«Ima, no te preocupes, yo te daré nietos».
Antes de ser raptado por Hamás, con 28 años, Yotam calculaba que el primer descendiente de su familia, los Haim, no llegaría ni por su hermano mayor –músico como él– ni por su hermana menor, más proclive a ser, en todo caso, madre de adopción. Así que a su ima (mamá, en hebreo) le confiaba que estuviera tranquila, que un buen día sería abuela.
Nunca lo imaginó desde la tristeza o desde una decisión personal, pero Iris Haim, de 60 años, ya puede serlo.
En abril, la corte de Beersheba le dio permiso judicial para usar el semen de su hijo, a quien el Ejército israelí le hizo una extracción post mortem en diciembre de 2023 –70 días después de su secuestro en el kibutz Kfar Aza, cuando soldados que empezaban a invadir Gaza lo confundieron con un miliciano y lo asesinaron «por error».
«Estoy en contacto con ellos, han venido a casa, no puedo estar enfadada con nuestros soldados. Esto lo propició Hamás, que está en un lado, y nosotros estamos en el otro lado de la historia», defiende Iris sobre «la separación» con Yotam.
El contador de su propia historia volvió a cero cuando el Ejército le llamó a la puerta ese 15 de diciembre –»todo se oscureció, como si se convirtiera en desesperación»– y una oficial le susurró al oído: «Puedes solicitar extraer el esperma de Yotam. Hazlo, hazlo. Es mejor hacerlo, luego ya lo pensarás, no pierdas esta oportunidad».
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De la extracción y la conservación, Israel se encarga
Bajo el paraguas de «emergencia» que se activó a raíz del ataque del 7 de octubre, en Israel rige una normativa temporal que facilita a padres de fallecidos «en la guerra» solicitar la recuperación póstuma de espermatozoides (PMSR, en sus siglas en inglés) sin necesidad de que un Tribunal de Familia lo apruebe.
Antes, la sola extracción requería de una orden previa judicial.
Ahora son los oficiales los que sugieren proactivamente este procedimiento, que precisa la firma inmediata de los padres (ya que la operación solo es viable dentro de las 72 horas posteriores a la muerte), y es el Estado israelí el que financia tanto el proceso como la congelación y el almacenamiento en cuatro hospitales.
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Unos 250 soldados y miembros de seguridad han sido sometidos a esta decisión familiar, tomada casi en un 80% por los padres. Es una cuarta parte de los uniformados muertos en las ocupaciones de Gaza, Líbano y Siria.
En su caso, desde el 7-O, su formulario se ha vuelto más común. Pero en las primeras horas del ataque no había un formato tan claro, la identificación fue lenta y muchos cuerpos quedaron expuestos al sol. Es lo que le pasó a la sobreviviente Shaylee Atary, viuda del asesinado Yahav Winner, con quien deseaba concebir más de una hija.
Por eso, Yotam, hace parte de las hasta ahora 21 extracciones que se han hecho en civiles. Y, de estas, solo tres que se conozcan han recibido autorización judicial para usar el esperma póstumo mediante gestación subrogada: dos pasos, el uso y el visto bueno de la madre gestante, que todavía deben pasar por un Tribunal de Familia.
Yotam es el primer civil fallecido y único exrehén con luz verde judicial, desde octubre de 2023.
«Debes demostrar primero que tu hijo quería tener hijos –relata Iris–. Y dije: ‘vale, muy fácil’. Porque Yotam quería ser padre y hablaba de ello con todos nosotros. Hasta lo escribió en WhatsApp a sus amigos«.
Al principio Iris no entendió «para qué, con qué propósito todo esto». Tras un año de duelo clave para el judaísmo, y otro año más de audiencia con su abogada Nili, ahora aguarda hasta abril de 2027 para decidir cómo seguir.
«La situación es muy dolorosa, hace falta tiempo. Comprendimos que habíamos logrado algo importante para el resto de familias [al ser los primeros en un caso civil tras el 7-O], pero decidimos no precipitarnos. Aún no era el momento de incorporar a otra persona a una familia que ha sufrido una pérdida tan grande«, admite desde una casa llena de fotos, dibujos y objetos relacionados con su hijo.
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«Elegir» a la mujer que criará al hijo del hijo fallecido
Muchas de esas manualidades se las han enviado ciudadanos.
Y decenas de israelíes, sobre todo mujeres en la cuarentena, la han contactado ofreciéndose voluntarias para gestar a la futura hija o hijo de Yotam. Una, incluso, viajó desde Estados Unidos para presentarse, luciendo como currículum que también era artista.
«No quieren recurrir a un banco de esperma, sino formar parte de una familia que tenga una historia. Yotam era un héroe, era músico, era pelirrojo. Muchas me escribieron: ‘Me encantaría tener un hijo pelirrojo’. Yotam creía en preservar el linaje pelirrojo», detalla Iris.
Desde Jerusalén justifica exactamente lo mismo que Sharon Eisenkot en Eilat, la ciudad más meridional del país.
«Maor es un héroe de Israel, eso añade un valor adicional [a las mujeres que buscan ser madres]. Y a esta mujer con la que he conectado le conmovió profundamente nuestra historia como familia, mi historia».
A la segunda ha sido la vencida para Sharon. Ha «conectado» con una mujer a la que, siempre que la corte le dé luz verde para la gestación –el segundo y último paso judicial–, le confiará una crianza libre. No intervendrá en sus decisiones, pero de ella espera que haga parte de la familia y que esté cerca geográficamente para disfrutar del tener un nieto de Maor Cohen Eisenkot.
Tenía 19 años cuando murió como sargento en Gaza, en diciembre de 2023. Hacía parte de la Brigada Golani, la brigada de infantería más célebre, dura y mortífera, y su espíritu luce tanto en la entrada del edificio como en la puerta y las paredes de la casa. Es un mausoleo de las pertenencias de su hijo, desde sus elementos de fútbol hasta su teléfono y su arma.
De otros cinco, es el segundo caso de un militar israelí cuyo esperma será utilizado para que sea padre póstumo, ya que el primero fue el de Netanel Silberg, cuya pareja Hadas Levy fue madre por fecundación in vitro en 2025.
Sharon se siente, a su modo, «mensajera» de su hijo.
«Lo hago, ante todo, para hacer su sueño realidad. Es el único sueño que puedo cumplirle a Maor. Y fue difícil. Es reflexionar sobre lo que Maor decía y estaba dispuesto a hacer. Nada lo reemplazará, no busco que lo reemplace, porque el vacío que dejó mi hijo permanecerá ahí hasta que yo también muera. Pero tendré algo vivo de mi hijo; sí, traerá alegría a nuestro hogar, traerá alegría a mi corazón».
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Una ley definitiva que «alivie» el dolor de los padres
Por eso Irit Oren Gunders fundó hace dos décadas la organización ‘Luz para las familias’ (Or Lamishpachot, en hebreo). «Cansada» de ver «soldados caídos», esta exteniente coronel se opone –y lo hacía ya antes del 7-O– a que los padres «deban salir a buscar pruebas y abandonar su casa, en la que se han resguardado, en un momento de duelo y de dolor; es un proceso destructivo«.
No se anda con rodeos. Es «abuela» de 38 bebés nacidos por gestación subrogada, que es legal en Israel desde 1996, y lleva ocho años intentando que Israel tenga una ‘Ley de Continuidad’, que solo ha llegado a ser aprobada en primera lectura porque los políticos no la han priorizado o no han querido meterse en ese jardín, pero, de facto, está en práctica desde 2003.
Salvo que, hasta hace tres años, las peticiones habían sido anecdóticas.
«Busco que, sin ningún proceso judicial, el Estado permita a los padres que perdieron a sus hijos en guerras (…) decidir si desean ‘la Continuidad’ y elegir a una mujer para tener descendencia, sin trámites legales», aboga Irit desde su casa-oficina en Re’ut.
Reconoce, como Iris y Sharon, un cambio social respecto al tema y siente que los «jueces están más relajados».
¿A qué se refiere? A que, tras el ataque de Hamás y ante «innumerables pérdidas», el juez de Iris basó parte de su decisión en el Libro del Génesis para argumentar «la creación de nueva vida judía», mientras Sharon revela que la jueza, en su caso, fue «empática» en sus preguntas.
Le bastó con alegar, sin evidencia escrita, que Maor solía decir que quería tres hijos y que, en Gaza, le confesó a un amigo de infancia con el que servía que «su mayor miedo era morir sin ser padre».
«Es nuestro deber como personas, como ciudadanos, como judíos, apoyar e impulsar esta ley que traerá luz a los hogares en los que hoy reina la oscuridad», sentencia Irit.
Ya ha conseguido que el Estado ofrezca abogados pro bono (gratuitos) a las familias y que el Parlamento estudie aprobar un formulario para que los hombres que están en el Ejército indiquen, a modo de «testamento biológico», si quieren que su ADN sea extraído y usado en caso de muerte.
¿Judaísmo y cultura de la familia vs. ética y consentimiento?
Las familias sostienen que así «extienden» la vida de sus seres queridos.
Sin embargo, una encuesta liderada por la investigadora Bella Savitsky, basada en 600 hombres israelíes judíos de entre 18 y 49 años, reveló en 2024 que un 47% se oponía a que sus padres iniciasen el PMSR (la extracción póstuma) y un 37% se negaba a que lo hiciese su pareja.
Ante la idea de ser padres sin su consentimiento en vida, los encuestados mostraron rechazo e incomodidad, y aún más se negaron a que reclutas obligatorios de 18 años tuvieran la capacidad de decidirlo. Y es ese punto, el de la «presunción de voluntad», el que más cuestionan académicos, juristas, bioeticistas y críticos sociales que creen, además, que responde a la militarización de la sociedad israelí y a la presión demográfica nacionalista frente al pueblo palestino.
El aumento de peticiones respecto a octubre de 2023 es muy significativo.
Iris, la madre de Yotam, considera que debería ampliarse a accidentes mortales y otros casos. Pero, sobre todo, lo vincula al lamento de que en el Festival Nova, uno de los lugares de la masacre, murieron muchos jóvenes que «podrían haber tenido cinco, diez hijos» y también es para ella una cuestión de supervivencia.
«Como dije en el Parlamento israelí, Hamás quiere acabar con nosotros, borrarnos del mapa. Querían que Yotam muriera, pero ese no será su fin (…) Somos muy pocos judíos en el mundo y no podemos permitirnos renunciar a nada ni a nadie. No se trata solo de mí o de mi familia, se trata de nosotros y tenemos que crecer; necesitamos una respuesta a que cada 50 años intenten borrarnos de la faz de la Tierra».











