Meta, el gigante tecnológico que administra Instagram, Facebook y WhatsApp, está en el centro de las miradas en la recta final de la campaña presidencial en Brasil por las denuncias de restricciones a la visibilidad de cuentas relacionadas al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, acusaciones que la compañía niega.
Estas quejas, recurrentes en las últimas semanas, cobraron fuerza tras la publicación en el diario ‘Folha de S.Paulo’ de mensajes internos de empleados de la compañía, en el que reconocen problemas de visibilidad de perfiles ligados al mandatario brasileño –que busca la reelección para un cuarto periodo no consecutivo– y recomendaciones favorables a su rival, el ultraderechista Flávio Bolsonaro.
Una de las conversaciones reveladas por el segundo periódico de mayor tirada de Brasil se enfocó en un episodio ocurrido el 9 de octubre pasado, cuando el perfil oficial de Lula no pudo, por 24 horas, pagar para aumentar el alcance de sus publicaciones, que es la única posibilidad que tienen los partidos políticos brasileños para hacer propaganda electoral en el ambiente digital, debido a que el Tribunal Superior Electoral (TSE) prohíbe la recomendación algorítmica de las cuentas de los candidatos.
En el intercambio, trabajadores de Meta reclamaban la demora de los ingenieros estadounidenses para resolver el inconveniente y se preguntaban si no habían entendido la urgencia del caso, pese a que lo habían declarado bajo el protocolo de problema grave que debe ser resuelto de forma expeditiva.
Otros mensajes publicados por Folha hacían referencia a la recomendación del canal de Flávio Bolsonaro en WhatsApp, cuando los usuarios buscaban en realidad acceder al canal Ejército de Lula, el más popular entre las plataformas de apoyo al aspirante del Partido de los Trabajadores. Bajo las reglas del TSE, solo se puede acceder a cuentas ligadas a un candidato si el usuario busca el nombre exacto del canal o perfil.
El texto también hizo referencia a otro hecho de inicios de octubre, cuando el perfil de Flávio Bolsonaro aparecía recomendado en Instagram, algo que no ocurría con otros candidatos. En los mensajes, los funcionarios de Meta admitían que eso no debía pasar.
Folha aclaró que en estos diálogos, ninguno de los empleados hizo referencia a una intención explícita de Meta de interferir en las elecciones, sino que discutían la gravedad de los aparentes fallos técnicos y las demoras en su resolución.
A una conclusión similar llegó el TSE, que en un fallo del jueves 15 de octubre prohibió a Meta restringir sin justificación el alcance de contenidos políticos relacionados con las campañas para la segunda vuelta presidencial, aunque aclaró que todavía no existen pruebas de que la compañía haya manipulado de forma deliberada sus sistemas para favorecer o perjudicar a alguna de las candidaturas.
La decisión del tribunal –que respondió a una denuncia presentada por la campaña de Lula, que alegaba que Meta estaría favoreciendo los contenidos de Bolsonaro– adoptó un enfoque más bien preventivo: obliga a la empresa a garantizar un tratamiento igualitario a ambas candidaturas –incluida la utilización de su herramienta de inteligencia artificial para producir contenidos– y dictó una multa diaria de 500.000 reales (unos 93.000 dólares) en caso de incumplimiento.
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La campaña de Lula intensifica su ofensiva judicial contra Meta
Además de su presentación ante el TSE, la campaña de Lula da Silva había interpuesto una denuncia por supuestas fallas de Meta que podrían favorecer a Flávio Bolsonaro ante las siete misiones de observación electoral acreditadas en Brasil, entre las que figuran la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Unión Europea (UE) y el Parlamento del Mercosur.
Según los promotores del presidente brasileño, una sucesión de problemas «no explicados por la empresa, genera una fuerte sospecha de que el accionar de Meta constituye un intento de interferencia en el proceso electoral brasileño, en beneficio de la candidatura de Flávio Bolsonaro».
A la luz de las revelaciones de ‘Folha’, el sábado 17 de octubre, la Secretaría Nacional de Derechos Digitales, dependiente del Ministerio de Justicia, recomendó en una nota técnica a la fiscalía general de Brasil que interponga de inmediato una demanda civil pública contra Meta, al considerar que los criterios de moderación del gigante tecnológico «operan sin transparencia para el usuario y sin observabilidad para la autoridad».
En el documento, el Ejecutivo de Lula sugiere que la fiscalía solicite a la justicia que se obligue a Meta a restablecer las cuentas, publicaciones y funciones limitadas, que se detenga la suspensión de cuentas y restricciones de alcance de contenido sin revisión humana previa y, más a largo plazo, que la compañía fundamente de forma individual sus decisiones de moderación de contenidos.
Además del reportaje de ‘Folha’, el escrito se hizo eco de la carta abierta impulsada por CTRL+Z, una organización civil por los derechos digitales en Brasil. Esa declaración –respaldada por más de un centenar de entidades, entre ellas Greenpeace, Oxfam y Global Witness– sostiene que Meta y otras grandes compañías tecnológicas están «interfiriendo» en el proceso electoral brasileño.
Entre los ejemplos que se mencionan están que el organismo de vigilancia digital Ekō documentó que Meta «está recibiendo dinero de cuentas extranjeras para impulsar anuncios políticos que contienen ‘deepfakes'»; que NetLab UFRJ analizó más de 2.300 anuncios de Meta y el 68,1% presentaban ataques a instituciones o sembraban sospechas sobre los comicios; y que Google, Meta, TikTok, OpenAI, Kwai, X y otras fallaron en presentar sus planes de cumplimiento acordes a las reglas dispuestas por las autoridades electorales y que la justicia electoral no ha implementado las medidas a su disposición para garantizar ese cumplimiento.
A lo largo de la campaña, el equipo de Lula ha denunciado diversos problemas como interrupciones del servicio de anuncios, caídas en el recuento de visualizaciones de publicaciones favorables al presidente, bloqueos temporales de la promoción de contenidos en Instagram y diferencias de tratamiento en las herramientas de inteligencia artificial y búsqueda de WhatsApp.
En medio de esta judicialización de la disputa política en el ambiente digital, los abogados de Flávio Bolsonaro presentaron el sábado su propio recurso ante el TSE, acusando a Meta de ser «negligente» y de permitir la promoción de anuncios negativos contra el candidato ultraderechista, una práctica vetada por la justicia electoral.
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Frente a las acusaciones, Meta negó el viernes en un comunicado que esté interfiriendo en las elecciones presidenciales de Brasil y atribuyó a «incidentes técnicos» las restricciones denunciadas por la campaña de Lula da Silva.
«Meta no toma partido en esta ni en ninguna otra elección», se defendió la compañía, que calificó de «falsas e infundadas» las acusaciones de que busca favorecer a algún candidato o grupo político.
Sin embargo, las acusaciones en Brasil siguen la línea de precedentes internacionales en torno a las plataformas tecnológicas y los procesos electorales.
En 2019, antes de las elecciones al Parlamento Europeo, el Tribunal Constitucional de Alemania dictó una sentencia histórica contra la censura por parte de las plataformas al obligar a Facebook a restablecer la página bloqueada de un partido político, estableciendo que los gigantes tecnológicos deben respetar los principios constitucionales de igualdad política.
Cinco años más tarde, Rumania se enfrentó a una manipulación algorítmica encubierta durante sus elecciones presidenciales de 2024, comicios que fueron anulados debido a la amplificación oculta en TikTok y al uso de redes de bots que favorecían al candidato prorruso Călin Georgescu. Posteriormente, el país promulgó una legislación de emergencia que exige la inclusión de códigos de seguimiento obligatorios en todos los mensajes políticos difundidos a través de redes sociales, lo que supone un cambio de paradigma hacia la transparencia estructural.
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En Estados Unidos, por su parte, la difusión de contenidos falsos generados con inteligencia artificial en las plataformas de Meta durante las elecciones presidenciales de 2024 motivó investigaciones, incluso de la propia compañía, por posibles operaciones de influencia de actores extranjeros, principalmente Rusia.
Expertos señalaron falta de evidencia para saber qué impacto pudo tener esto en el triunfo de Donald Trump. Sin embargo, la sintonía entre el republicano y los magnates tecnológicos, como el dueño de Meta, Mark Zuckerberg, motivan sospechas recurrentes.
Para Ulises Cortés, catedrático de IA en la Universidad Politécnica de Cataluña, «siempre hay una intención» en las acciones de las plataformas tecnológicas.
«Los algoritmos no hacen nada por sí mismos, han sido programados ex profeso para tomar una u otra decisión», subrayó a France 24, sugiriendo que, en el caso de Brasil, los sistemas de Meta han favorecido a Bolsonaro y perjudicado no solo a Lula sino a quienes le respaldan.
«Todas las cuentas relacionadas con él de movimientos LGTBI, movimientos sociales, todos los apoyos al candidato Lula han sido puestos en la cola de prioridades y muchas veces simplemente eliminados y los otros (en respaldo a Bolsonaro) han subido», sentenció.
Con Reuters, AP, EFE y medios locales











