Opinion

Capacidad de dañar o generar bienestar

Capacidad de dañar o generar bienestar
  • Publishedmarzo 7, 2026

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El autor es compositor y activista comunitario. Reside en San Cristóbal

La política, en su esencia más noble, es el arte de administrar el poder para producir bienestar colectivo. Sin embargo, cuando se divorcia de la planificación estratégica y del compromiso real con el desarrollo humano, puede convertirse en un instrumento que perpetúa frustraciones y profundiza brechas sociales. Esa es, en gran medida, la encrucijada que hoy enfrenta la clase política dominicana.

Durante décadas, distintos actores del liderazgo nacional han invertido tiempo y capital discursivo en atribuirse —o endosarse mutuamente— la responsabilidad por la deuda social histórica acumulada. No obstante, el debate público ha carecido de algo más sustantivo: la articulación sostenida de un verdadero proyecto de nación que permita a la ciudadanía percibir rumbo, coherencia y destino seguro.

La esperanza colectiva no se reconstruye únicamente con diagnósticos reiterados ni con narrativas de culpabilidad retrospectiva. Se edifica con políticas públicas consistentes, con educación financiera masiva y con una cultura de corresponsabilidad social que eleve la calidad de las decisiones individuales y colectivas.

Un dato revelador obliga a reflexionar con mayor profundidad: en la República Dominicana se estima que diariamente se destinan alrededor de 350 millones de pesos a las bancas de lotería y aproximadamente 477 millones de pesos al consumo de cervezas. Estas cifras, más allá de cualquier juicio moral simplista, desmontan parcialmente la narrativa de pobreza absoluta como explicación única de nuestras limitaciones estructurales.

Lo que emerge es un fenómeno más complejo: no estamos exclusivamente ante una nación sin recursos, sino ante un conglomerado social que evidencia déficits significativos en educación para el manejo del presupuesto personal, en cultura de ahorro y en priorización del gasto familiar.

Aquí se revela con crudeza la doble capacidad de la conducción pública: puede dañar o puede generar bienestar.

Daña cuando el liderazgo se conforma con administrar inercias sociales sin intervenir pedagógicamente en ellas. Daña cuando el Estado tolera —por omisión o conveniencia fiscal— patrones de consumo que erosionan la estabilidad económica de los hogares más vulnerables. Y daña cuando la política se reduce a la disputa coyuntural por la narrativa del pasado en lugar de diseñar el futuro.

Pero también puede generar bienestar.

Puede hacerlo mediante campañas educativas permanentes sobre finanzas personales desde la escuela básica hasta la formación técnica y universitaria. Puede hacerlo promoviendo incentivos reales al ahorro formal, fortaleciendo la bancarización responsable y regulando con inteligencia sectores de alto impacto social como las bancas de apuestas.

Sobre todo, puede hacerlo si asume con seriedad la construcción de un proyecto de nación que trascienda períodos gubernamentales y ciclos electorales.

La realidad dominicana muestra una sociedad llena de soñadores —lo cual es valioso— pero también de demasiados ciudadanos refugiados en el azar o en el consumo evasivo como mecanismos de esperanza rápida. Esa combinación, si no se aborda con políticas públicas inteligentes y sostenidas, conduce inevitablemente a una interpretación distorsionada de la verdadera estructura de clases del país.

No somos tan pobres como a veces nos describimos, pero tampoco somos tan prósperos como algunos indicadores macroeconómicos podrían sugerir. Somos, en buena medida, una sociedad que necesita mejor orientación, mejor educación económica y mejor liderazgo estratégico.

La clase política dominicana enfrenta, por tanto, una decisión histórica: continuar administrando percepciones y culpas heredadas, o asumir plenamente su responsabilidad de conducir al país hacia un modelo de desarrollo donde el bienestar no sea accidental, sino deliberadamente construido.

Porque, al final, gobernar siempre implica elegir entre dos caminos: tener capacidad de dañar o voluntad de generar bienestar.

jpm-am

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