Opinion

El Puerto Espacial en Oviedo, Pedernales

El Puerto Espacial en Oviedo, Pedernales
  • Publishedmarzo 19, 2026

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El autor es gestor cultural. Reside en Santo Domingo

POR: HANNA BUENO

Apenas días atrás, el 17 de marzo de 2026, el Palacio Nacional fue escenario de la presentación oficial del proyecto que promete convertir a Oviedo, en Pedernales, en el primer puerto espacial comercial del Caribe. La empresa estadounidense Launch On Demand (LOD Holdings), liderada por Burton Catledge, compromete una inversión privada superior a los 600 millones de dólares, con miras a un primer lanzamiento antes de mayo de 2028.

El Gobierno dominicano lo celebra como el ingreso del país a la economía espacial global: miles de empleos directos e indirectos (hasta 25 mil según el CEO), un hub energético de 200 MW que robustecerá la red nacional y transferencia tecnológica para que el Sur profundo deje de ser solo turismo incipiente.

No se puede negar el potencial transformador. En un país que exporta talento joven por falta de oportunidades de vanguardia, este proyecto podría revertir la fuga de cerebros y posicionar a la República Dominicana como hub aeroespacial en el hemisferio occidental, aprovechando nuestra privilegiada cercanía al ecuador para lanzamientos más eficientes. El progreso no se rechaza; se negocia con inteligencia.

Pero el dominicano, curtido por la historia, sabe distinguir entre promesa y trampa. Nuestra república está llena de «acuerdos históricos» que empezaron con titulares luminosos y terminaron en cláusulas leoninas, daños ambientales impunes y ganancias que se fugan. Desde minas que dejan agujeros y poco royalty, hasta peajes eternos o contratos energéticos que castigan al consumidor, el patrón es conocido: deslumbrar con cifras macro y esconder el costo real en letras pequeñas.

Este puerto espacial no puede ser otra «negociación con gancho». Aunque la inversión sea 100 % privada —como insisten el Gobierno y LOD—, los riesgos son soberanos.

Bajo el derecho internacional (Tratado del Espacio Exterior de 1967 y Convención de Responsabilidad de 1972), el Estado dominicano responde por cualquier daño causado por objetos lanzados desde su territorio, sea falla de cohete, contaminación orbital o incidente con terceros países.

¿Quién asume la responsabilidad civil y penal si algo sale mal? 

¿El contribuyente dominicano o la empresa extranjera?

Más grave aún: en la guerra moderna, la frontera entre lanzador comercial y misil balístico es casi inexistente. Un puerto capaz de poner satélites en órbita es, por definición, una plataforma de capacidad dual. Al instalarse LOD —empresa sujeta al marco regulatorio y de seguridad nacional de Estados Unidos—, Pedernales se convierte automáticamente en un enclave estratégico en el Caribe.

En tiempos de tensiones crecientes (Ucrania, Irán, Taiwán, Mar del Sur de China), esto nos coloca en el mapa de objetivos de alto valor para potencias rivales.

¿Estamos preparados para blindar ese activo 24/7?

¿Cuenta el Ministerio de Defensa con radares, ciberdefensa y monitoreo orbital propio, o delegaremos nuestra seguridad a sistemas extranjeros, convirtiendo al dominicano en espectador en su propia tierra?

Para que este sueño no se convierta en pesadilla geopolítica, urge transparencia total:

Publicar el contrato completo (sin excusas de «confidencialidad comercial») para que la sociedad conozca las cláusulas sobre soberanía, responsabilidad, transferencia tecnológica real y salida del proyecto.

Establecer un fondo de contingencia financiado por LOD para cubrir cualquier daño ambiental, orbital o internacional.

Crear una agencia dominicana de asuntos espaciales con poder real de supervisión, no solo protocolar.

Garantizar que al menos 30-40 % de los empleos calificados y la cadena de suministro sean ocupados por talento dominicano, con capacitación vinculante.

El espacio es hermoso y necesario, pero no a costa de hipotecar soberanía ni repetir los errores del pasado. Pedernales merece desarrollo, pero con bandera dominicana flameando alto. En la era de los misiles hipersónicos y la competencia orbital, un puerto espacial no es solo una pista de despegue: es una pieza de ajedrez mayor. No podemos permitirnos ser el peón sacrificado.

jpm-am

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