En India, las protestas contra el jefe de la Comisión Electoral, Gyanesh Kumar, crecen tras la eliminación de más de 130 millones de registros de los censos de votantes. La oposición y el movimiento juvenil «Partido de las Cucarachas» denuncian irregularidades y sostienen que la revisión favorece al partido del primer ministro Narendra Modi. La Comisión Electoral y el partido oficialista BJP rechazan las acusaciones de parcialidad. ¿Qué hay detrás de la polémica y hasta dónde puede llegar el desafío al poder de Modi?
Se trata de la segunda —y muy volátil— crisis que enfrenta al «Partido Popular de las Cucarachas» (Cockroach Janta Party, CJP), surgido del movimiento juvenil de la Generación Z, y al Gobierno. La primera, que tuvo su origen en un escándalo por la filtración de exámenes y cuestionarios del NEET (Examen Nacional de Elegibilidad y Admisión para Facultades de Medicina) y no acabó bien para el Ejecutivo: las masivas protestas forzaron la renuncia del ministro de Educación y obligaron al primer ministro a prometer castigos severos contra la venta de exámenes gubernamentales.
El fin de semana, la Policía de Nueva Delhi detuvo a más de 2.000 manifestantes y los líderes del «Partido de las Cucarachas», liberados al día siguiente tras ser obligados a suscribir compromisos de abstenerse de participar en actos contra el orden público. Una estrategia que —en la práctica— parece no haber dado resultado, tras las primeras declaraciones de uno de sus portavoces, Saurav Das:
“Las protestas seguirán adelante.La juventud ha despertado. Exigen rendición de cuentas, exigen respuestas… Hasta que se establezca la rendición de cuentas, habrá protestas repetidas, y no solo en Delhi. Habrá protestas en todo el país”, decía el lunes uno de los líderes del movimiento, que cada vez gana más simpatizantes y que ha puesto a prueba los límites de las prácticas represivas de Modi para mantenerse en el poder.
Liberan a los tres líderes del movimiento de las «cucarachas» en India tras casi un día detenidos
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Esta vez, los principales frentes de batalla son procedimientos llevados cabo por la Comisión Electoral de la India, como la ‘Revisión Intensiva Especial’ (SIR, por sus siglas en Inglés) de los censos electorales; así como modificaciones presuntamente arbitrarias o unilaterales de los formularios de inscripción en el censo electoral y la centralización del control por medio de un nuevo software de la Comisión Electoral.
El diario ‘The Indian Express’ publicó un informe que detalla profundas tensiones internas en la Comisión Electoral de la India (ECI). Las informaciones revelan que los comisionados electorales Sukhbir Singh Sandhu y Vivek Joshi plantearon formalmente objeciones al menos 14 veces a lo largo de 10 meses contra las directrices del presidente de la Comisión Electoral, Gyanesh Kumar, contra modificaciones “no autorizadas e ilegales” en el formulario 6 de los votantes y la agresiva centralización de la base de datos.
La oposición —revitalizada— intenta capitalizar el descontento y la grieta abierta por el movimiento juvenil. Ahora, aliados en una coalición o bloque, los partidos se suman al coro de voces que exigen la destitución de Gyanesh Kumar.
“Tenemos dos demandas. En primer lugar, se debe descartar el censo electoral revisado y restablecer la lista electoral de 2024. En segundo lugar, Gyanesh Kumar (Comisionado Electoral Jefe) debe renunciar”, decía el lunes Manish Tewari, miembro del partido de la oposición Congreso Nacional Indio, la primera fuerza en la oposición.
India: movimiento de las «cucarachas» exige dimisión de la Comisión Electoral
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Para Ash Narain Roy, académico, periodista y exdirector del Instituto de Ciencias Sociales en Nueva Delhi, las masivas protestas y conflictividad social son compatibles con una primavera sudasiática: “Primero fue Sri Lanka, luego Bangladesh, Nepal y ahora en la India. En todos estos casos los partidos gobernantes contaban con una mayoría, pero no pueden gobernar por varios factores”.
Narain Roy ha calificado los recientes acontecimientos y revelaciones como una «masacre de la democracia», en el sentido de que se intenta cambiar las reglas de juego y los árbitros que durante décadas sostuvieron el sistema democrático indio tras el fin del colonialismo y la independencia de Gran Bretaña.
¿Logrará Modi y su élite política socavar la fuerza del movimiento juvenil? ¿Superará esta nueva crisis o recurrirá a la fuerza y arbitrariedad para neutralizar a sus adversarios?
Deserciones desde Corea del Norte se desploman, ante la fortificación de la frontera
Hasta diciembre de 2025 habían entrado en Corea del Sur un total acumulado de 34.580 desertores norcoreanos, según datos de su Ministerio de Unificación de Seúl. Al menos 1.000 desertores escapaban al sur cada año, pero la cifra ha ido en descenso desde la pandemia del Covid-19.
El total de norcoreanos que ha logrado llegar a Corea del Sur es hoy apenas una fracción de lo que solía ser hace décadas. Las deserciones exitosas han ido en picada, en una tendencia que se acentúa. Durante la primera mitad de 2026, 63 norcoreanos —59 mujeres y 4 hombres— arribaron a Corea del Sur desde terceros países, principalmente desde China.
La cifra es 35% menor con respecto a las 96 llegadas del año anterior. Los estrictos controles fronterizos impuestos por Corea del Norte desde el inicio de la pandemia de Covid-19 hacen más peligrosa la huida del que es uno de los países más aislados y represivos del mundo.
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Tras asumir el poder en 2011, Kim Jong-un comenzó a restringir el comercio y vínculos migratorios a lo largo de la frontera norte con China, la primera ruta de escape. Un proceso que fue acompañado de la fortificación y cierre del país al exterior: Vallas, cámaras, bancos de arena y seguridad al estilo soviético. Además de campañas represivas, tecnología de reconocimiento facial y más patrullas hacen peligrosa la travesía.
Otro factor en este fenómeno es la política china de repatriación forzosa implementada desde 2023 y que devuelve a Corea del Norte a todos los desertores capturados en su territorio.
Los desertores son la principal fuente de información sobre este país y los recién llegados son sometidos a sesiones de seguridad y chequeo de antecedentes por parte del Servicio Nacional de Inteligencia.
Un Starbucks en Xinjian, el hogar de los uigures, desata la ira estadounidense contra Beijing
La apertura del primer Starbucks en la capital de Xinjiang ha provocado reacciones severas en Estados Unidos. El local, situado en un bazar en Urumki, cuenta con una decoración que rinde homenaje al patrimonio cultural de la comunidad musulmana uigur en la región.
Los uigures son un grupo étnico turco originario de Asia Central y Oriental, cuya mayoría reside en esta región autónoma en el noroeste de China. Pero organizaciones internacionales y gobiernos han documentado de manera extensiva violaciones sistemática de los derechos humanos, detenciones masivas, campos de reeducación, vigilancia y la persecución cultural contra este grupo étnico religioso por parte de China.
Ahora, con la apertura de una franquicia estadounidense, los legisladores de este país acusan a Beijing de una decisión indignante. «No existe ninguna razón justificable para que una empresa estadounidense haga negocios en una región donde el partido comunista chino ha detenido a más de un millón de uigures y los está despojando de su fe, su lengua y su cultura», decía uno de ellos esta semana, al conocerse la apertura del local.
Naciones Unida ha documentado abusos que —dice— podrían constituir crímenes de lesa humanidad. Pero Beijing niega las acusaciones de manera reiterada. En abril, Starbucks completó la venta del 60 % de sus operaciones en China a Boyu Capital, una firma privada con sede en Hong Kong. La compañía prevé ampliar la presencia de Starbucks y llevarla a 20.000 establecimientos.











