La indignación por el manejo de una denuncia de violación grupal en la Universidad de Cornell volvió a crecer este lunes 5 de octubre, alimentada por nuevas revelaciones sobre lo ocurrido después del supuesto ataque, la difusión de audios grabados por la denunciante y el detalle de las sanciones que recibieron los estudiantes señalados.
Durante la madrugada, una puerta de vidrio de Day Hall, el principal edificio administrativo de la universidad, apareció destrozada y sus paredes cubiertas con pintadas rojas. “En Cornell se protege a los violadores y se expulsa a los manifestantes”, decía una de ellas.
Horas después, estudiantes, profesores y otros miembros de la comunidad universitaria colmaron la plaza frente al centro estudiantil para exigir respuestas.
Con lazos violetas y carteles con mensajes como “Apoyen a las sobrevivientes, expulsen a los violadores” y “Justicia para todas las Jane Doe”, los manifestantes apuntaron directamente contra las autoridades de una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos.
“¿Qué hace falta para que nuestra universidad apoye a las sobrevivientes?”, preguntó ante la multitud la estudiante Athena Holloway. Otros fueron más lejos y pidieron la renuncia del presidente de Cornell, Michael Kotlikoff.
La protesta es el último capítulo de un caso que se remonta a octubre de 2024, cuando una estudiante, identificada en los documentos judiciales como Jane Doe, asegura que fue violada por varios integrantes de la fraternidad Chi Phi después de haber consumido alcohol y drogas durante una fiesta.
La joven, que recientemente presentó una demanda civil contra Cornell, siete exestudiantes y otras partes, sostiene que llegó a estar completamente inconsciente mientras distintos hombres abusaban sexualmente de ella durante varias horas.
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Algunos de los acusados aseguraron ante los investigadores de Cornell que las relaciones fueron consentidas y los abogados de dos de ellos negaron que sus clientes hubieran participado en una agresión sexual. Hasta ahora, ninguno ha sido acusado penalmente.
Sanciones que avivaron el enojo
Cornell llevó adelante su propia investigación y cerró el capítulo de Chi Phi, pero los detalles sobre las sanciones contra los siete estudiantes señalados generaron indignación cuando se dieron a conocer públicamente.
Dos fueron expulsados y otros dos suspendidos. Otro, que ya se había graduado, recibió una prohibición de ingresar al campus durante tres años. Para los dos restantes hubo órdenes de no contacto con la denunciante, módulos educativos y trabajos de reflexión, además de otras medidas disciplinarias. La universidad ha rechazado lo que considera una “falsa narrativa” según la cual prácticamente no hubo consecuencias por el caso.
Para muchos estudiantes, sin embargo, las medidas fueron insuficientes. Los manifestantes de este lunes exigieron, entre otras cosas, la expulsión o revocación de los títulos de todos los involucrados, cambios en la definición de consentimiento sexual del código de conducta y una reforma del sistema disciplinario de Cornell.
El enojo también apunta a cómo se manejó la denuncia fuera del proceso disciplinario universitario.
Cuando Jane Doe se presentó ante la Policía de Cornell en noviembre de 2024, afirmó que podía decir “con total seguridad” que había sido violada. Sin embargo, esa afirmación no apareció en el informe que llegó a la Fiscalía del condado de Tompkins, que finalmente decidió no presentar cargos.
Las revelaciones sobre esas discrepancias llevaron al fiscal Matthew Van Houten a reabrir el caso. Poco después, la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, decidió apartarlo y designar a la fiscal general del estado, Letitia James, como fiscal especial para asumir la investigación.
Hochul sostuvo que Jane Doe había sido “defraudada por personas e instituciones”, entre ellas la policía universitaria y la Fiscalía local.
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Audios y mensajes: “Lo que hicieron sería considerado una violación grupal”
Mientras crece la presión sobre Cornell, nuevos documentos, mensajes y grabaciones permiten reconstruir lo que ocurrió en las semanas posteriores a aquella noche.
‘ABC News’ reveló este lunes una conversación que Jane Doe grabó con Matthew Ingalls, uno de los hombres a los que luego acusó y quien la había invitado a la casa de Chi Phi. La llamada ocurrió un día antes de que ella acudiera a la policía universitaria.
En la conversación, la joven intentaba reconstruir una noche de la que decía tener recuerdos fragmentados.
“La única forma de que pueda sanar es saber qué pasó”, le dijo.
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Ingalls aseguró durante la llamada que Jane Doe había aceptado inicialmente un encuentro sexual con tres personas. Ella, en cambio, intentó averiguar cómo otros hombres habían terminado entrando en la habitación y recordó haber levantado la mirada y visto a “demasiada gente”.
“Lo que ustedes hicieron sería considerado una violación grupal”, le dijo en un momento de la conversación, según la grabación obtenida por ‘ABC News’.
Los registros conocidos ahora muestran además que algunos integrantes de Chi Phi intentaron contener las consecuencias del episodio durante las semanas siguientes. Estudiantes que luego hablaron con las autoridades universitarias describieron esas gestiones como un intento de “control de daños” y asegurarse de que Jane Doe no estuviera enojada por lo sucedido.
También se conocieron mensajes enviados durante aquella noche a un grupo de Snapchat integrado por miembros de la fraternidad. En uno de ellos, Ingalls parecía invitar a otros jóvenes a entrar en la habitación: “Boys come whip it out” (“Chicos, vengan y muéstrenla”), escribió, después de que otro participante preguntara si estaban desnudos.
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Jane Doe describiría luego ante los investigadores de Cornell cómo se había sentido durante el episodio.
“Me sentí como una carnada. Sentí que había leones a mi alrededor”, declaró, según documentos revisados por AP.
Una universidad bajo presión
Las nuevas revelaciones obligaron a las autoridades de Cornell a responder a un caso que, casi dos años después de los hechos denunciados, pasó de una investigación interna a convertirse en una polémica nacional.
Kotlikoff difundió el sábado un video en el que reconoció que el relato de Jane Doe plantea cuestiones “desgarradoras y preocupantes” sobre la violencia sexual, la deshumanización, la cultura de las fiestas y el consumo de alcohol y drogas.
El presidente de Cornell respaldó también una revisión independiente sobre el accionar de la universidad y prometió mayor transparencia para encontrar “las respuestas que nuestra comunidad merece”.
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Este lunes, después de concentrarse frente al centro estudiantil, los manifestantes marcharon hacia Day Hall, el mismo edificio que horas antes había amanecido con los vidrios rotos y las pintadas contra la universidad.
Allí entregaron una lista de exigencias a las autoridades y volvieron a reclamar cambios en la forma en que Cornell investiga y sanciona los casos de violencia sexual.
Con AP, Reuters y medios locales














