Digger, o por qué hacer arte mientras el mundo arde

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Este contexto se va revelando poco a poco a lo largo de la historia, y cada revelación arroja una nueva luz: el presidente que hace Goodman, vulgar y desmesurado, hace chistes de mal gusto para provocar risas. Los miembros de su equipo apenas reaccionan ante el posible número de víctimas mortales del desastre climático, pero reaccionan de forma exagerada cuando se da a conocer el costo económico. Cuando Europa se ve afectada, el presidente y su equipo están comiendo palomitas y gritando a la pantalla, diciéndoles a las víctimas, de la catástrofe que ellos mismos han provocado, que corran; como si estuvieran viendo una película de terror. Es espantosamente caricaturesco.

En el contexto de una obra escrita para la catarsis de las masas, esto revela una tensión más amplia que recorre toda la película y sobre la que se debate abiertamente. Cruise, en el papel de Markson, detesta la caricatura de Digger y se queja de que este era un “psicópata seductor” aterrador e intimidante, no un vaquero cómico. Hannah, la directora, dice que eso es lo que la gente necesita: una obra didáctica, sensacionalista y catártica con villanos de los que reírse.

¿Vale la pena hacer arte en nuestros tiempos?

La película cuestiona por qué y cómo se crea el arte cuando el mundo arde. ¿Quién se beneficia realmente de esta catarsis?

Como hemos dicho, toda la película es una llamativa caricatura, no solo de la política, sino también de la creación artística actual. La obra teatral solo se lleva a cabo porque Kenny decide financiarla.

Aunque la obra cuenta con una escenografía elaborada, un buen equipo técnico y tecnología punta, el teatro tiene un aire acondicionado que funciona a ratos. El público y el director sudan. Hay moho creciendo en la sala de descanso, y el mundo exterior está en ruinas. Existe una desconexión entre la decadencia del espectáculo y las formas genuinamente útiles de gastar el dinero.

Kenny no monta la obra por remordimiento, sino para desviar la atención, apaciguando al público al presentarles un villano del pasado para que puedan aceptar el presente. Mientras, él se beneficia de la catástrofe que la obra satiriza. Cuando Hope, la hija de Curtis, desaparece tras abordar un avión para asistir al estreno, Kenny logra localizarla utilizando únicamente su número de teléfono.

Dirige una empresa de seguridad, lo que probablemente significa vigilancia. Durante los créditos finales, donde vislumbramos el mundo real, lo que parece ser una bandada de pájaros volando por encima es en realidad una bandada de drones. Robots humanoides fuera de servicio yacen en el suelo y hombres armados apuntan a la gente en la calle. Eso es lo que significa seguridad en este mundo.

Como la realidad misma

Su decisión de financiar una obra de teatro pone de manifiesto el actual panorama tecnológico y cultural. Los magnates tecnológicos de hoy buscan cada vez más influencia cultural, y la cultura se encuentra ampliamente difundida a través de la tecnología: Jeff Bezos es dueño de Prime Video, Apple tiene Apple TV. Esto se puede extender a cómo las plataformas de redes sociales, y los algoritmos que las rigen, actúan como guardianes culturales.

A medida que la película se acerca a su final, refleja la realidad del espectador. Vemos la conclusión de la obra, donde Digger muere entre aplausos, lágrimas de alegría y vítores del público. Catarsis, dijimos. Al terminar la pieza, el público se pone las máscaras de oxígeno y sale a una ciudad distópica inundada. Esa catarsis, el espectáculo, incluso la angustia de Cruise por la interpretación de su personaje, todo carece de sentido en este lugar.

Al igual que el público de la obra, me reí durante toda la película. Me reí de diálogos claramente basados ​​en hechos reales, de la ostentosa recreación de personas más que dispuestas a convertir el aire que respiran en dinero, y de sus habituales evasivas y excusas.

Cuando se encendieron las luces, salí del cine y regresé a un mundo donde el clima sigue empeorando, la guerra es una realidad para millones de personas y los ejércitos encuentran formas de convertir la IA en armas. Brutal.

Artículo originalmente publicado en WIRED.com. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.

Digger, o por qué hacer arte mientras el mundo arde