Opinion

El primer año de Trump: poder, mercado y “orden” a cualquier precio

El primer año de Trump: poder, mercado y “orden” a cualquier precio
  • Publishedenero 26, 2026

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El autor es ingeniero, escritor y educador dominicano. Reside en Nueva York.

POR RAFAEL PASIAN

Si uno mira este primer año sin ruido partidista, se ve una línea rectora: la política entendida como transacción. El Estado ya no aparece como árbitro social, sino como martillo para imponer disciplina (adentro) y como palanca comercial-militar (afuera). Y cuando el gobierno se acostumbra a mandar como quien negocia un edificio —amenazando, cobrando peajes, imponiendo castigos— la democracia se va quedando, poco a poco, sin alma.

1) Economía: crecimiento fuerte arriba, incertidumbre y costo social abajo

Trump ha podido exhibir cifras de expansión: el PIB real en el tercer trimestre de 2025 creció a una tasa anualizada de 4.4% (dato oficial).   Pero una economía no se juzga solo por el número grande: se juzga por cómo se reparte la vida.

• En paralelo al impulso por inversión (incluida la fiebre tecnológica/IA), su primer año también estuvo marcado por choques autoprovocados: guerra arancelaria intermitente, fricciones con la Reserva Federal y episodios de parálisis política que golpean confianza e inversión.

• Su gran bandera legislativa —la One Big Beautiful Bill Act— combina alivios tributarios con un diseño que tiende a favorecer más a quienes ya están mejor posicionados, mientras empuja presiones fiscales a futuro.

En lenguaje llano: la economía puede correr, pero no necesariamente con justicia. Y si el costo de esa velocidad es endeudamiento, desigualdad y precios presionados por aranceles, el “milagro” se convierte en factura.

2) Aranceles y China: la aduana como Ministerio de Política Exterior

En este año, Trump trató los aranceles como si fueran una llave maestra: con ella castiga, premia y obliga a alinearse.

• Hubo escaladas fuertes y luego reducciones/pausas negociadas: un reporte del Congreso describe acuerdos de 2025 que bajaron aranceles bilaterales (tras una escalada previa) y extendieron esa reducción hacia 2026.

• La Casa Blanca presentó un “trato” con China en términos de suspensión de represalias y reacomodo comercial.

• Pero incluso en enero de 2026 reaparece el método: amenaza de tarifazo a Canadá por su relación comercial con China.

El problema no es solo económico; es institucional: cuando el arancel sustituye al diplomático, la política exterior se vuelve extorsión elegante.

3) Inmigración e ICE: el Estado fuerte con el débil

Donald Trump

Aquí el “orden” ha sido el gran argumento. Y el resultado, en la práctica, es expansión del aparato coercitivo.

• Un análisis de Migration Policy Institute destaca la magnitud del giro: la ley presupuestó $170 mil millones en cuatro años para enforcement migratorio, con grandes partidas para detención de ICE y barreras/supervisión fronteriza.

• La agenda ha chocado con tribunales, por ejemplo en el caso de TPS (Myanmar), donde un juez bloqueó el fin de protecciones.

• Y dentro de ICE estalla otra tensión: más arrestos y operaciones, pero propuestas de recorte a programas de cámaras corporales, es decir: más fuerza y menos transparencia.

En un país de leyes, la autoridad sin control no es orden: es miedo administrado.

4) Ucrania: presión para “cerrar el expediente”

En Ucrania la línea ha sido empujar hacia una salida negociada, con presión visible sobre Kyiv:

• Reuters reporta que Trump dijo que un acuerdo estaba “razonablemente cerca” y que hablaba con Putin y Zelenskiy en esa dirección.

• Reuters también describió conversaciones donde EE. UU. “sube la presión” para concesiones, mientras se discuten garantías de seguridad tipo Artículo 5 “en estilo”, sin ser NATO formal.

La paz es deseable. Pero la historia enseña que una paz firmada con prisa y asimetría suele ser pausa entre guerras, no cierre digno del conflicto.

5) Gaza–Israel: “plan integral” y una paz con candados

Trump empujó un cese al fuego y lo presentó como arquitectura de paz.

• El cese al fuego entró en vigor el 10 de octubre de 2025 y su administración lo ha enmarcado dentro de un plan más amplio.

• La Casa Blanca lo formaliza mediante un “plan” y una “Board of Peace” para supervisar su implementación.

• Pero el propio proceso abre un debate ético: reconstrucción, control, vetos, vigilancia y condiciones de “seguridad” que pueden terminar convirtiendo la vida civil en permiso permanente.

La paz verdadera no es administrar ruinas; es restituir humanidad. Y eso exige derechos, no solo logística.

6) Venezuela: fuerza, petróleo y mensaje hemisférico

La política hacia Venezuela se volvió espectáculo de poder y control de recursos.

• Un documento del Congreso resume el giro: sanciones, decomisos de tanqueros y el hecho decisivo del 3 de enero de 2026, cuando fuerzas de EE. UU. capturaron a Nicolás Maduro y lo trasladaron para enfrentar cargos en Nueva York.

• La Casa Blanca emitió acciones para “resguardar” ingresos petroleros bajo control estadounidense.

• AP describe decomisos/bloqueos a tanqueros y el trasfondo de una industria petrolera venezolana deteriorada.

Aquí aparece un patrón clásico: la democracia como pretexto, el petróleo como objetivo y el castigo como método. Aun cuando Maduro sea criticable, la región recuerda bien lo que significa que Washington decida “ordenar” países a su manera.

7) África: retirada de la solidaridad, política exterior como tijera

En África el sello ha sido recorte y repliegue:

• Reuters reportó congelamientos y recortes que prácticamente paralizaron USAID y afectaron programas humanitarios.

• Reuters también detalló el golpe específico a la prevención del VIH en África por recortes, con riesgos sanitarios severos.

• Y Reuters informó la recuperación/recall de jefes de misión, elevando vacantes diplomáticas en África.

Un imperio puede recortar cheques; lo difícil es recortar consecuencias. Y las consecuencias, casi siempre, las pagan los pueblos.

8) Groenlandia: el mapa vuelve a mandar

Groenlandia fue tratada como “terreno clave” por su valor ártico-militar.

• Reuters reportó que Trump habló de obtener “soberanía” sobre zonas donde hay bases estadounidenses.

• El nuevo enfoque de defensa plantea garantizar acceso militar y comercial a “terreno clave”, mencionando Groenlandia explícitamente.

• Un briefing del Parlamento británico resume el rechazo europeo y el contexto político del tema.

Cuando un gobierno habla de soberanía ajena como si fuera servidumbre, no es geopolítica moderna: es colonialismo con traje nuevo.

9) OTAN: aliados como deudores

El conflicto con la OTAN ha girado (otra vez) sobre gasto y “quién paga”.

• La OTAN reconoce el viejo irritante: la diferencia de gasto entre EE. UU. y Europa como tensión estructural.

• Y la estrategia de defensa 2026 baja el tono de compromiso con alianzas tradicionales y empuja a aliados a asumir más carga.

El reclamo puede tener base contable, pero la forma importa: a los aliados no se les gobierna como inquilinos.

10) República Dominicana y América Latina: trato duro, poca conversación

En el hemisferio, el estilo Trump ha sido de presión, migración y castigo, más que de cooperación.

• Foreign Policy relató el deterioro del clima regional y el episodio del aplazamiento de la Cumbre de las Américas que República Dominicana iba a hospedar, como síntoma de relaciones tensas y diálogo debilitado.

Para países como RD, el riesgo es doble: que se les mida solo por “control migratorio” o alineamiento, y que se ignore lo principal: desarrollo, institucionalidad, respeto y trato digno.

11) Popularidad actual: un país dividido, con desaprobación sostenida

A enero de 2026, los promedios de encuestas muestran más desaprobación que aprobación, con polarización rígida:

• Un agregador de promedios de aprobación actualizado diariamente lo refleja con claridad: Trump ronda la franja baja de los 40% de aprobación y una desaprobación mayoritaria.

• Un análisis de Chatham House también apunta a desgaste de popularidad al entrar en el segundo año.

En resumen: gobierna con base dura, no con consenso nacional.

Conclusión

Este primer año, visto desde una ética progresista, deja una enseñanza amarga: cuando el poder se acostumbra a mandar por amenaza, la sociedad se acostumbra a obedecer por miedo o por tribu. Y así la política deja de ser construcción colectiva para volverse pelea permanente.

La economía puede dar titulares; las guerras pueden “administrarse”; los migrantes pueden convertirse en cifra; los países pequeños pueden ser tratados como patio. Pero al final queda la pregunta decisiva, la que nunca falla: ¿mejora la vida del pueblo trabajador con dignidad, o solo se reorganiza el poder para los de arriba?

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