Guerra en Ucrania: «La UNESCO ha aprendido a trabajar en zonas de conflicto»

Estados Unidos se ha retirado de la UNESCO, como ya lo hizo con más de 60 organizaciones internacionales. Aunque no sorprende a la agencia de la ONU, sus efectos se sienten en el terreno, junto a otros desafíos como la revolución de la inteligencia artificial y la protección del patrimonio en zonas de guerra, especialmente en Ucrania. Para explicar cómo se enfrenta esta situación actual, nos acompaña Ernesto Ottone, director general adjunto para Cultura de la UNESCO.
Estados Unidos se ha retirado de la UNESCO, como lo ha hecho con más de 60 organismos internacionales. Para la Agencia de la ONU dedicada a la ciencia, la cultura, la educación y el medioambiente, esto no es una sorpresa, aunque sus efectos son tangibles en el terreno. A ello se suman dos grandes retos: la revolución de la inteligencia artificial en el mundo cultural y la protección del patrimonio en zonas de conflicto, especialmente en Ucrania, donde la UNESCO trabaja para preservar el patrimonio histórico y vivo.
Se cumplen cuatro años de la invasión rusa a Ucrania, un conflicto de alta intensidad en el que la UNESCO mantiene una labor activa para proteger el patrimonio. El centro de Odesa, por ejemplo, ha sido incluido en la lista del Patrimonio Mundial en Peligro de la UNESCO, uno de tantos sitios que requieren vigilancia constante, sin olvidar las vidas que se han perdido o roto por la guerra.
Con los ataques de drones, incluso en la capital Kyiv, la misión se vuelve cada vez más peligrosa. «Hemos aprendido a trabajar en zonas de guerra, algo que antes no hacíamos. Tradicionalmente, la UNESCO llegaba tras un conflicto para reconstruir. Hoy estamos presentes en el terreno, no solo en Ucrania, sino en otros países», explica Ernesto Ottone, director general adjunto para Cultura de la UNESCO.
Actualmente, la agencia cuenta con una oficina en Ucrania con más de 45 funcionarios y ha conseguido una inversión de más de 56 millones de dólares para la reconstrucción y apoyo a museos. «Pero hay daños menos visibles y muy graves. Por ejemplo, atacar la electricidad afecta directamente al patrimonio: la temperatura, la conservación de obras, todo se ve impactado», agrega Ottone.
Desde el inicio del conflicto, más de 623 sitios culturales han sido dañados, según los reportes de los equipos de campo. Además, se desarrollan iniciativas para proteger la cultura viva: España ha financiado un centro cultural en Lviv, que permite a artistas y creadores continuar sus proyectos durante la guerra, y se trabaja con los países fronterizos para mantener vivas las tradiciones de mujeres y niños refugiados.
Estados Unidos se retira de la UNESCO
El retiro estadounidense debilita un presupuesto ya crítico. Durante la administración anterior, EE. UU. era uno de los principales financiadores. «Hoy pasamos de un 22% del financiamiento estadounidense a solo 8% en el presupuesto integrado, lo que nos ha obligado a buscar otras fuentes», señala Ottone.
A pesar de la preparación, la UNESCO enfrenta el reto de «hacer lo mismo con menos recursos», subraya Ottone. La agencia, que cumple 75 años, debe diversificar sus ingresos, combinando contribuciones obligatorias, fondos voluntarios y financiamiento del sector privado.
La inteligencia artificial, una herramienta y un desafío
La llegada de la inteligencia artificial (IA) también transforma la labor cultural de la UNESCO. Desde 2021, la agencia adoptó un marco ético para mitigar riesgos y aprovechar beneficios. Ottone destaca: «Lo que antes nos llevaba tres años en inventariar un museo, ahora lo hacemos en dos meses. La tecnología democratiza el acceso a bienes y servicios culturales».
Sin embargo, la IA plantea debates sobre derechos de autor, diversidad cultural y lingüística, y la preservación del patrimonio humano. En museos e instituciones, se emplea para restaurar, digitalizar archivos y controlar condiciones ambientales de obras de arte, herramientas clave para conservar pinturas y esculturas.
«El avance de la IA es tan rápido que lo que discutimos hoy puede quedar obsoleto en dos años. Por eso trabajamos para que la tecnología esté al servicio de las personas y no al revés, garantizando que los autores reciban un pago justo y que se proteja la diversidad cultural», concluye Ottone.
Un programa coordinado por Julia Courtois y Melissa Barra. Realizado por Souheil Khedir y Vanessa Loiseau.


