Los intentos del primer ministro Benjamin Netanyahu y sus partidarios de sembrar dudas sobre la legitimidad de las elecciones parlamentarias del 27 de octubre pasado recibieron un golpe casi definitivo con la certificación de los resultados.
Este miércoles 4 de noviembre, la Comisión Electoral Central (CEC) aseguró no haber encontrado «ninguna prueba de irregularidades que comprometiera la integridad de los comicios o afectara a sus resultados», pese a que Netanyahu y su partido Likud han insistido en un supuesto «robo» liderado por los partidos árabes, con posible injerencia extranjera, que ha motivado una controvertida investigación del servicio de inteligencia interna Shin Bet.
«Cada denuncia y solicitud de revisión presentada por los partidos, las listas y los ciudadanos fue examinada de forma individual y exhaustiva. Donde hacían falta correcciones, se hicieron a partir de las actas oficiales y del material electoral», afirmó el director general en funciones de la Comisión, Dean Livne, en un comunicado.
Según el informe, la CEC revisó las actas de 9.069 colegios electorales, lo que representa cerca del 75% de los 12.018 colegios ordinarios, un fuerte incremento en comparación a los 5.100 (43,5%) revisados en los comicios de 2022. También se abordaron 2.452 pedidos de revisión presentados por partidos y 1.239 denuncias de ciudadanos.
«Hemos llevado a cabo comprobaciones exhaustivas en un número sin precedentes de colegios electorales», señaló el presidente de la CEC y juez de la Corte Suprema, Noam Sohlberg.
En el plenario de la Comisión, los dos representantes de la formación ultranacionalista Poder Judío –del ministro de Seguridad, el extremista Itamar Ben-Gvir– votaron en contra de la certificación de los resultados, mientras que los otros 14 apoderados de los partidos de la coalición gobernante –entre ellos, el Likud– se abstuvieron. Sin embargo, los 15 votos a favor de la oposición bastaron para certificar los resultados.
Según informó la agencia AP, durante una reunión privada celebrada más temprano el miércoles entre los miembros del comité electoral, Sohlberg leyó un informe de inteligencia del Shin Bet, agencia dirigida por David Zini, un funcionario leal a Netanyahu.
En el texto sobre la investigación en curso por posible injerencia extranjera, la agencia denunció, sin presentar pruebas, un «fenómeno generalizado» de supuesto ingreso de importantes sumas de dinero a Israel, procedentes de Estados extranjeros, entre ellos algunos países hostiles al Estado hebreo.
Aunque ha respaldado que se investiguen las denuncias y ha tachado la posibilidad de «grave», Sohlberg ha insistido en que, en caso de haber ocurrido, la interferencia no ha afectado a los resultados de los comicios.
«En esta etapa, se trata meramente de sospechas e, incluso si llegaran a confirmarse, el alcance de su posible impacto es limitado», afirmó el juez durante la ceremonia de presentación de los resultados electorales certificados al presidente israelí, Isaac Herzog.
En ese sentido, el magistrado aseguró que es «un peligro real» sembrar dudas sobre la integridad del proceso electoral y advirtió que la confianza pública es «fácil de destruir, pero muy difícil de reparar».
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Herzog pide «valentía» y «originalidad» en las negociaciones para formar gobierno
El escrutinio definitivo ratificó los números preliminares: el Likud fue el partido más votado y sumó 27 escaños, pero la coalición ultranacionalista y religiosa de Netanyahu sumó 53 parlamentarios, lejos de los 61 necesarios para la mayoría.
El bloque de la oposición sionista, encabezado por la facción Yashar de Gadi Eisenkot (21 asientos), reúne 48 bancas, mientras que las formaciones árabes, la Lista Conjunta y Ra’am, suman 19 lugares entre las dos.
Con estos resultados en mano, Herzog reconoció su validez y comenzó este miércoles dos días de consultas, empezando las reuniones con las facciones minoritarias y sin descartar la posibilidad de sumar sesiones adicionales. Así, recién el jueves recibiría, por separado, a Eisenkot y Netanyahu.
En esos encuentros, cada partido propone a su candidato a primer ministro y, una vez concluidos los diálogos, Herzog designa a quien considera que tiene las mayores opciones de formar un gobierno. Ese candidato dispondrá de 28 días para negociar una coalición de Gobierno, con posibilidad de solicitar una prórroga de otros 14. Si no lo logra, el presidente puede encomendar la tarea a otro líder partidario, que contará con un nuevo plazo de 28 días sin posibilidad de ampliación.
Si al cabo de las semanas de negociaciones, ninguno de los candidatos designados consigue formar un gobierno, se deberán celebrar nuevas elecciones a principios de 2027.
Es un escenario que Herzog ya ha instado a evitar, por lo que, en la ceremonia de validación de los resultados, les pidió a los líderes de los partidos que tengan «originalidad y creatividad, valentía y buena voluntad, para que el Estado de Israel salga victorioso».
Aunque señaló que no pretende que nadie «renuncie a sus valores fundamentales», sí insistió en que, ante unas elecciones «sin un claro vencedor», los representantes partidarios comprendan que «no todos los compromisos y promesas pueden cumplirse».
Asimismo, Herzog se mostró confiado en que la investigación en curso del Shin Bet se lleve a cabo de manera completa y profesional, pero alertó que los votantes palestinos con ciudadanía israelí «no deben ser objeto de difamaciones». «Condeno la tosquedad y las expresiones racistas que hemos escuchado recientemente», subrayó.
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Partidos árabes denuncian una «campaña de incitación»
La advertencia de Herzog llega luego de que, según informaron medios israelíes, el Shin Bet solicitara el martes a la fiscal general de Israel, Gali Baharav-Miara, que le diera autorización para interrogar a varios legisladores árabes electos –entre ellos, el líder del partido Ra’am, Mansour Abbas– en el marco de su investigación por supuesta injerencia.
Al rechazar de plano la petición, Baharav-Miara señaló que «no es admisible interrogar a ciudadanos o a cargos electos sin pruebas que justifiquen tal medida»
Previamente, Ben-Gvir había instado al Shin Bet a «detener a todos los líderes de los partidos políticos árabes» y a interrogarlos en «celdas situadas en sótanos hasta que estas sospechas queden totalmente aclaradas», mientras que la formación árabe Lista Conjunta denunció una «campaña de incitación» por parte de Netanyahu y sus aliados, destinada a deslegitimar el voto árabe.
Esa postura quedó evidenciada en el encuentro de Herzog con los representantes del partido ultranacionalista Sionismo Religioso, que abrió las consultas sobre la futura formación de gobierno.
En la reunión, transmitida en directo, la actual ministra de Asentamientos, Orit Strock, aseguró que las facciones árabes «no son participantes legítimos en este proceso», mientras que el parlamentario Tzvika Mor, denunció la supuesta «toma» del Estado «bajo la apariencia de democracia». El presidente israelí repudió ambas declaraciones, tildándolas de «peligrosas».
Sin embargo, vale aclarar que la renuencia a formar un gobierno con el apoyo de los partidos árabes también fue manifestada en campaña por varios de los líderes del bloque anti-Netanyahu y, de acuerdo a medios israelíes, una opción de preferencia de Herzog sería la formación de un gobierno de unidad entre los partidos opositores sionistas de derecha y el Likud, a expensas de los partidos ultranacionalistas, ultraortodoxos, Los Demócratas (de centro-izquierda) y las formaciones árabes.
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El problema de esa propuesta es la presencia de Netanyahu, que es el eje aglutinador del variopinto bloque opositor. Este miércoles, uno de los referentes de la oposición, Yair Lapid, descartó la posibilidad de un gobierno de unidad con Netanyahu, a la luz de los últimos movimientos del jefe del Shin Bet y del resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos, en las que prevalecieron varios candidatos críticos de Israel.
«Israel no puede permitirse el lujo de dejar (a Netanyahu) seguir siendo primer ministro. Pone en peligro la seguridad, pone en peligro la democracia y arruinará nuestra posición en el mundo», afirmó Lapid.
En términos similares, Yair Golan, líder de Los Demócratas, subrayó que el desenlace de las midterms son una muestra de «hasta qué punto Netanyahu se ha vuelto tóxico tanto entre los demócratas como entre los republicanos».
Con AP, EFE y medios locales












