¿Para qué sirve la religión?
Religión: Sistema humano de creencias y prácticas culturales que relacionan a las personas con lo sagrado, lo divino o lo espiritual.
Se dice que, aunque no existe un consenso académico sobre qué constituye una religión, se trata en verdad de un concepto controvertido…
La mayoría de ellas están compuestas por tradiciones orales o escritas en las que se narran historias y hechos divinos acaecidos en “los principios” de la humanidad.
Aunque esos hechos sean hoy en día imposibles de comprobar, nos hemos aferrado a la fe y a la convicción de que “nuestra religión” es la verdadera…
Debo apartarme del grupo, ya que no pertenezco ni a musulmanes, chinos, católicos ni a otra creencia que no sea la de mi “absurda descreencia”. Y digo absurda porque realmente, de que algo hay, lo hay… ¡continuemos!
Ese “algo” que todos coinciden en llamar Dios, entre cientos de otros nombres —algunos incluso prohibidos de pronunciar—, más bien parece “un colectivo” de mentes interactuando para mantener “su existencia”.
En otras palabras, usted, yo, ellos y todos los que en la Tierra solemos tener “aliento”, es decir, vida, formamos “esa sustancia o esencia” que conforma el colectivo mencionado.
Claro que aquí se incluyen perros, gatos y ratones, hojas y árboles, gusanos, cucarachas y sabandijas, e incluso bacterias y demás organismos microscópicos que pululan en su cuerpo y en las superficies externas e internas del planeta… ¡¡Fiuuu!!
La religión —bueno, no todas— nos dice que “nosotros”, los seres humanos, somos “algo exclusivo”, dotados de inteligencia y de “un alma” que será venerada o castigada “según” sean sus actos…
No es suficiente con que tengamos que bregar entre nosotros y con el equipo que nos compone —traiciones, egos, lujuria y dones contradictorios— para, encima, “ser amenazados” por esos mismos dioses que nos trajeron aquí…
Toda una controversia cargada de cuentos antiguos y obsoletos en los que aún nos recostamos para intentar darle sentido a nuestra “misteriosa” existencia.
Sí, porque dentro de todo este carnaval de mitos seguimos preguntándonos de dónde carajo venimos, por qué y para qué.
La religión tiene todas las respuestas, paso por paso, y nos indica cómo “debemos” comportarnos para que, cuando “despeguemos”, seamos recibidos como reyes en “ese otro lugar”, exactamente igualito a este, claro, pero sin mosquitos, ni culebras, ni individuos angurriosos, ya que ¡todos seremos ricos!
Las iglesias, templos y demás lugares de reunión donde se practica la religión tienen la particularidad de brindarnos cierta paz y seguridad ante los desafíos y agravios de la vida.
La religión es un club o comunidad de apoyo donde nuestras dudas e ignorancias suelen ser apaciguadas frente a la jungla humana. Aquí logramos “expiarnos” de nuestros pecados y de los demonios que llevamos dentro; sí, porque en verdad somos unos demonios para vacas, pavos, gallinas y demás “animales comestibles”.
La religión nos aúpa, nos consiente y hasta promueve la idea de que somos “los hijos escogidos” de “ese Dios”, con el derecho de “tomar” todo lo que él ha creado en la Tierra… un Trump cualquiera…
De todas maneras, y como este es un asunto milenario, manténgase aferrado a su religión, ya que, por lo menos, los mantiene asustados y controlados para que el mundo no se convierta en un “sálvese quien pueda” y terminemos antes “del tiempo asignado”.
Para eso sirve la religión: para controlar los demonios que llevamos dentro y nuestras limitaciones para conocer “la verdad”… Pero, ¿cuál verdad? Bueno, eso pregúntele a su rabino, cura o imán.
La verdad de la verdad es que no hay verdad, sino toda una ecuación cuántica-dimensional que me resultaría absurdo contarle, ya que ni yo mismo la entiendo… ¡Salud!
Mínimo Relinero
jpm-am
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