Bosch y la utopía de un proyecto de nación (OPINION)
Cuando el PLD era el Partido de la Liberación Dominicana ideado por Juan Bosch, se hablaba de un “proyecto de nación” para la República Dominicana. Este proyecto debía comenzar en el partido, educando a sus miembros para servir al pueblo y creando en ellos una vocación de entrega, sin la ambición lucrativa que hoy impera en la actividad política dominicana.
Después de más de dos décadas de organización y luchas internas, Bosch se dio cuenta en 1992 de la imposibilidad de su utopía, cuando fue enfrentado internamente por los grupos de la pequeña burguesía que cohabitaban a lo interno de su organización.
A mediados de ese 1992, don Juan renunció como presidente del partido, y dijo que solo quería ser miembro ordinario del mismo; luego, tras la insistencia del Comité Político que sabía que, sin su nombradía política la importancia del partido se reducía de manera drástica, él accede y vuelve a ocupar su puesto de presidente dentro de la organización.

Pero, finalmente estalló la crisis contenida desde el fracaso de las elecciones de 1990, la cual, llevó a la expulsión y a la renuncia a 12 miembros del Comité Central, que para esa época solo tenía una matrícula de 35 miembros.
Bosch revocó su renuncia y capeó una de las crisis más profundas que habían afectado su partido, pero ya no era lo mismo; ante las interrogantes y lamentaciones de algunos miembros por lo sucedido, dejó caer una expresión que, más que una enseñanza, era un epitafio a sus sueños: “quizás, este no sea el partido que queremos, pero, es el partido posible”.
El proyecto de don Juan Bosch por una nación saneada, moderna y educada, había echado fuertes raíces dentro del tejido social dominicano; pero ni Bosch tenía fuerzas para seguir luchando, ni las fuerzas sociales que le acompañaban compartían su sueño, sobre una alianza de clases sociales para una revolución de liberación nacional.
El “partido posible” estaba bien organizado en las estructuras de las capas medias y bajas de la sociedad; por esta razón, ante la crisis electoral de mayo de 1994, supo imponer sus posiciones y alzarse con el poder en 1996.
Mientras imperó la visión de Juan Bosch, la condición de miembro del partido era algo categóricamente valiosa y distintiva; los integrantes del PLD se enorgullecían de ostentar esa condición; en el congreso ordinario del año 2001, que sarcásticamente llevó el nombre de don Juan, la condición de miembro de la que él se enorgulleció, perdió su mística y su valor con la llamada masificación del partido.
La masificación le trajo al “partido posible” múltiples triunfos electorales, y con ellos florecieron cientos de proyectos individuales; pero el “proyecto de nación de Bosch”, luego de tantas luchas y sacrificios, pereció como el Ícaro.
El Ícaro quemó sus alas al volar cerca del sol, y el 6 de octubre del 2019, los recuerdos que quedaban de la utopía patriótica de Bosch se quemaron al calor del poder.
jpm-am
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