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Esta es la rana dardo, el anfibio sudamericano cuyo veneno habría sido usado para matar a Navalny

Esta es la rana dardo, el anfibio sudamericano cuyo veneno habría sido usado para matar a Navalny
  • Publishedfebrero 15, 2026

Alexei Navalny, líder opositor al gobierno del presidente de Rusia, Vladimir Putin, habría sido envenenado con epibatidina, «una toxina letal» extraída de unos anfibios sudamericanos conocidos como dendrobátidos o ranas venenosas de dardo. Yvette Cooper, ministra de Asuntos Exteriores del Reino Unido, dio a conocer esta conclusión durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, como parte de un pronunciamiento emitido en conjunto por su gobierno y el de Francia, Alemania, Suecia y Países Bajos.

«Rusia afirmó que Navalny murió por causas naturales. Sin embargo, dada la toxicidad de la epibatidina y los síntomas reportados, es muy probable que el envenenamiento fuera la causa de su muerte. Navalny falleció mientras estaba en prisión, lo que significa que Rusia tenía los medios, el motivo y la oportunidad de administrarle este veneno”, indicó el pronunciamiento internacional.


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Esta es la historia de cómo una banda se volvió símbolo del choque entre el Kremlin y la primera generación rusa con una conciencia política anclada en lo digital.


El Kremlin rechazó la acusación y la tachó como parte de una campaña de desprestigio. Marco Rubio, secretario de Estado, dijo que Estados Unidos no tiene motivo para cuestionar el reporte.

La acusación se basa en los resultados de un análisis toxicológico de muestras de material recogidas del cuerpo del activista político. “Al usar esta forma de veneno, el Estado ruso demostró las despreciables herramientas que tiene a su disposición y el miedo abrumador que tiene a la oposición política”, indicó la ministra Cooper. Ella y los ministros de relaciones exteriores de los países firmantes se reunieron este fin de semana con la viuda de Navalny, Yulia Navalnaya.

¿Cómo fue la muerte de Navalny?

Alexei Anatolyevich Navalny, fundador de la Fundación Anticorrupción, murió el 16 de febrero de 2024 en una colonia penal de máxima seguridad en Siberia Occidental, donde cumplía una larga condena tras varios juicios ampliamente considerados por organizaciones de derechos humanos como políticamente motivados. Tenía 47 años de edad. Según la versión oficial emitida por el servicio penitenciario ruso, Navalny se sintió mal después de un paseo, perdió el conocimiento y no pudo ser reanimado por el personal médico de la prisión.

El Kremlin sostuvo que Navalny murió por causas naturales, mientras que su familia, aliados políticos y gobiernos extranjeros señalaron al gobierno de Putin como único responsable de la muerte del activista político, así como por las condiciones del encarcelamiento y el historial de persecución. Dado que Navalny sobrevivió un intento de asesinato por envenenamiento en 2020 (con el agente nervioso Novichok), había motivos para sospechar que había sido envenenado de nuevo, presunto método preferido del gobierno ruso para eliminar rivales políticos y personajes incómodos.

“Desde el primer día tuve la certeza de que mi marido había sido envenenado, pero ahora hay pruebas”, escribió Yulia Navalnaya en su cuenta de X. “Putin mató a Alexei con un arma química”. La también activista política en exilio agradeció a los estados europeos “por descubrir la verdad”, a dos años de la muerte de su esposo. “Vladimir Putin es un asesino. Debe rendir cuentas por todos sus crímenes”, sentenció.

¿Qué es la epibatidina?

La epibatidina es un alcaloide natural extremadamente potente que fue aislado en la década de los noventa a partir de la piel de un anfibio venenoso sudamericano conocido como la rana dardo. Epipedobates anthonyi, una rana endémica de Ecuador, es una de las especies más conocidas que produce la mencionada toxina. Esta pertenece al grupo de compuestos que actúan sobre el sistema nervioso y puede ser hasta 200 veces más potente que la morfina, aunque por un mecanismo distinto.

Su acción se debe a su elevada afinidad por los receptores nicotínicos de acetilcolina en el cerebro y la médula espinal, lo que modula la transmisión de señales nerviosas relacionadas con el dolor. Esta misma potencia farmacológica la vuelve también muy tóxica, ya que una dosis ligeramente superior a la terapéutica puede provocar efectos graves como convulsiones, parálisis respiratoria e incluso la muerte, lo que ha impedido su uso directo como medicamento.

“Sorprendentemente, la epibatidina funciona activando receptores nicotínicos y no receptores de opioides, lo cual era la primera suposición obvia pero incorrecta”, indicó John W. Daly, el farmacólogo del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos que lideró el equipo que descubrió y aisló la estructura de la epibatidina. «Este compuesto es ahora una pieza clave en la búsqueda de futuros medicamentos para el alivio del dolor que tengan menos efectos secundarios y no produzcan tolerancia».