Mujeres realizan el 75% del trabajo de cuidados en México; el diseño de las ciudades agrava esta desigualdad
El trabajo de cuidados constituye una labor no remunerada que, con frecuencia, recae en la población femenina. Aunque culturalmente estas condiciones suelen asumirse como normales, a menudo se pasa por alto que se trata de actividades que no solo permiten el funcionamiento de múltiples dinámicas económicas y cotidianas, sino que también representan una de las principales fuentes de desigualdad estructural, de acuerdo con una reciente investigación de la Fundación Friedrich Naumann.
A escala global, el trabajo de cuidados equivale a un mercado estimado en cerca de 11 billones de dólares anuales. En América Latina, estas tareas pueden representar hasta el 25% del Producto Interno Bruto (PIB), con variaciones importantes entre los países de la región.
En México, por ejemplo, este trabajo no remunerado equivale al 26.3% del PIB, una proporción superior a la de cualquier otro sector económico. Se estima que durante 2024 se realizaron alrededor de 164,000 millones de horas de labores de cuidado no remunerado en el país, de las cuales el 75% fue aportado por mujeres. En promedio, ellas dedican cerca de 40 horas a estas actividades, frente a apenas 18 horas por parte de los hombres.
“Para ellas, el tiempo destinado a este tipo de tareas equivale a una jornada laboral de tiempo completo por semana”, indica el informe. “El tiempo es un recurso escaso, y por ello, las mujeres tienen menos posibilidades de estudiar, trabajar o descansar, lo que detona, a su vez, desigualdades económicas”.
El informe de la organización advierte que este fenómeno debe atenderse con urgencia en América Latina y otras regiones del mundo, ya que no solo implica una carga desproporcionada, sino que también limita el acceso de las mujeres al empleo, la educación y el descanso, reforzando brechas económicas y sociales persistentes.
Equilibrar esta distribución tendría efectos positivos a nivel macroeconómico. Según el estudio, si se lograra igualar la participación laboral femenina en México, el PIB podría incrementarse hasta en un 3.7% hacia 2035.
No obstante, el documento identifica un problema central que, aunque comienza a visibilizarse, aún está lejos de resolverse. “El cuidado es un trabajo que no termina nunca y las ciudades no están diseñadas para cuidar, pero dependen del cuidado para funcionar. La mayor desigualdad no es solo económica: es la falta de tiempo”, señala. Los autores describen una creciente “pobreza de tiempo”, una condición en la que las personas cuidadoras carecen de espacios disponibles para sí mismas debido a la sobrecarga de responsabilidades.
“Llega un momento en que ya no tienes cabeza para la chamba. Te sientas y dices: ¿dónde está mi chamba? ¿Dónde están mis proyectos? Tu tiempo, tu energía, tu propia salud mental se va enfocada completamente a esto”, relató una cuidadora anónima entrevistada por la Fundación Friedrich Naumann, quien, además de atender a sus dos hijos, cuida de tiempo completo a su hermana diagnosticada con bipolaridad y a su madre con problemas de salud mental.
La sobrecarga, además de ser física, impacta otros ámbitos del desarrollo personal, como el económico y el emocional, como reflejan los testimonios incluidos en el estudio. “Es una montaña rusa. En un día puedes sentir todas las emociones”, afirma una médica de 25 años que, desde hace cinco años, cuida de manera permanente a su abuela con Alzheimer.
Ciudades que no cuidan a cuidadores
Esta situación se agrava en entornos urbanos mal diseñados, donde los largos traslados, la falta de infraestructura accesible y la dispersión de servicios convierten el cuidado en una tarea logística compleja y desgastante.
En la Ciudad de México, por ejemplo, una persona cuidadora que reside en la periferia puede destinar entre 25 y 60% más tiempo a traslados en comparación con alguien que no realiza estas actividades. En casos relacionados con servicios de salud, los desplazamientos pueden extenderse hasta seis horas en un solo día.



