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Entrar en contacto con la naturaleza tiene un efecto positivo sobre tu mente, confirma el análisis de 100 estudios

Entrar en contacto con la naturaleza tiene un efecto positivo sobre tu mente, confirma el análisis de 100 estudios
  • Publishedfebrero 26, 2026

Una de las mayores revisiones científicas sobre cómo la naturaleza impacta a las personas confirma que estar en entornos naturales genera cambios medibles y benéficos en el cerebro y el cuerpo. Cuando alguien sale a un espacio lleno de vegetación, su nivel de estrés baja, la calma aumenta y la atención se vuelve más estable.

El trabajo, publicado en Neuroscience and Biobehavioral Reviews, analizó 108 estudios realizados entre 2014 y 2025. Todos responden a una misma pregunta: ¿qué ocurre en el cerebro cuando entra en contacto con la naturaleza? Para responderla, los investigadores revisaron datos de electroencefalogramas, resonancias magnéticas y espectroscopía funcional de infrarrojo cercano. Al comparar los resultados, identificaron cuatro patrones que aparecen una y otra vez, como una secuencia.


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Algunos estudios documentan que casi una de cada 12 personas que meditan o practican mindfulness podría experimentar algún efecto indeseado.


Una cascada de beneficios que se repiten en cada estudio

En el primer paso, el cerebro cambia la forma en que procesa la información. En lugar de enfrentarse a pantallas, texto o estímulos urbanos densos, se encuentra con fractales y formas naturales que resultan más fáciles de interpretar. Solo con ver o escuchar patrones naturales, el sistema nervioso empieza a moverse hacia un estado de menor alerta.

Después llega la calma. Las resonancias magnéticas muestran una relación clara entre caminar en la naturaleza y la disminución de la actividad en el nodo subgenual prefrontal, una región vinculada a pensamientos repetitivos y negativos. Al mismo tiempo, aumentan las ondas alfa, típicas de los estados de relajación.

Con el cuerpo más tranquilo, la atención también descansa. Los entornos naturales permiten que la atención dirigida, la que usamos para leer, estudiar o trabajar, se recupere. Las mediciones muestran un incremento de ondas theta y alfa, mientras que las asociadas al esfuerzo mental disminuyen. El patrón se parece al que surge durante la meditación.

Finalmente, el cerebro deja de centrarse tanto en sí mismo. Como señalan los autores, “la rumia mental se calma”. Las redes vinculadas al pensamiento repetitivo reducen su actividad y favorecen una sensación más estable y menos autocentrada.

«Sabemos intuitivamente que la naturaleza se siente bien, pero la neurociencia nos da un lenguaje que da credibilidad para dar forma a las decisiones sobre cómo se considera la naturaleza en la política de salud y los espacios que construimos», dijo la coautora principal Mar Estarellas, investigadora postdoctoral en la División de Psiquiatría Social y Transcultural, Departamento de Psiquiatría de la Universidad McGill, en un comunicado.

El metaanálisis también muestra que bastan tres minutos en un entorno natural para detectar cambios medibles. Aun así, las experiencias frecuentes e inmersivas generan efectos más intensos y duraderos.