“El poder detrás del tono”: Alí Larijani, una muerte que asestaría un duro golpe a la estructura gobernante de Irán
Mientras Israel asegura que mató al jefe del Consejo Superior de Seguridad de Irán, Alí Larijani, y Teherán se mantiene en silencio, se mantiene la incertidumbre sobre uno de los hombres más influyentes del sistema político iraní.
Pero de confirmarse, su muerte representaría un nuevo golpe para una dirigencia ya debilitada por los ataques israelí-estadounidenses que iniciaron la guerra.
El hombre de confianza del líder supremo
Alí Larijani, de 67 años, pertenecía a una de las familias políticas más influyentes de la República Islámica. Durante décadas fue considerado un operador clave dentro del establishment religioso y político que gobierna Irán desde la Revolución Islámica de 1979.
Su carrera abarcó puestos decisivos: ministro de Cultura en los años noventa —cuando reforzó la censura estatal—, presidente del Parlamento entre 2008 y 2020 y posteriormente jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.
Desde ese puesto se convirtió en uno de los asesores más cercanos del ahora fallecido líder supremo– Alí Jamenei, asesinado en ataques de Israel el pasado 28 de febrero– con acceso directo a las decisiones estratégicas del régimen.
Aunque nunca fue visto como sucesor de Jamenei —al no ser un clérigo chiita de alto rango— sí fue considerado durante años un ejecutor político confiable, capaz de traducir las directrices ideológicas del sistema en políticas concretas.
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Larijani, el poder tras la guerra y arquitecto de la supervivencia económica
Tras el asesinato de Jamenei en los ataques estadounidenses e israelíes que detonaron la guerra en curso, Larijani emergió como la figura visible del aparato estatal. Fuentes iraníes señalan que el líder supremo lo había integrado previamente en un grupo de funcionarios encargados de preparar un plan de continuidad del régimen en caso de un atentado contra la cúpula.
Durante las semanas posteriores al inicio del conflicto, Larijani se convirtió en la voz más combativa del Gobierno iraní. A través de redes sociales y entrevistas, lanzó repetidas advertencias contra Washington e Israel. En una de sus declaraciones más citadas respondió directamente al presidente de EE. UU., Donald Trump, afirmando que “ni siquiera quienes son más poderosos que tú podrían eliminar a Irán”.
“Era el poder detrás del trono del ayatola muerto y por obvias razones, la esperanza y hasta garantía del nuevo gobernante ayatolá hijo (Mojtaba Jamenei) en medio de tanta complejidad desinformativa en el mundo respecto a las capacidades reales de Irán, agravada por las altisonancias de Trump”, subraya a France 24 el experto político y analista militar, Luis Alberto Villamarín.
El protagonismo político de Larijani ha sido tan marcado que eclipsó al presidente formal del país, Masoud Pezeshkian. Incluso decisiones administrativas, como la eventual relajación de las restricciones a internet para favorecer el comercio electrónico, debían pasar por la aprobación de Larijani, lo que evidenciaba su control real del aparato estatal.
Además de su papel en seguridad, Larijani fue una figura central en la estrategia económica del régimen frente a las sanciones occidentales. En 2021 negoció un acuerdo estratégico de 25 años con China valorado en miles de millones de dólares, considerado por Teherán un salvavidas económico.
También supervisó el vínculo con aliados clave como Rusia y mantuvo canales diplomáticos con mediadores regionales como Qatar y Omán. Antes del estallido de la guerra, incluso participaba en negociaciones nucleares indirectas con Washington.
Paralelamente, su gestión estuvo marcada por la represión interna. Fue uno de los responsables de sofocar con fuerza letal las protestas contra el régimen, apoyándose en estructuras de seguridad como la milicia Basij.
Israel consolida su poderío militar en Irán
Durante años, el Gobierno de Benjamin Netanyahu ha instado a abolir el régimen iraní, al que considera su principal enemigo en la región, patrocinador del llamado Eje de la Resistencia, un tratado de seguridad “antisionista”, como describe Teherán, que ha contado con el grupo chiita libanés, Hezbolá, Hamás, en Gaza, y los rebeldes hutíes en Yemen.
La guerra en curso es para Netanyahu el cumplimiento de una de sus mayores metas, al tiempo que Israel consolida su poderío militar con el respaldo de Estados Unidos, ahora bajo el mando del mayor aliado que ha tenido el premier israelí en años: Donald Trump.
«Sigue siendo cierto que el servicio de inteligencia israelí es de otro nivel, y que si tiene información exacta de como actúa y cuales son las capacidades del adversario. Asombra que mientras libran una guerra sin cuartel en El Líbano, mantienen a Gamas a la raya en Gaza, ocupan Cisjordania, les alcancen los nacionalizados recursos para sostener una guerra difícil y costosa a cientos de kilómetros de distancia con tanta precisión”, destaca el analista militar, Luis Alberto Villamarín.
“Eso ya es un paradigma en la historia militar universal contemporánea, un referente de la nueva doctrina de seguridad y defensa, una forma de eficiencia cualificada de los planes de movilización y un método para extender la presencia geopolítica. Son realmente admirables las asombrosas operaciones israelíes. No les queda nada grande. Se proponen y lo hacen”, enfatiza el experto.
Un régimen que saca músculo bajo presión
Israel sostiene que en el mismo ataque murió el general Gholam Reza Soleimani, jefe de la milicia paramilitar Basij, una fuerza clave en el control interno iraní. Esta organización, integrada por cientos de miles de voluntarios, ha sido señalada repetidamente por su papel en la represión de manifestaciones y en la vigilancia social.
A pesar de la muerte de varios altos dirigentes, el aparato militar iraní ha mantenido su capacidad operativa. La Guardia Revolucionaria continúa lanzando misiles contra Israel y objetivos en el Golfo, mientras Teherán ha restringido el tránsito por el Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial.
El cierre de facto de esa vía marítima ha disparado los precios del crudo y ha provocado una fuerte sacudida en los mercados energéticos globales.
La estrategia israelí, según afirmó el primer ministro Benjamin Netanyahu, busca debilitar al liderazgo iraní para crear condiciones que permitan a la población levantarse contra el sistema.
Hasta ahora, sin embargo, ese escenario no se ha materializado. La guerra y los bombardeos han desplazado a amplios sectores de la población y han reducido la visibilidad de la protesta interna.
Si se confirma su muerte, Larijani pasaría a la lista de figuras clave “eliminadas”, como describe el Ejército israelí, en la ofensiva contra Irán.
Más allá del impacto inmediato en el campo de batalla, su desaparición podría tener consecuencias más profundas: la pérdida de uno de los operadores políticos más experimentados del sistema en el momento en que la República Islámica enfrenta su mayor crisis en décadas.


