partir del próximo año o podrían obligar a Lula da Silva a gobernar en un contexto de aislamiento diplomático durante un eventual cuarto mandato.

Los cambios políticos podrían, además, replantear la cooperación en las zonas fronterizas. Las conversaciones sobre una estrategia conjunta para proteger el bosque y a sus poblaciones corren el riesgo de perder terreno frente a una agenda de “tolerancia cero” contra el crimen organizado, cuyas consecuencias se sienten especialmente en esas regiones.

Si la conservación deja de ser una prioridad regional, también quedaría en entredicho el futuro de las entidades intergubernamentales dedicadas al desarrollo sostenible y a los derechos indígenas, como la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA). Por otra parte, podrían cobrar impulso los proyectos de infraestructura transamazónica, muy cuestionados por sus posibles impactos ambientales.

“El desafío [para la Amazonía] seguirá siendo enorme”, dijo Astrini. “El margen de influencia de un gobierno brasileño que se preocupa por el ambiente ya es limitado. Se puede contar con acciones complementarias de los países [vecinos], siempre que estén dispuestos. Pero desde el momento en que llega un nuevo gobierno y niega el cambio climático, la capacidad de influencia de otro gobierno, sea cual sea, [en términos de conservación] es muy baja”.

Los datos del Programa de Monitoreo de la Amazonía Andina (Maap) muestran que la deforestación en toda la Amazonía ha fluctuado durante los últimos años. En 2024, los incendios alcanzaron un impacto récord: dañaron alrededor de 2.8 millones de hectáreas en medio de las sequías extremas asociadas a El Niño. La deforestación total aumentó un 34%.

En 2025 se produjo una recuperación parcial. La superficie afectada por el fuego disminuyó y la pérdida de bosque por deforestación cayó a su nivel más bajo en los últimos diez años. Hasta ahora, aproximadamente el 13% del bioma ha sido deforestado, según Maap.


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Los programas de ambos candidatos coinciden en impulsar la digitalización, los centros de datos y la IA, pero difieren en el papel que debería asumir el Estado frente a la regulación tecnológica.


Giro a la derecha

En 2023, cuando Lula subió la rampa del Palacio de Planalto, sede del gobierno en Brasilia, acompañado por representantes de la sociedad civil, el cacique indígena Raoni Metuktire lo acompañaba. El acto fue una respuesta directa a Jair Bolsonaro —quien se negó a entregar la banda presidencial— y al legado de crisis ambiental que dejó su gobierno saliente. Tras la reactivación de las políticas ambientales durante la administración de Lula, la deforestación en la Amazonía brasileña cayó a su nivel más bajo en diez años.

Bolivia tomó el rumbo contrario. La victoria del presidente Rodrigo Paz en 2025, bajo el lema “capitalismo para todos”, puso fin a casi 20 años de gobiernos de izquierda encabezados por el hasta entonces dominante Movimiento al Socialismo (MAS) y dio paso a cambios ambientales.

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