La promesa del senador Flávio Bolsonaro de indultar a su padre Jair si gana las elecciones presidenciales del 25 de octubre abre un interrogante que va más allá del futuro judicial del expresidente brasileño.
¿Está la familia Bolsonaro preparando su regreso al poder como un proyecto político compartido, con Jair libre para volver a competir por la Presidencia en 2030? La hipótesis, alentada por el presidente del Partido Liberal (PL), Valdemar Costa Neto, plantea un escenario de confrontación con el Supremo Tribunal Federal, que en septiembre de 2025 condenó a Jair Bolsonaro a 27 años y tres meses de prisión por su participación en la trama golpista destinada a impedir la investidura Lula tras las elecciones de 2022. Al mismo tiempo, crea incertidumbre sobre las garantías democráticas del gigante latinoamericano.
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Flávio Bolsonaro ha convertido la situación judicial de su padre en uno de los ejes de su campaña. El candidato de la ultraderecha ha anunciado que, si gana, buscará liberar a Jair Bolsonaro, que cumple condena en arresto domiciliario por razones humanitarias. En marzo, llegó a calificar de “crimen imposible” la tentativa de golpe.
Flávio cuestiona condena por golpismo
“¿De verdad quieren convencerme de que alguien que cometió actos de vandalismo iba a sentarse en la silla de presidente, empezar a dar órdenes y todo el mundo iba a obedecer?”, preguntó de forma retórica en una entrevista con un diario brasileño, en referencia a los ataques del 8 de enero de 2023 contra las sedes de los tres poderes en Brasilia.
Su argumento minimiza la gravedad del ataque contra las instituciones que, según la Policía Federal y la Fiscalía General, contemplaba mucho más que unos actos de vandalismo.
El documento conocido como “Punhal Verde e Amarelo” contenía un plan para asesinar a Lula, al vicepresidente electo Geraldo Alckmin y al juez del Supremo Alexandre de Moraes, uno de los principales responsables de las investigaciones contra Bolsonaro.
La Fiscalía sostuvo que el expresidente conocía el plan y que dio su consentimiento. Según los jueces de la Corte Suprema, existió una trama para mantener al entonces mandatario en el poder pese a su derrota electoral, mediante la deslegitimación de las urnas electrónicas y de medidas destinadas a impedir la transmisión del mando.
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Jair Bolsonaro: ¿en primer o segundo plano?
La familia Bolsonaro no oculta que desea un papel central para Jair en un eventual Gobierno de Flávio. El exdiputado federal Eduardo Bolsonaro aseguró recientemente que su padre tendrá influencia directa en la elección de los ministros. En su opinión, los nombres del Ejecutivo necesitarán el visto bueno de Jair, aunque descarta que el exmandatario ocupe un cargo. Eduardo, que vive en Estados Unidos desde el año pasado, también ha revelado su deseo de asumir el Ministerio de Exteriores.
Estas declaraciones refuerzan la idea de que la candidatura de Flávio no supone una ruptura con el liderazgo paterno. El senador se presenta como una alternativa más moderada, capaz de negociar con sectores del centro político y con el empresariado. Sin embargo, su capital electoral procede del apellido Bolsonaro y de la promesa de continuidad del proyecto familiar. El propio Flávio ha alimentado esa imagen al afirmar que quiere recibir la banda presidencial de manos de su padre.
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Cabe destacar que la promesa política de Flávio no equivaldría a la liberación automática de Jair.
El indulto presidencial es una prerrogativa constitucional, pero su aplicación a una condena de esta naturaleza podría abrir una nueva batalla judicial. La amnistía, por otra parte, requiere la promulgación de una ley por parte del Congreso y puede ser sometida al control de constitucionalidad del Tribunal Supremo. El presidente del PL, Valdemar Costa Neto, ya ha hablado de una posible candidatura del expresidente en 2030. Y, detalle, Jair Bolsonaro está inhabilitado hasta el 2 de octubre de 2030.
Flávio, sin embargo, ha negado que su padre vaya a disputar las elecciones de 2030. La contradicción revela que el futuro del expresidente todavía no está definido, ni siquiera dentro de su propio entorno. Incluso porque el senador está pensando en cambiar la Constitución y crear un mandato presidencial de cinco años, sin posibilidad de reelección. Pero una posible vuelta de Jair ya forma parte del debate público y revela que, para una parte de la dirección del PL, la eventual presidencia de Flávio sería también una vía para reconstruir el poder político de su padre.
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Una familia con representación en el Congreso
La estrategia del clan Bolsonaro no se limita a la candidatura presidencial. Las elecciones legislativas del 4 de octubre confirmaron la capacidad de esta familia para fortalecer su presencia institucional a través de varios miembros. Michelle Bolsonaro, ex primera dama, fue elegida senadora por el Distrito Federal. Carlos Bolsonaro, otro de los hijos del expresidente que ya fue concejal en Río de Janeiro, obtuvo un escaño en el Senado por el estado de Santa Catarina, a pesar de no haber vivido nunca en esta región. Jair Renan, el hijo menor, fue elegido diputado federal por ese mismo estado. Finalmente, Renato Bolsonaro, hermano de Jair, también consiguió un escaño en la Cámara de Diputados.
La distribución de cargos entre familiares convierte el apellido Bolsonaro en una estructura de poder que atraviesa diferentes niveles de representación y varios territorios del país. No todos los miembros tienen el mismo peso, pero el resultado electoral confirma que el bolsonarismo conserva una base capaz de traducirse en puestos institucionales incluso cuando su principal dirigente está alejado de la política activa por causa del arresto domiciliario.
Michelle, que tiene una importante conexión con el electorado evangélico, puede desempeñar un papel relevante en el Senado. Carlos, que durante años fue uno de los principales responsables de la comunicación digital de su padre, pasa a la Cámara Alta. Jair Renan, por su parte, inicia su trayectoria en la Cámara de Diputados tras un breve paso como concejal en Balneario Camboriú, la ciudad de los rascacielos conocida como la Dubai brasileña.
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La incógnita es si esa estructura funcionaría bajo una presidencia de Flávio como una suma de liderazgos con autonomía o como una extensión de la autoridad de Jair Bolsonaro. Las declaraciones de Eduardo sobre la aprobación paterna de los ministros apuntan a la segunda posibilidad. En ese escenario, el presidente formal sería Flávio, pero el expresidente seguiría siendo una figura decisiva en las decisiones del Ejecutivo.
Eduardo Bolsonaro y el pulso con el juez Alexandre de Moraes
Desde EE. UU., Eduardo Bolsonaro ha mantenido una estrategia de presión contra el Supremo y el juez Alexandre de Moraes. En declaraciones recientes, sostuvo que ese magistrado será alejado de la Corte Suprema si Flávio gana las elecciones. También ha vinculado su regreso a Brasil a una eventual amnistía, después de haber sido condenado a cuatro años y dos meses de prisión por coacción contra el Poder Judicial.
La ofensiva no se limita a la situación de su padre. Eduardo considera que la salida de Moraes es una condición en un eventual futuro gobierno de su hermano y defiende que el Senado utilice sus atribuciones para impulsar un proceso de destitución contra el magistrado. El ‘impeachment’ de un juez del Supremo exige, sin embargo, un procedimiento institucional y no depende de una decisión unilateral del presidente de la República.
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La cuestión es especialmente delicada porque Moraes ha sido una figura central en las investigaciones sobre los ataques a las instituciones democráticas, las redes de desinformación y las actuaciones de dirigentes bolsonaristas. Sus decisiones han generado críticas, incluso entre juristas que cuestionan determinados procedimientos, pero esa controversia no elimina la necesidad de respetar la independencia judicial.
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La amnistía como promesa de pacificación
Flávio no es el único político que defiende una medida de perdón.
Ronaldo Caiado, candidato presidencial del Partido Social Democrático, prometió durante la campaña en la primer vuelta presentar al Congreso un proyecto de amnistía general, amplia e irrestricta para los condenados por los ataques del 8 de enero, incluido Jair Bolsonaro. “Necesitamos acabar con la polarización y pacificar el país”, afirmó durante una entrevista a la TV Globo. Según Caiado, esta medida permitiría cerrar una etapa de fuerte enfrentamiento político.
La defensa de la amnistía también cuenta con sectores de la derecha parlamentaria y con militares retirados próximos al bolsonarismo. El general Eduardo Pazuello, aliado de la campaña de Flávio y elegido como diputado federal, defendió una amnistía amplia para los condenados por la trama golpista e incluso propuso que la medida alcanzara a quienes ordenaron las detenciones, entre ellos Moraes.
El argumento de la pacificación, sin embargo, plantea otra pregunta: ¿puede considerarse reconciliación una medida que borra las consecuencias de una tentativa de quebrar el orden constitucional? Este debate no afecta únicamente a los manifestantes que participaron en los ataques del 8 de enero de 2023. También implica a responsables políticos y militares condenados por la trama golpista.
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El análisis: una estrategia familiar y sus riesgos democráticos
El politólogo Christian Lynch, profesor del Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Iesp-Uerj), señala a France 24 que una eventual amnistía encaja en una estrategia de reparto de funciones dentro de la familia.
“Si Jair queda en libertad, subirá la rampa del palacio presidencial junto a su hijo. No hay motivos para que Flávio busque independizarse de su padre. La familia reparte el trabajo entre sus miembros: el apellido garantiza a la base electoral que Flávio continuará la obra de su padre, lo que le permite tranquilizar a los mercados, a los partidos del ‘Centrão’ y al electorado independiente. El interés común del clan es protegerse frente a las investigaciones y Flávio es su rostro presentable. La amnistía también beneficiará a Eduardo, que necesita el perdón para regresar a Brasil”, afirma.
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Este politólogo apunta a una doble estrategia: preservar la identidad bolsonarista ante los votantes más fieles y ofrecer garantías de moderación a los sectores económicos y políticos necesarios para gobernar. Lynch también advierte sobre las especulaciones en torno al mandato presidencial y las elecciones de 2030.
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“Flávio declaró que el fin de la reelección se aplicaría a él mismo e impediría la candidatura de sus familiares en 2030, incluida la de su padre. Sin embargo, la duración del mandato quedaría en manos del Congreso y entre sus aliados circula la idea de un mandato de seis años con elecciones unificadas. La promesa de renunciar a un segundo mandato parece menos generosa cuando va acompañada de la posibilidad de prolongar el primero”, señala Lynch.
“En cuanto al relevo, el presidente del PL ya ha anunciado que Flávio va a dar vía libre a Jair para 2030. Lo que se apruebe ahora podrá cambiarse después, y lo que rija en 2030 dependerá de la mayoría que la familia tenga entonces en el Congreso y en el Supremo”, añade.
Queda por aclarar si las instituciones brasileñas podrían verse sometidas a una estrategia diseñada para garantizar la continuidad política de una familia, proteger a sus integrantes de las consecuencias judiciales y debilitar a los magistrados que investigaron la trama golpista.
Las consecuencias políticas serían muy profundas. Una medida amplia que exonerase a los responsables de una tentativa de golpe podría transmitir el mensaje de que los ataques contra el orden democrático tienen un coste reversible si sus protagonistas recuperan suficiente poder electoral. También podría agravar la polarización, incentivar nuevas presiones contra los jueces y convertir la independencia judicial en un nuevo campo de batalla.
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